lunes, 16 de octubre de 2017

La (i)racionalidad de los mercados financieros

El mes de octubre es un mes muy señalado en la larga historia de las crisis financieras del capitalismo, especialmente en el capitalismo globalizado. La crisis de 1929 fue en octubre, después tuvimos un largo periodo de calma financiera tras la aplicación de las políticas keynesianas de control de las finanzas y la economía en general, pero los ochenta son otra vez los años de la fiesta, así les llaman los brokers. Para ellos es fiesta el hecho de que no haya controles y que todo el mundo pueda especular a sus anchas, generando grandes riquezas que, por definición, las acumulan unos pocos. Ahora bien, esas riquezas tienen su contrapunto: la pobreza generalizada, sea de los habitantes del planeta o sea de la misma naturaleza. Generar riqueza por especulación es una forma de robar a las generaciones futuras y al propio planeta.

El mes de octubre, decía, es un mes señalado en el calendario del capitalismo neoliberal. Tenemos varias crisis recurrentes que se han producido en octubre: 1987, un año después del big-bang day (el 27 de octubre de 1986 es llamado así porque fue el día en el que empezaron a actuar de forma conjunta los distintos mercados financieros internacionales, bajo el aupicio de la ínclita Margaret Thatcher), ya tuvimos una crisis financiera, también en 1996 y en 2000, así como la última hasta la fecha de 2008. No voy a entrar en las causas de que sea este mes, porque eso nos llevaría a una larga digresión sobre funcionamiento de las financias y cuestiones psicológicas que no nos interesan de momento. Lo que interesa es que de forma recurrente, el neoliberalismo capitalista genera crisis financieras que afectan a la economía. No se trata de un elemento que podamos obviar, pues es algo consustancial a la propia organización. Sin embargo, siempre, absolutamente siempre, cuando llega una recuperación tras la crisis, los expertos, y el público en general, piensan que fue la última. Así lo han estudiado dos grandes economistas, Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff en una obra imprescindible para entender lo que viene: Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera. Ahí estudian cómo cada vez que llega una recuperación, todos los gurús económicos afirman que ya no volveremos a la crisis y que se inicia, invariablemente, un proceso que suelen denominar como círculo virtuoso. Así lo podemos leer en el comunicado de prensa del FMI del pasado 14 de octubre.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Por el so(en)terramiento del AVE

Son muchos los años que los vecinos de Murcia, sobre todo los afectados, vienen pidiendo el soterramiento de las vías del tren a la entrada a la estación de El Carmen de Murcia. El trazado de la vía divide una parte importante de la ciudad y supone un peligroso punto de paso que ya se ha cobrado muchas vidas. Esta reivindicación es legítima y debería haber sido atendida hace mucho tiempo, pero los distintos gobiernos, de ambos signos pero con preponderancia del Partido Popular tanto en el gobierno regional como en el nacional, han hecho oídos sordos. Es más, podemos decir que se han reído de la gente al hacer promesas, generalmente electorales, que nunca se han cumplido. Se aplica aquí el dicho popular de "prometer hasta meter", la papeleta en la urna. Con esto ha sucedido en Murcia como con el agua para todos, que más bien ha sido un agua para tontos. Sin embargo, estas mentiras constantes de los políticos deben pesar en el haber de una ciudadanía, la murciana, pasiva y complaciente, que ha llenado las urnas a la par que se vaciaban las arcas públicas. Habría que pensar que cuando doy mi voto adquiero la parte alícuota de responsabilidad y culpabilidad por las políticas aplicadas por el partido elegido. Dicho en román: tenemos lo que nos merecemos.

Pues bien, la cuestión del AVE a Murcia es una más de las muchas en las que el gobierno de la nación nos ha ninguneado de forma sistemática y se ha reído de nosotros sin ningún miramiento. Somos la séptima ciudad de España y aún no tenemos AVE, mientras ciudades que apenas cuentan con el 10% de la nuestra lo tienen desde el principio. Se nos prometió tarde y se nos ha proyectado mal. El AVE a Murcia llegará desde Alicante, no desde Albacete, un rodeo de 100 Km que alarga innecesariamente el trayecto. Murcia no ha merecido un AVE directo aprovechando la línea tradicional que nos une con Madrid. Para ir a Madrid desde Murcia en AVE habrá que pasar por Alicante, Albacete, Cuenca y la provincia de Toledo. Un recorrido de 2 horas y media, dicen, que da un rodeo significativo. Un AVE Murcia-Madrid directo apenas tardaría una hora y media. Y con esto nos hemos conformado. Nuestros políticos, todos, lo han apoyado, por ser la única opción de que llegue pronto, aseguran, a Murcia. Este AVE es un despropósito que además entrará a Murcia en superficie, perpetuando la división de la ciudad y convirtiendo la zona sur en un gueto extra muros.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Aviso de incendio

Angelus Novus, Paul Klee.
Hay un libro precioso que lleva por título Walter Benjamin: Aviso de incendio, de Michael Lowy, donde hace una lectura de las Tesis sobre el concepto de historia del autor alemán. Como es conocido, Benjamin tiene una visión pesimista sobre la historia. La imagen que nos deja es la del Angelus novus de Klee, un ángel que mira despavorido el resultado del montón de cadáveres que es la historia humana. Si miramos la historia desde una dimensión puramente cuantitativa, no vemos otra cosa que dolor y sufrimiento por doquier. La cantidad de seres humanos que en cualquier momento de la historia ha sufrido opresión o injusticia siempre es mayor que el número de seres humanos que han vivido con dignidad. Hay que sumar, además, que muchos de los que vivían o vivimos con dignidad lo hacemos en detrimento de aquellos cuyas condiciones de vida son deplorables. Es decir, el mal de muchos es causado por el bienestar de pocos. Esto es un hecho irrebatible a la largo de la historia. El pecado, hablando en términos teológicos, abunda más que la gracia de manera cuantitativa. Otra cosa es lo cualitativo, que hablaremos después. La injusticia, la opresión y el mal son más abundantes que el bien.

Hagamos un breve recorrido por la historia humana desde que se constituyen las grandes civilizaciones hace unos 5.000 años. Estas civilizaciones se han constituido como grandes pirámides donde una amplia base de población explotada ha sostenido a una pequeña cúpula social que se podía permitir vivir con exceso. Así fue en Egipto y en Mesopotamia, pero también en China y la India, o en el imperio Inca. Todas estas civilizaciones se han organizado como estructuras de opresión e injusticia, en las que entre el 70 y el 80 por ciento de la población vivían en la pobreza o directamente en la miseria. Tenemos datos históricos suficientes, sobre todo de épocas como el imperio de Roma, el último gran imperio antiguo. Entre los esclavos, los colonos y los colonizados, más de tres cuartas partes de la población vivían en lo que los evangelios llaman penes o ptoxoi, es decir, pobres o miserables. La esperanza de vida de estas personas estaba en 35 años, la media, aunque muchos podían superar los 50 y llegar incluso a 70, pero las tasas de mortalidad infantil, debido a la carencia de alimentos, eran muy altas, y las enfermedades derivadas de carencias alimenticias estaban a la orden del día: ceguera y sordera por falta de vitaminas, tullidos por escasez en fases tempranas de desarrollo y poseídos por episodios de estrés postraumático debido a las acciones militares del Imperio.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La verdad libera, pero no salva.

La verdad del mundo se muestra en medio del sufrimiento. Como entendiera San Pablo, en la cruz de Jesús se hace patente aquello en lo que los hombres han convertido el mundo: un lugar de sufrimiento injusto para quienes se proponen vivir la plenitud que Dios quiso para todos los seres humanos. Pues, mientras unos pocos viven en medio de los lujos más obscenos, millones, miles de millones han de sufrir las carencias más lacerantes; estas carencias son el reverso dialéctico imprescindible para aquellos lujos. El lujo eterno de unos pocos, del que habla Lipovetsky, es la imagen especular invertida de la miseria infinita de la mayoría. Por este motivo, y solo por este motivo, la cruz es el camino de salvación. La verdad, nos dice Pablo, libera, pero no salva, nos salva la cruz, porque en ella comprendemos la verdad, que es la mentira de este mundo construido por los seres humanos, porque ahí se expresa el amor más profundo que el ser humano puede experimentar: el amor comprometido hasta la entrega suprema de la propia existencia.

Ahora bien, ¿qué significa la salvación y qué significa la entrega suprema? Para los seguidores de Jesús de Nazaret, la salvación es lo que Jesús vivió. Nos salva su experiencia extendida a través del tiempo por sus seguidores en cualquier lugar del mundo. En Jesús, los primeros seguidores y las comunidades creadas después por ellos, experimentaron la respuesta de Dios ante lo que tipificaron como el pecado de este mundo. Se trata de lo que hoy llamamos la injusticia. El pecado del mundo es que pudiendo vivir todos en fraternidad universal, lo hacemos en lucha constante por el dominio. La sociedad se estructura mediante una ruptura entre una élite que se apropia de la mayoría de los bienes sociales y el resto que ha de pelear por obtener una parte mínima. Esto lleva a una violencia estructural que genera la injusticia y, como advirtiera Pablo, encubre la mentira, pues la mentira es el recurso estructural del orden injusto para legitimarse ante los seres humanos.

La salvación que experimentamos en Jesús, siguiendo la tradición hebrea, es que el orden del mundo puede guiarse por una fraternidad global. Ser salvo es estar en comunión con un orden social y natural fraterno; es no caer en la lucha por el dominio o, como se diría hoy, por la hegemonía; es vivir la plenitud de la existencia en armonía con la naturaleza y en paz social, pero una paz que, como dice la Escritura, brota de la justicia, no de la imposición, como es la pax romana que padeció Jesús y en cuyo altar fue crucificado. De esta manera, la cruz es la patentización suprema de la injusticia estructural que somete por la violencia a la mayoría de las personas y a la naturaleza para que unos pocos que rigen los destinos humanos pueden vivir según sus apetencias, no según la fraternidad universal.

miércoles, 28 de junio de 2017

Tohu wa vohu. Caos y desolación.

La acción política está determinada por las circunstancias. Se suele decir que la política es el arte de lo posible, no de lo que nos gustaría o de lo que desearíamos; deseos y gustos no pueden determinar la política, pues esta implica demasiados actores y demasiadas situaciones que escapan a la subjetividad de los implicados en la acción política. Esto ha sido así desde siempre, la política no está determinada, por desgracia, por la ética, por ninguna ética. Maquiavelo invitaba al príncipe que quisiera fundar un Estado a no tener ningún miramiento con deseos personales, a no ser que fueran los suyos propios, pues, dice, la naturaleza perversa de los hombres es el verdadero impedimento para la existencia de un Estado como tal. Desde esta concepción, la sociedad política solo puede existir si se aplacan los deseos individuales y si se someten las voluntades. De esta manera, lo que no sería sino un gran caos, se convierte en un Estado ordenado donde los hombres pueden vivir en paz. Así lo dicen Maquiavelo y Hobbes, pero también todos sus sucesores, aun hoy día. 

Sin embargo, en los últimos treinta años estamos asistiendo a la inversión del proyecto, al menos del proyecto nominal. En lugar de pretender crear un orden a partir del caos primordial humano, lo que constatamos es el empeño de crear un caos constante en el orden mundial con el fin último de que uno, y solo uno de los Estados perviva. No se trata ya de luchar contra la perversión natural del ser humano, sino de evitar que el anhelo de paz y armonía de otros Estados no perturbe la paz propia. No se trata de ir a la guerra para conseguir más recursos o riquezas, o bien para evitar un conflicto mayor, se trata de generar un estado de guerra constante que impida que otros consigan el estatus político que el imperio actual ha conseguido. Es decir, evitar que otros países tengan Estados que protejan a sus ciudadanos y sus recursos. Estados Unidos, como representante del Imperio Global Posmoderno, ha llegado a la conclusión de que solo puede subsistir si crea un espacio de caos social que impida que otros accedan a los recursos y se postulen como Estados con los mismos derechos que el Imperio. Para ello, lo primero era destruir el orden mundial instituido en Westfalia en 1648.

La Paz de Westfalia supuso el comienzo del orden mundial que ha regido hasta el 11 de septiembre de 2001. Aquel orden se inspiraba en cuatro principios: 1. Soberanía absoluto de los Estados-Nación; 2. Igualdad jurídica de estos Estados; 3. Cumplimiento de los tratados; y 4. No injerencia. Estos principios, aunque hayan sido violados de forma encubierta, han regido los destinos políticos de Occidente desde 1648 y han permitido la proliferación de Estados-Nación soberanos que respetan formalmente a otros Estados y no se inmiscuyen públicamente en sus asuntos internos. Este orden mundial se quedó muy pequeño a Estados Unidos, de ahí que el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano de los Neocons americanos proyectara remover todo lo que impedía a EE.UU ser la gran potencia que debía ser. Lo primero que había que remover es el mismo orden internacional y para eso fue necesaria su demolición controlada el 11 de septiembre de 2001. Mediante un atentado con bandera falsa, EE.UU se vio legitimado para saltarse ese orden internacional de más de trescientos años y atacar en invadir dos países que ni le habían atacado ni eran responsables de los hechos imputados. Estados Unidos se erigió en fiscal, juez y verdugo de los que él mismo determinó como sus enemigos. Roto este orden internacional podía permitirse crear uno nuevo, un orden unipolar con una realidad imperial en solitario que impusiera al resto del planeta lo que debía hacer. Pero este orden no tiene otra finalidad que el caos organizado.

lunes, 19 de junio de 2017

El nuevo (des)orden mundial

El big-bang day del nuevo (des)orden mundial debe ser considerado con total exactitud el 11 de septiembre de 2001. Los casi dieciséis años que han pasado nos permiten una perspectiva suficiente para poder atribuir a aquel evento el comienzo de un nuevo orden mundial que las élites extractivas globales dieron comienzo, que venía gestándose desde el 9 de noviembre de 1989, pero que tuvo su verdadero comienzo en 1947 cuando Hayek creó la Sociedad Mont Pelerin, nombre puesto en honor al monte suizo donde, desde entonces, se reúnen. Si ponemos todos estos acontecimientos en orden obtenemos un flecha que apunta directamente al orden mundial que se está gestando y que acabará, irremediablemente, en la destrucción de la humanidad tal y como le hemos conocido en los últimos quinientos años. ¿Cuál es la necesidad de este proceso en sentido hegeliano? Lo vemos en tres pasos.

En primer lugar, cuando Hayek reúne a los más importantes economistas liberales para "liberar" al mundo del keynesianismo, lo hace guiado por altas ideales, sí, pero también financiado muy bien por las corporaciones que ven como sus beneficios van a parar en buena parte al Estado que los utiliza para inversiones públicas y gasto social con el fin de paliar los males del crakc de 1929. La idea es ir creando un nuevo consenso económico y social alrededor de la ideología liberal, lo que después sería el neoliberalismo, sobre la escuela económica de Chicago. Desde esta universidad americana y los satélites que se crearán en otras a lo largo del mundo, como la facultad de economía de la Universidad Católica de Chile, se va a extender la ideología neoliberal que tiene tres puntales de apoyo. El primero es que lo público es malo, hay que privatizar tanto como se pueda. Lo segundo es que las leyes constriñen el desarrollo económico, hay que desregular la economía y, en general, la sociedad. Sin leyes, la riqueza fluye mejor. Y tercero, hay que reducir el Estado al máximo, por tanto, es necesario eliminar el empleo público y las funciones administrativas. Este proyecto se impuso como consenso económico y social en las décadas de los sesenta y setenta, hasta que se aplicó de forma sistemática desde la década de los noventa en el mundo entero.

Una vez implantado el proyecto en los departamentos de economía de Occidente y financiadas suficientes campañas de desprestigio del proyecto keynesiano, se hacía imprescindible un segundo paso. La tasa de ganancia, a pesar de revertir parte de lo público hacia las ganancias del capital, seguía en descenso y eso solo puede compensarse con la inclusión mercantil de una parte del mundo que estaba excluida de la rapiña capitalista: el bloque soviético. Tras quince años de embestidas y una nefasta gestión económica por parte de los gobernantes soviéticos, la experiencia del Socialismo Real se hunde y varios cientos de millones de personas y una enorme cantidad de recursos naturales quedan dispuestos para la explotación capitalista. Durante diez años se integró todo el bloque soviético en la economía capitalista, mientas que China, que aprendió en cabeza ajena, inició el camino al capitalismo por sus propios medios. Ahora sí que el capitalismo tenía todo el mundo a su disposición y la forma más rápida de crear beneficios y apropiarse de todo es mediante la especulación y las burbujas de todo tipo, que se sucedieron entre 1987 y 2001. Sin embargo, los recursos dieron muestras de sus límites y los beneficios también. Con una población de 6.000 millones a comienzos del siglo XXI y una perspectiva de 10.000 millones en 2050, el mundo está determinado hacia una carestía de recursos o una destrucción de la población. Aquí llega el tercer momento.

martes, 23 de mayo de 2017

La Caridad bien entendida

Se repite de forma cíclica la situación de hambrunas en África. Es como si hubiera caído una maldición sobre aquella tierra que le impide salir de la miseria y reiteradamente cae en los peores sufrimientos que puede soportar la humanidad. Lo vimos en 1984, en Etiopía, cuando millones de personas cayeron en la mayor hambruna que asoló la Tierra. Lo hemos visto en los noventa y ahora, en 2017 cuatro hambrunas amenazan con llevarse por delante a 20 millones de seres humanos. Son muertes, todas, evitables, porque no son causadas por una circunstancia sobrevenida (inundaciones, terremotos, etc.), lo son por circunstancias que desde hace una año viene denunciando UNICEF y otras ONG que trabajan en la zona. África no es un continente pobre, es un continente empobrecido. Es el continente más rico en recursos naturales, tanto del subsuelo como en la cobertura forestal. Posee las mayores reservas de oro, piedras preciosas y metales raros de todo el mundo. En África están los mayores bosques originarios y cuenta con las tierras más fértiles del Planeta, junto con abundante agua dulce. Entonces, ¿cuál es el motivo de estas hambrunas reiteradas? El motivo es, paradójicamente, su riqueza.

África ha sido un continente deseado y expoliado desde el siglo XV. El comercio primero fue el de esclavos, que hizo a Inglaterra la más poderosa nación de la Tierra. Después vino la colonización directa, aprovechando tanto los recursos naturales como la fuerza de mano de obra autóctona. Tras la descolonización vino la neocolonización. Las empresas transnacionales y los países enriquecidos se han apropiado de todo lo que tenga algún valor en África. Para que las riquezas africanas puedan ser saqueadas hay que evitar la constitución de estructuras políticas estables, de ahí que se incentiven guerras, golpes de estado e inestabilidad por doquier. Mediante la corrupción se controla a los políticos de los países formalmente democráticos y donde no se puede corromper a los políticos se monta una guerrilla "rebelde" que crea una guerra que impide el desarrollo del país. Otro motivo para destruir África es que si África se desarrollara al nivel de Europa, y eso sería algo sencillo pues poseen cien veces más recursos y son una población joven y relativamente escasa, África consumiría sus propios recursos y no podrían ser expoliados. Cuando un país posee grandes recursos, la forma de obtenerlos es destruir las estructuras políticas.

jueves, 18 de mayo de 2017

El silencio eterno de los espacios infinitos

Blaise Pascal, uno de los hombres más inteligentes de su época, ante la contemplación de la bastedad del Universo que apenas comenzaba a vislumbrarse, dijo aquella frase que ha tenido bastante éxito, por el hecho de ser pronunciada por un creyente: "me aterra el silencio eterno de esos espacios infinitos". Esta frase puede tener dos lecturas. La primera es la lectura escéptica: el silencio del Universo equivale al vacío divino. La Creación no habla de un Creador, sino todo lo contrario, nada hay en ella que nos permita afirmar la existencia de un sentido, de un proyecto, mucho menos de un Ser que lo haya proyectado. Dios no existe, sería la conclusión de esta primera lectura. Y esto, viniendo de un creyente, sería una paradoja, aunque una paradoja explicable en el pensamiento pascaliano, pues de ahí surgiría su famosa "apuesta". Hemos de apostar por la existencia de Dios porque no es evidente. Sin embargo, la segunda lectura creo que es la más adecuada al pensamiento de Pascal, porque no es un escéptico y porque su pensamiento intenta que los datos de la ciencia y la propuesta de la fe entren en diálogo. 

El silencio eterno de los espacios infinitos hace referencia al silencio de Dios ante las necesidades humanas. Dios no interviene en las cuitas de los hombres y ante el sufrimiento, por muy atroz que sea, permanece en silencio. No es un simple deísmo que niega la capacidad de Dios para intervenir, no es Voltaire, es otra cosa. Pascal indaga el misterio de Dios que ha creado un Universo en el que se ha negado la capacidad de intervenir. Esto es fundamental para entender hoy lo que significa la fe. Una fe madura, no infantil, debe enfrentar esta realidad: Dios no interviene. Si Dios interviniera o pudiera hacerlo, inmediatamente caería sobre Él la acusación de Epicuro: si puede evitar el mal y no la hace, es malo, lo cual, añade el filósofo griego, no es propio de Dios. Entonces caemos en la siguiente acusación epicúrea: si no puede evitar el mal, tampoco es Dios. Epicuro está atrapado en la cuestión de los atributos divinos: omnipotencia, omnisciencia y benevolencia. Hemos de salir de ahí para entenderlo.

La ciencia actual nos dice que el Universo tuvo un comienzo y tendrá un fin muy determinado. Dentro de varios miles de millones de años, el Universo será un lugar inmenso, frío e inhóspito. Las estrellas habrán consumido su combustible y el Universo no albergará la vida que hoy pulula por doquier. Un Universo frío e inmenso es un Universo muerto. Lo cual nos lleva a la idea de una Creación para la Nada. Todo va hacia la Nada, hacia la muerte definitiva. Aunque es cierto que no hará falta esperar miles de millones de años. En un tiempo más corto aún, en apenas mil millones de años, la catorceava parte de la existencia actual del Universo, las estrellas estarán tan lejos unas de otras que posibles civilizaciones futuras no tendrán ningún conocimiento de lo que fue un día el Universo. Hoy habitamos el Universo en forma que es cognoscible, pero eso durará poco tiempo en escala astronómica. Si consideramos la vida en el planeta Tierra, la única que por ahora sabemos que existe, en apenas 100 millones de años ya no habrá condiciones para ella aquí. El alejamiento de la luna romperá el equilibrio del eje terrestre, lo que llevará a una inestabilidad que dificultará la existencia de seres complejos. Unido esto al acercamiento progresivo al sol y a la dilatación de éste, la Tierra será un lugar muy parecido al actual Venus.

jueves, 11 de mayo de 2017

Quousque tandem abutere patientia nostra?

Vi una conversación emitida por El Mundo entre Joaquín Sabina y Pérez Reverte* en la que éste último decía que era pesimista sobre la situación de España porque todo el que ha leído la historia de España lo debe ser. España, añadía, no ha dejado de repetir su historia y vuelve a hacerlo. Sin embargo, si abrimos el foco y leemos la historia universal, no solo la española, creo que hay motivos para la esperanza, a pesar de coincidir, muy a mi pesar, con el diagnóstico del cartagenero. La historia de la humanidad es un relato que puede ser contado desde muchos puntos de vista, pero da la sensación que a la barbarie de unos contra otros podemos unir los momentos de enaltecimiento de lo verdaderamente humano. Desde que los grandes imperios empezaron a moldear nuestro mundo, todos ellos han convertido este lugar minúsculo del Universo en un lodazal de muerte e injusticia para que una pequeña parte de la población pueda permitirse una vida que por exceso no es humana, se trata de una vida determinada por la extralimitación, por la hybris, por el pecado. Ahora bien, han sido también muchos los momentos en los que ha habido una erupción de las experiencias antropológicas marcadas por la justicia y la misericordia. No puedo olvidar que hace 3200 años, en un rincón de un gran imperio, un grupo de esclavos decidió que aquella vida no merecía la pena ser vivida y huyó, se marchó, para fundar una realidad nueva. En nuestra tradición cristiana lo conocemos como el Éxodo. Desde entonces, los movimientos emancipatorios no han dejado de repetirse, junto a los anhelos de la humanidad de crecer.

lunes, 10 de abril de 2017

Paraísos fiscales, infiernos sociales.

Ahora que andamos con los pasos de la Pasión viene bien recordar que no todos los juicios son iguales. A Jesús lo prendieron, juzgaron, condenaron y ejecutaron en menos de veinticuatro horas. Sus ejecutores tenían claro el delito y la pena que le debía caer por tal delito: la muerte. Fue considerado un subversivo, un hombre peligroso. La autoridad imperial, con la connivencia de los jefes de los judíos, lo llevaron a la cruz. No hizo falta fiscal, ni pruebas, bastó con la conciencia de que era un peligro para el poder instituido y éste no dudó un segundo. En España sucede exactamente igual. El poder, como siempre, actúa en función de sus necesidades. Cuando se pone en tela de juicio la estabilidad del sistema, el poder actúa inmediatamente, deteniendo y juzgando con máxima celeridad aparentes minucias que pasan de ser meros chistes, literalmente, al lado de situaciones verdaderamente lacerantes. Es el caso de los evasores fiscales que fueron denunciados por la famosa lista Falciani.

En 2010, Francia entregó a España la lista que el informático suizo Falcani había puesto en conocimiento. En ella había una larga lista de evasores fiscales españoles que había puesto el dinero en Suiza a cubierto de la fiscalidad española. Eran delitos cometidos en 2007 y según la ley española, los delitos de evasión de impuestos caducan a los cinco años. No deja de ser muy curioso que la Audiencia Nacional, sí, esa que ha juzgado unos chistes a la velocidad del rayo, necesitara el tiempo justo para que los delitos prescribieran, exactamente un día después. La Audiencia Nacional, para oprobio de todos los españoles, abrió diligencias cinco años y un día después de cometidos los delitos. Por un día, esos delitos estaban prescritos y los evasores quedan impunes. Imagino que no había nadie en la Audiencia Nacional que pudiera haber previsto abrir diligencias un día antes para que no prescribieran. O bien, que no había nadie que fuera capaz de mover las estructuras judiciales para poder recaudar unos cuantos millones de euros que vienen muy bien a las arcas públicas y a la moral de los ciudadanos. No lo hubo. Por un solo día, por un puñetero día, esos delincuentes quedan libres y los dineros defraudados a su criterio, sin que el fisco español pueda hacer nada mientras les hacen pedorretas en las narices.
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