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sábado, 16 de noviembre de 2013

Incipit finis terrae

Previsiones de extracción de petróleo crudo hasta 2035
Agencia Internacional de la Energía
Finales de 2015, esa puede ser la fecha para que todos empecemos a notar de forma significativa lo que significa el fin de una civilización, la nuestra, basada en el productivismo extremo que tiene en los combustibles fósiles su único punto de apoyo. Los datos no dejan lugar a dudas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE), acaba de hacer público su World Energy Outlook (WEO) para 2013 y sus previsiones, siempre tan comedidas, son un grito sordo en el cielo. Digo sordo porque cualquier profano puede ver los gráficos y seguir como si no pasara nada, pero quien sabe de esto, al ver los gráficos, especialmente el que acompaña este post, solo puede asombrarse de que los líderes mundiales no tomen medidas radicales para evitar el colapso civilizatorio que se anticipa 30 años. Antes creían que el colapso llegaría en 2050, pero los datos hechos públicos muestran que los llamados "catastrofistas" no somos sino realistas. 2020 se está convirtiendo en un muro infranqueable para este modelo social y económico.

Es de saber que el petróleo no tiene su principal virtud en la proporción de energía a gran escala y relativamente barata, esa energía podría ser sustituida por otros tipos de energía renovable, a mucho coste, sí, pero podría ser sustituida. Lo que no hay forma de sustituir son las propiedades químicas del petróleo. Se trata del más flexible de los productos químicos que se conocen. Su composición a base de carbono lo convierte en el mejor elemento para obtener aquellos productos que tienen su base en la química del carbono. Lo más importante de todo es la producción de abonos químicos, imprescindibles para sostener a una población que supera los 7.000 millones y que podría llegar a sobrepasar los 9.000. Sin el petróleo sería imposible producir los abonos que permitan generar los alimentos necesarios para tanta población. Si, como anticipa la AIE, en 2020 no habrá 40 millones de barriles diarios, 28 menos que este mismo año, el petróleo crudo, el más indicado para la producción de abonos químicos, tendrá un precio desorbitado que elevará el coste de producción de alimentos hasta hacerlos prohibitivos y empujando, gracias a la injusticia del sistema actual, a más de 2.000 millones de seres humanos al hambre crónica.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Un erial, un páramo yermo y desolado.

Un erial, un páramo yermo y desolado, esto es lo que vamos a dejar en este planeta a la vuelta de unos decenios. No tenemos arreglo, nada puede cambiar este rumbo que hemos marcado mientras no cambiemos de modelo social y económico. Lo he dicho de mil maneras distintas en los más de 600 post de este blog y ya me duele hasta el aliento de tanto repetirlo. Ayer mismo, mientras comíamos con un buen amigo, hombre de fe y esperanza, me decía que no debía caer en la desesperanza (me conoce bien y me lee y sabe por dónde voy) y sé que es así, que no podemos permitirnos el lujo de la desesperanza, que en Jesús seguimos el camino de un ajusticiado, vencido y destrozado por el imperio, pero que ese es el único camino que lleva a la salvación de la humanidad. Sin embargo, mi pesimismo respecto a la humanidad se agranda a cada dato que conocemos, a cada nuevo peldaño que bajamos en el foso de la autodestrucción colectiva en la que nos sume el modelo egoísta y suicida que es el capitalismo global imperante. Como parte de nuestra alma como humanos, el capitalismo nos ha sumergido en la más voraz y atroz destrucción del medio natural que nos permite vivir en este Universo, el único del que tenemos conocimiento y donde existimos como los únicos seres ¿inteligentes? que lo habitan.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), tradicionalmente conservadora en sus análisis sobre la escasez de petróleo y las consecuencias del cambio climático, ha publicado su informe de 2012, cuya lectura no deja mucho lugar a la esperanza si se sabe leer entre líneas. Aunque quiere ser un informe abierto a las opciones de cambio, deja bien a las claras que ya es imposible evitar el escenario escalofriante de un aumento de 3,6ºC para finales de siglo. Hay que tener presente que esta agencia fue la última en sumarse a la afirmación del Peak Oil, hecho que se produjo en agosto de 2008, momento en el cual la extracción de petróleo crudo empezó a decaer de forma progresiva y sin fin hasta que no sea suficiente para mantener este modelo de desarrollo social. La AIE, de manera muy prudente, ha ido confirmando uno por uno todas las previsiones de aquellos que eran tildados como catastrofistas. Es decir, los catastrofistas tenían razón. En el año 2000 se extraían 77 millones de barriles de petróleo diarios y se consumían 78 millones, pero en 2013 el petróleo crudo extraído es de 68 millones de barriles diarios frente a un consumo de 90 millones. De dónde salen esos 32 millones que faltan. Salen de las arenas bituminosas, del esquisto y del petróleo pesado de aguas profundas. Este petróleo no tiene ni la mitad de poder calorífico del crudo y tiene un coste de extracción y procesado entre 20 y 50 veces superior al crudo. Además, y esto es lo más grave, su extracción supone una contaminación añadida, sea porque se liberan grandes cantidades de metano o porque se contaminan las aguas subterráneas. Todo esto lleva a la AIE a establecer como inevitable el ascenso de temperatura global letal de los 3,6ºC, recelando que será muy superior, siendo como son tan conservadores en sus vaticinios.

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