jueves, 23 de febrero de 2017

La corrupción, una cabeza de caballo y la postverdad

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

jueves, 16 de febrero de 2017

El escándalo de la corrupción

Según leemos en la prensa hoy, el actual ministro de justicia, nada más y nada menos que el encargado por el presidente del gobierno para administrar la justicia de España, ha dicho que la prevaricación no es corrupción. Con estas palabras ha pretendido legitimar la decisión del gobierno de indultar a seis funcionarios del ayuntamiento de Rota que han sido condenados por la justicia por prevaricación. Según el ministro de justicia, prevaricar no es corrupción. Es evidente que este señor no puede ocupar ese cargo ni un minuto más, pues lo siguiente será que dar contratos a familiares sin concurso no es corrupción, o que aceptar un "incentivo" por tomar decisiones administrativas tampoco será corrupción. La prevaricación, señor ministro, es el "delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario". Cuando se realiza "a sabiendas", siendo consciente, eso ya es corrupción. Se ha corrompido una realidad que debería ser prístina, inmaculada. Esa es la corrupción. La corrupción no es solo sacar beneficio económico o de otra índole, es, en primer lugar, destruir un bien y convertirlo en un mal. Solo se puede corromper lo que es bueno, de ahí que la prevaricación sea, en sí misma, una corrupción en su más alto grado. Quizás, si el señor ministro leyera La corrupción no se perdona. El pecado estructural en la Iglesia y en el mundo, PPC, Madrid 2017, se daría cuenta de la supina ignorancia que suponen sus palabras. O, y es lo que creo que en realidad hay detrás de esto, el acto corrupto de un gobierno que indulta a corruptos. Pues el gobierno es consciente, y por tanto indulta "a sabiendas", de que la prevaricación es corrupción.

El gran problema de la corrupción, y es lo que he intentado poner de manifiesto en el libro, es que la corrupción no es un problema personal, no es una cuestión de manzanas podridas, ni tan siquiera de que el cesto de las manzanas esté podrido. No, el problema de la corrupción es que es un mal estructural y sistémico. Es el sistema entero el que está corrompido, de ahí que las personas que están en él sean corruptas, a veces sin quererlo. En sentido general, y según la definición de Transparencia internacional, la corrupción es el uso de un bien común o social en beneficio privado o individual y en detrimento de la sociedad. Por ejemplo, es un caso claro de corrupción cuando desde las administraciones públicas se gestiona lo común para lucro privado de los partidos o de las personas que están en la administración. Este es el caso típico de corrupción pública. También hay corrupción en el sector privado cuando se escatiman los impuestos, que es lo más conocido, pero especialmente cuando desde el sector privado se corrompe a las administradores públicos para que permitan la gestión de lo común a cambio de prebendas. Sin embargo, la corrupción en estado puro no es la que hemos indicado. La raíz de la corrupción está en el uso privativo de los bienes comunes, por eso hablo de un mal estructural.

jueves, 9 de febrero de 2017

Matar a Pablo Iglesias

Justo tras las elecciones del 26 de junio de 2016 (¡Madre de Dios, parece el siglo pasado!), escribí una entrada en mi blog haciendo balance de los resultados. Quien quiera puede leerlo entero, pero aquí dejo el resumen: "Por decirlo gráficamente, todas las apuestas de Podemos se han ido a la mierda con estos resultados. Ahora vendrán las vendettas, las divisiones y la ruptura del proyecto común. Las élites están frotándose las manos. Ha sido un resultado milagroso, como caído del cielo para ellas". Creo que no me equivoqué ni un milímetro. Tras esos resultados se ha destapado la caja de los truenos y la organización anda dividida en luchas intestinas por el control del poder. Los pablistas han conseguido el poder central y posicionarse en algunos territorios, mientras los errejonistas se han hecho fuertes en los medios de comunicación que les dan pábulo con el fin nada oculto de debilitar al líder del grupo. La realidad ha falsado todas y cada una de las apuestas de Podemos: ni son una nueva forma de hacer política, estamos ante la forma tradicional de luchas por el poder, ni traen una representación popular real, pues sus discusiones nada tienen que ver con la realidad del país. Podemos, como dije tras las elecciones de diciembre de 2015, está muerto como proyecto ilusionante y emancipador. Lo único que cabe es una reformulación del proyecto y para eso está Vistalegre II este próximo fin de semana.

Reformular el proyecto exige abandonar la posición de hiperliderazgo y hacer una propuesta de construcción de abajo a arriba de la organización. La máquina de guerra electoral debe ser abandonada si no se quiere caer en un caudillismo que acabe sometiendo la organización entera a los deseos de uno o de un pequeño grupo, una camarilla que posee la razón histórica y que la lleva a cabo mediante decisiones incuestionables e incuestionadas. Para esto, hay que poner en práctica lo que los movimientos latinoamericanos, desde el zapatismo, llevan implementando desde hace más de veinte años: "mandar obedeciendo". Esto es fundamental para transformar la realidad de España. No podemos pretender cambiar la estructura jerárquica y dictatorial de los partidos políticos emulando sus formas de actuar. Mandar obedeciendo es una forma de decir que el poder es un servicio, que todos estamos de paso y que es la comunidad, la sociedad entera quien, en debate serio y profundo, decide qué hacer; no un grupo de iluminados que han visto la luz de la verdad. Mandar obedeciendo es la única manera de gobierno verdaderamente democrático, donde el que está al frente acata lo que han decidido todos, incluido él mismo, como un instrumento de la voluntad popular, no como un peluche o un actor. La disyuntiva que plantea Iglesias es falsa: "yo solo puedo liderar con mis ideas". No, tú eres líder porque te eligen y solo por eso debes llevar a cabo el mandato del pueblo. El pueblo manda, los líderes obedecen.

Pablo Iglesias debe aplicarse a sí mismo lo que dijo en su día de Felipe González sobre el pulso al aparato del PSOE por la eliminación del marxismo como referencia. Si amenazas con irte si no se aplica tu política, ahí tienes la puerta. Pablo Iglesias se ha convertido en líder iluminado que quiere guiar al pueblo hasta la salvación, pero no hay salvación mediante el uso del poder que no sea un servicio, y solo es un servicio si las ideas, las personas y las decisiones se toman entre todos, por consenso, en debate franco y abierto. Tras esto, los líderes aplican las decisiones. Creo que ha llegado el momento de que Podemos, como Abraham, sacrifique al hijo predilecto, el hijo de la promesa, a Pablo Iglesias. Y aunque en el último momento el cuchillo sea detenido por el ángel del Señor, el hijo ya habrá muerto en el corazón y será uno más, un hermano entre hermanos, un igual entre iguales.

martes, 7 de febrero de 2017

La corrupción no se perdona

Son demasiados los casos de corrupción que se destapan a diario en los últimos años en España y no parece que la corrupción pueda atribuirse a simples prácticas individuales, por mucho que la calidad humana de las personas influya en los episodios de corrupción. Cuando una persona corrompe o se corrompe pueden influir muchos elementos en su decisión, entre los que no son menos importantes un cierto asentimiento social al hecho en sí, la educación recibida o la falta de controles legales o administrativos. En todos estos casos estamos hablando de una estructura que permite, avala, consiente o, hasta instiga, la corrupción. Es evidente que si una persona es íntegra, nada de eso le llevará a cometer la corrupción, pero cuando se ponen todos los medios para que la corrupción sea producida hablamos de un mal sistémico y estructural. Esto es lo que me propuse investigar en el libro que acabo de publicar en PPC: La corrupción no se perdona. El pecadoestructural en la Iglesia y en el mundo, Madrid 2017, 122 pp.

Para llevar a término el propósito del libro, divido la obra en cuatro capítulos. En el primero pretendo ver qué piensa la Biblia sobre la corrupción, diferenciando entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Me centro en los textos legislativos del Éxodo y Levítico, que pretenden legislar para evitar la injusticia, para pasar a profetas como Amós, Miqueas o Ezequiel que realizan una crítica a los gobernantes que conculcan el derecho y la justicia como elemento de corrupción, y terminar con la visión serena de Qohelet, quien asume la injusticia del mundo en que vive y constata la corrupción existente.

jueves, 2 de febrero de 2017

Teología y compromiso sociopolítico

El próximo martes 7 de febrero estaré en la Cátedra de Teología contemporánea de la Fundación Universitario Chaminade para impartir una conferencia dentro del curso "Teología desde las víctimas". Antes me han precedido gente como Pikaza o Mª Ángeles López Romero y después de mí habrá otros como Sebastián Mora o José Laguna. Se trata de un curso muy intenso sobre una realidad que no solo es de actualidad, las víctimas, sino que debe ser pensada por la Teología, que es de lo que se trata aquí. A mí se me encargó un título muy interesante "Teología y compromiso sociopolítico". Para quien quiera asistir, el acto tendrá lugar a las 19:30 y aquí dejo una pequeña introducción a mi conferencia.

Hablar de compromiso sociopolítico de la Teología puede llegar a sonar hoy como a algo del pasado. Después del Concilio Vaticano II, antes también, pero especialmente después, se abrió en la Teología la senda del compromiso con el mundo, como esa categoría que había sido denostada en la teología oficial que arrastrábamos desde mucho antes de Trento, desde Constantino si apuramos. Se trata de un conjunto de teologías que recuperan la experiencia humana, la carne, en medio del mundo social y natural. Hablo de las teologías de la historia que tienen en Cullmann y Pannenberg, dos protestantes, a sus más insignes representantes. Hablo de las teologías de la esperanza con Moltman a la cabeza. Y también hablo de las dos principales teologías comprometidas con la realidad social y política del momento: las teologías políticas y las teologías de la liberación.

Para estas teologías, la categoría de compromiso está bien asentada, pues la Teología no puede desentenderse de la realidad humana compleja que incluye tanto lo natural como lo social, especialmente esto último. En la sociedad se hacen los hombres tales, de ahí que el compromiso sociopolítico sea una parte fundamental del propio quehacer teológico. No es que el teólogo deba comprometerse como tal, eso también, sino que la misma Teología debe adoptar un compromiso sociopolítico. En el caso de las teologías políticas, por la emancipación de los hombres de las cadenas que lo atenazan en la sociedad moderna. En el caso de las teologías de la liberación se trata de liberar al hombre en tanto que pobre oprimido por una organización social específica. Por eso, la Teología debe comprometerse con las realidades concretas a fin de destapar, función crítica, las ataduras sociales del hombre y crear, función práxica, las condiciones para la liberación/emancipación de los hombres. Pues existe un «hilo invisible» que une todas las injusticias y exclusiones de este mundo, como dijo Francisco a los Movimientos Populares en Bolivia[1]. Este hilo es la injusticia estructural que compone un sistema que debe ser modificado de forma estructural, de ahí que la Teología tenga la labor de pensarlo y realizar las propuestas para su transformación.

miércoles, 25 de enero de 2017

Posglobalización: la continuación del expolio mediante la guerra.

La toma efectiva del poder por parte de Trump deberá ser considerada en un futuro cercano como el momento preciso de la transformación de la globalización en posglobalización. Este término viene a designar los tiempos en los que el proceso neoliberal desregulador ha llegado a un punto de inflexión, pues su máximo exponente, Estados Unidos, abandona el liderazgo del proyecto y China, por fin China, se aúpa al primer puesto mundial de los liberalizadores de la economía. Resulta paradójico que el mayor país que se llama a sí mismo oficialmente "comunista" sea el que lidere la aplicación de las políticas neoliberales capitalista globalizadoras, pero son las contradicciones de la historia que un Hegel explicaría a la perfección. 

Veamos. China empezó a abrir su economía al capitalismo a finales de los setenta, pero sobre todo en la década de los noventa, cuando empezó a inundar de productos baratos el mundo entero. Las grandes empresas de manufacturas aprovecharon la liberalización global de la economía para deslocalizar su producción y llevarla al gigante asiático, con más de 600 millones de trabajadores listos para ser explotados. Y así lo hicieron, a conciencia. El gobierno chino aplicó la máxima de Mao: "las personas no importan, solo las máquinas y las armas" y consiguió, mediante la explotación de su población, que la tecnología y el conocimiento de Occidente entrara gratis al país, a cambio de unos salarios de miseria y unas condiciones legales absolutamente permisivas. Con esta fórmula, China ha ido ganando posiciones dentro de la economía global. Una clase capitalista compuesta por 100 millones de chinos se dedica al enriquecimiento a costa de sus conciudadanos, del medio natural y de las condiciones de la globalización neoliberal. Poco a poco han conseguido posicionarse en todos los ámbitos financieros y en el sistema productivo global, de modo que ya son primera potencia en telecomunicaciones y en producción industrial pesada. China tiene el segundo mayor PIB mundial, a muy poco de superar a USA y concentra la mayor mano de obra dócil y preparada del mundo: más de 200 millones de personas concentradas en el sureste chino para asaltar la era de la robótica y el conocimiento. China es, hoy, el país puntero del capitalismo neoliberal.

miércoles, 18 de enero de 2017

Hineni, hineni. I'm ready my Lord.

Estas navidades me ha acompañado el último disco de Leonard Cohen, un disco "testamento", pues nos dejaba poco después de su publicación. Es un disco intimista, duro, cargado de pesimismo, pero abierto a la esperanza. Es un disco netamente judío donde la voz del profeta asoma en letras oscuras que quieren romper el alba de la historia, pero contemplan la degradación del mundo en que vivimos. El tema más conocido You want it darker (Lo quieres más oscuro), es una oración del hombre ante su Dios con el que constata que la vida, la existencia, el mundo en el que desarrollamos nuestra experiencia es un mundo enloquecido. Si Dios nos ama, ¿por qué no interviene ya y nos salva de la miseria en que vivimos? La respuesta del orante es Lo quieres más oscuro. Apagamos la llama. Es la situación de quien se sabe inmerso en el pecado del mundo, porque yo también formo parte de los que aprietan el gatillo contra la fila de prisioneros, o de los que miran a otro lado ante el drama de los refugiados, o de los que no levantan la voz contra la barbarie controlada. Y Dios, Dios también es culpable. Nos dice la letra: si Tú repartes las cartas, déjame fuera del juego, si Tú eres el que cura, yo estoy roto y cojo, si Tuya es la gloria, mía es la deshonra. Dios también toma parte en este mundo de dolor y sufrimiento, nos dice. A Él también hay que culparlo de todo lo que sucede, pues Él es quien da las cartas. Sin embargo, el grito del orante resplandece ante tanto dolor. Cuando Dios llama, el siervo solo puede decir: Hineni, hineni (en hebreo, aquí estoy, aquí estoy, es la respuesta del profeta Samuel ante la llamada de Dios). I'm ready my Lord, Estoy preparado mi Señor

                 There's a lover in the story                                 Hay un amante en la historia, 
                 But the story's still the same                              pero la historia sigue siendo la misma.
                 There's a lullaby for suffering                            Hay una nana para el sufrimiento, 
                 And a paradox to blame                                    y una paradoja a la que culpar.
                 But it's written in the Scriptures                         Pero está escrito en las Escrituras,
                 And it's not some idle claim                              y no es ninguna afirmación inútil.
                 You want it darker                                            Quieres más oscuridad, 
                 We kill the flame                                               apagamos la llama.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Asignatura pendiente: amar nuestra patria.

Utilizando el símil escolar, el año que acaba nos deja las mismas asignaturas pendientes que el curso anterior, el 2015. Hemos perdido un año entero viendo si eran galgos o podencos. Y ha pasado lo que tenía que pasar, que seguimos en las mismas. Ninguno de los problemas acuciantes que tenemos se han resuelto e incluso se han agravado, ayudados por el calmante inyectado en vena por parte del Banco Central Europeo. Es necesario recordar que, allá por el año 2012, la economía española estaba en la UCI (utilizo a propósito la metáfora que tanto gusta a los economistas neoclásicos), a punto de perder las constantes vitales. Era cuestión de meses que España entrara en suspensión de pagos, con una deuda pública de más de 800 mil millones de euros y prima de riesgo por encima de 500 puntos básicos. Esa era una situación extenuante para las arcas públicas, pues por mucho que creciera la economía no habría manera de pagar tales tipos de interés. Pues bien, cuando Merkel se cercioró de que el nuevo gobierno seguiría la senda que le marcaba, cuando pidió el rescate de la banca española, solo entonces dio orden al Banco Central Europeo para que metiera en vena las transfusiones necesarias para sostener la economía española. Dicho de otro modo: solo cuando el gobierno aseguró que pagaría su deuda con el Deutsche bank, Alemania permitió que se aliviara la situación española, pues el rescate a la banca española es un rescate indirecto a la banca alemana, como sucedió con Grecia.

 Y aquí tenemos los males de la economía española, pero ahora multiplicados por diez. El nuevo gobierno de 2012 accedió con la promesa de recortar la deuda, porque argumentaban que no puede haber crecimiento económico con una enorme deuda, y tenía razón. Es necesario sanear las cuentas públicas. Pues bien, en cuanto vieron venir el río de millones transfundidos a las entidades financieras españolas y la compra de activos de deuda soberana del BCE, se acabó toda la preocupación por la deduda. En cinco años la deuda pública española se ha disparado. Todo el crecimiento económico que vemos en este tiempo es a deuda, por tanto falso. Ahora tenemos más deuda, el mismo déficit y menos capacidad propia para la generación de riqueza, pues se ha destruido capacidad industrial y los empleos que se crean son de escasa productividad. En resumen, estamos mucho peor de lo que estábamos antes de 2012. Pero lo peor es que creemos estar mejor. Los medios de comunicación no paran de lanzar las campanas al vuelo con la superación de la crisis. El discurso del Rey en Nochebuena fue la constatación de que el discurso oficial da por superada la crisis. Por tanto, volveremos a las andadas: fomento del gasto innecesario, inversión improductiva y, cómo no, otra vez la especulación. Los bancos ya están en ello. Apenas hemos pagado la ronda anterior entre todos y ya se está preparando la ronda siguiente. Por supuesto, que todos pagaremos a escote.

martes, 20 de diciembre de 2016

El Escándalo de la Navidad

Corría el año 1993, si no recuerdo mal, y yo acompañaba un numeroso grupo de confirmación en mi pueblo. Como parte del programa había planteado pensar la Navidad, pensar su sentido cristiano verdadero y el sentido que habitualmente se le da a la festividad. Llegamos a la conclusión que había un desfase entre lo que significaba y lo que la gente vivía y decidimos hacer una campaña de sensibilización junto con la campaña habitual de recogida de alimentos para una entidad eclesial de ayuda a los indigentes. Preparamos unos grandes carteles que colgamos, a modo de bienvenida, a la entrada y salida del pueblo. En ellos se podía leer, no el que hubiera sido de esperar ¡Feliz Navidad!, sino ¿Feliz Navidad? Esto lo hicimos dos semanas antes de Nochebuena y provocó cierto impacto entre los jóvenes del pueblo, especialmente. Junto a esto preparamos información y un acto de recogida puerta a puerta de alimentos y donativos para los indigentes. La campaña surtió efecto y conseguimos que muchos se plantearan el significado de la Navidad y el sentido que tenía en sus vidas.

Aquello ha seguido dando vueltas en mí durante muchos años, porque siempre me hago la misma pregunta por el significado navideño. Más de veinte años después, con toda la experiencia acumulada y los libros leídos y escritos, mi respuesta es que sí, que hay que felicitar la Navidad, a pesar de ser una fiesta que se solapa con la del sol victorioso del Imperio romano; a pesar de ser una fiesta corrompida por la sociedad de consumo; a pesar de ser una fiesta muy mal explicada en muchas ocasiones. Sí, a pesar de todo, ¡Feliz Navidad!, porque celebramos que nuestro Dios no es un Dios de poderosos y soberbios, enriquecidos y opresores, sino que es un Dios pequeño y humilde, tan humilde que lo vemos como un recién nacido, el ser más necesitado de todo en este mundo: necesitado de calor, necesitado de cuidado, necesitado de protección y necesitado de amor. El Dios al que celebramos en Navidad no es el Dios de las elucubraciones teológicas, sino el misterio de amor que está en el origen de todo. Celebramos un Dios que se hace humano, humilde, pobre, oprimido, sufriente. Es un Dios absolutamente contraintuitivo, ese es nuestro Dios. Aunque lo festejemos como un acto de poder, Dios se hace hombre, es un acto de debilidad extrema: Dios se deja hacer, se deja ser, se deja. Este dejarse de Dios es lo que celebramos en la Navidad.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

La era de las consecuencias

No hace muchos años, el que fuera vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, hizo una campaña de marketing muy buena para sus empresas de energías renovables con el documental Una verdad incómoda. Aunque hay que reconocerle que consiguió un efecto muy positivo sobre lo que muchos, en especial los escépticos americanos, pensaban sobre el cambio climático, un problema del que en 2004 aún muchos se reían. Yo utilicé bastante el documental en las explicaciones que daba a mis alumnos por don motivos principalmente: porque estaba muy bien hecho y porque aportaba soluciones viables, es decir, porque no se quedaba en la pura crítica. Las soluciones se aportan en el documental desde el momento en el que se habla de la era de las consecuencias. Con mucho tino y buen criterio, se dice en él que el hombre ha provocado una transformación climática que nos ha puesto en una situación en la que debemos asumir las consecuencias de nuestros actos. Nada se dice a cerca del sistema social y económico que las ha producido, sino que se culpa a los hombres, de forma genérica, como si un californiano y un nigeriano tuvieran la misma responsabilidad, siendo el primero causante del 25 por ciento de la contaminación y el segundo del 0,25 por ciento. Este es el límite del discurso del capitalismo verde, como pongo de manifiesto en La sociedad del escándalo, por eso hay que superarlo.

Sin embargo, sí es cierto que estamos ante una era de consecuencias. Ha pasado el tiempo en el que podíamos, mediante modificaciones de las conductas y usos de las sociedades desarrolladas, evitar cambios drásticos en el clima. Hoy, lo único que podemos hacer es intentar evitar la catástrofe, el cambio climático antropogénico ya está aquí. Y sus consecuencias son evidentes día a día. Las noticias se suceden sin solución de continuidad. Un día es el Ártico, que pierde hielo cada año a un ritmo apabullante, el otro es la Antártida, que se derrite más rápido que lo estimado, y otro día es la pérdida de otra especie o su puesta en peligro, como las jirafas. Lo que es cierto es que estamos en es era de consecuencias en la que ya no podemos intervenir en las causas, porque se nos ha ido de las manos. Estas consecuencias serán cada vez más y cada vez mayores, hasta llegar al punto en el que solo podremos tomar medidas paliativas ante ellas: deberemos abandonar zonas costeras por la subida del nivel del mar, emigrar hacia el norte o el sur dependiendo del hemisferio en busca de un clima más templado, evitar la insolación por los efectos sobre la piel, gastar ingentes cantidades de dinero en potabilizar aguas muy contaminadas, comer insectos, como recomienda la FAO, para evitar las hambrunas... Como en la parábola de la rana cociéndose, no saltaremos porque la temperatura sube poco a poco y nos acostumbramos a ella, pero el final es cocerse.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...