viernes, 24 de mayo de 2019

El 'sexo débil'


Algunos varones se sienten intimidados ante el auge con fuerza de las mujeres reivindicando sus derechos. Les parece que estuvieran perdiendo algo de lo mucho que durante siglos han disfrutado en detrimento del así llamado por la ideología machista «sexo débil». Porque hay que ser muy conscientes de que el machismo es una verdadera ideología de género que considera al género masculino, al varón, al macho, como superior a la mujer por el simple y mero hecho de ser varón. Esta ideología se infiltra en las mentes jóvenes desde la más tierna infancia, permea las conciencias hasta llegar a ser el modo normal de pensar. En algunas sociedades se marca la diferencia de modo que la superioridad sea explícita: niñas de rosa, niños de azul, ropa diferenciada, diversidad de útiles de la vida cotidiana, incluso juegos apropiados para unos y otras. Se trata de una organización total y perfecta de la sociedad desde la ideología que impone a los varones como superiores a las mujeres por su constitución biológica.

Las mujeres no son ni superiores ni inferiores como grupo; sin embargo, hay una superioridad moral en las mujeres por el hecho de haber soportado el patriarcado machista que se impone con violencia física, moral e ideológica. La superioridad moral de las mujeres reside en ser capaces de dar soporte a una sociedad que las somete. Es el caso paradigmático de la Benigna de Galdós, o de algunas mujeres de las obras de Dostoievsky, que son capaces de sostener la familia en la que son vejadas. Nos recuerdan a los pasajes evangélicos donde Jesús cura a mujeres que sufren enfermedades que son expresión pública de los efectos íntimos de la opresión cotidiana, como las posesiones, o  somatizaciones del mal social ejercido contra ellas. Cómo olvidar a esas mujeres que por sus hijos soportan los insultos y los golpes de maridos ebrios de odio ante quien consideran inferior. Todas estas mujeres deben recibir el apoyo legal, social y moral de una sociedad que sigue existiendo gracias a ellas y su sufrimiento.

viernes, 17 de mayo de 2019

Fascies ad portam

https://scripps.ucsd.edu/programs/keelingcurve/
Uno de esos dichos que escuchaba a mi abuela era "lo mucho amansa y lo poco espanta". Es decir, que un hecho es impactante según el grado en que se muestra. En los años cincuenta, un escote de mujer podía provocar reacciones febriles en el público masculino; hoy, un desnudo apenas impacta. Es más, tiene el efecto de 'amansar' a las fieras. Me viene esta imagen cuando veo lo que sucede con el aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera este año, estamos rompiendo todos los récords previos y ya no somos capaces de predecir hasta dónde podremos llegar. El quince de mayo llegamos a 415.70 partes por millón (ppm) de CO2 en la atmósfera. Es un dato que puede no decir mucho a quien no esté familiarizado con estas mediciones, pero si miramos el histórico de CO2 nos damos cuenta del valor relativo que supone. Desde que se toman registros en el observatorio de Mauna Loa, en Hawai, hemos aumentado desde el nivel de 300 ppm en 1958, cuando Keelling comenzó con las observaciones, hasta los 415.70 de este mes de mayo. Eso supone que en tan solo 61 años ha aumentado más del 33%. Si miramos la imagen que acompaña este escrito lo vemos como una recta que sube vertiginosa en muy poco tiempo, en términos geológicos es apenas un minuto, pues si lo comparamos con los 800 mil años anteriores, de los cuales tenemos datos por el CO2 atrapado en los hielos árticos, vemos cómo la oscilación siempre varió entre niveles muy bajos de unos 170 ppm, que coinciden con las eras glaciales, y los niveles máximos que nunca superaron los 300 ppm, en las eras de clima cálido. Es decir, que hay una relación directa entre glaciaciones y niveles bajos de CO2, y entre climas cálidos y niveles moderados de CO2. Sin embargo, y la gráfica habla por sí misma, en los últimos 60 años hemos entrado en terreno desconocido, pues nunca antes se tiene constancia de niveles de CO2 que superen las 400 ppm y, paradójicamente, esto no está suponiendo ningún problema mediático, social o político. "Lo mucho amansa", nos hemos acostumbrado a las noticias del Cambio climático como quien ve llover.

Los científicos del IPCC llevan unos años dando la voz de alarma: de seguir con este aumento progresivo de los niveles de CO2, a finales de este siglo habrá un aumento medio de las temperaturas de más de 2ºC respecto a las temperaturas medias preindustriales. Este es un dato extremadamente optimista, pues ya hoy hemos superado los 0.6ºC de aumento y el efecto del CO2 es acumulativo, con lo que de seguir la progresión, será en 2050 cuando se alcancen los 2º y en 2100 podrán ser más de 4º y hasta 7ºC de aumento. Lo que sucede es que dicho así, asépticamente, no tiene ningún significado para la gente. Hay que traducirlo en efectos para la vida. Basta con imaginar los efectos que esta leve subida de 0.6ºC está produciendo y que estamos observando en nuestra vida diaria para hacerse una idea aproximada de lo que nos espera. En España, por poner un ejemplo, en los últimos 30 años ha aumentado el verano en cinco semanas, los episodios de lluvias torrenciales y de sequías se han multiplicado y las temperaturas extremas se ven con más frecuencia. En Murcia, por no ir más lejos, las olas de calor hacen insoportable el verano, con noches tropicales que se hacen insoportables durante muchas semanas.Y eso solo con este leve aumento. Los niveles de CO2 aumentan a un ritmo de 2.7 ppm al año. Si lo extrapolamos a 2050 nos da un resultado de 495 ppm de CO2. Este dato debería ser aterrador, porque supone un desquiciamiento del sistema climático tal y como lo conocemos, es decir, es imposible predecir la respuesta del Clima a estos niveles de CO2, pues, además, los cambios no son lineales, sino que casi son exponenciales, por la retroalimentación con otros elementos del Clima. El metano es un gas que tiene 20 veces más poder de efecto invernadero que el CO2 y el calor de la atmósfera está consiguiendo que el metano encerrado en sus cárceles de hielo, tanto en el fondo marino como en el permafrost, se esté empezando a liberar. Los océanos llevan décadas asumiendo parte del calor de la atmósfera, pero llegará un punto en el que dejarán de retener calor para contribuir a ello. Si todo esto se produce, 2050 será un buen momento para no estar presente en el Tierra.

lunes, 13 de mayo de 2019

"Esclavos por 400 euros en África"

Así reza la noticia que comentamos hace unos días un amigo historiador y yo: "Esclavos por 400 euros en África". Libia se ha convertido en un mercado de esclavos y mi amigo me comentaba que esto ya ha sucedido otras veces y que quizás, tras muchos muertos, los libertos que se generen en 100 años puedan dar lugar a una burguesía que modifique esa realidad, pero hará falta un siglo y millones de muertos. Es lo que da la perspectiva del historiador, que sabe que todo lo que está sucediendo, de una manera u otra ya sucedió y que los ciclos históricos se repiten. 

Siendo muy doloroso saber que a pocas millas de nuestras costas hay seres humanos siendo vendidos como ganado, lo que me preocupa más es el orden social que esto lo ampara, o más bien el desorden social. No basta con comprar a un esclavo, es necesario tener un sistema de coacción que lo mantenga en esa situación. Este sistema de coacción viene propiciado por la situación de guerra casi tribal que vemos en Libia y por la desesperación de millones de africanos por llegar a Europa. Es decir, existe un pecado estructural, por decirlo con palabras de Juan Pablo II, que pone las bases para que el mal se extienda de esta manera. Esta estructura del mal está integrada por tres pilares básicos. El primero es por la situación de miseria y violencia que se vive en gran parte de África, sobre todo el Sahel. La situación social es un verdadero 'efecto expulsión', que lleva a millones de personas a plantearse arriesgar sus vidas para venir al 'paraíso' europeo. El segundo pilar de esta estructura maléfica son los intereses de los países occidentales que una y otra vez intervienen en África para obtener el mayor rédito posible: EE.UU y Europa en Libia para liberar los recursos del subsuelo o Francia en Mali para proteger el Uranio. Estos son solo algunos, pero siempre es la misma lógica: destruir estructuras políticas que impiden obtener los recursos del país, como se hizo en Irak y se intentó en Siria, o ahora en Venezuela. Y el tercer pilar, muy importante porque sin él todo sería imposible, el miedo de los europeos y su necesidad de continuar con la lógica de la sociedad de consumo-producción-destrucción. Este pilar nos afecta moralmente, pues somos, todos los europeos, responsables morales del mal que sufre África. Una parte no menor de nuestro 'bienestar' depende de que los recursos africanos lleguen de forma segura y económica a Europa, pero también de que no lleguen los africanos. Queremos sus recursos, pero no les queremos a ellos.

jueves, 9 de mayo de 2019

Un Planeta sin futuro

Hace apenas cinco años, el movimiento Fridays for future, impulsado por la joven estudiante sueca Greta Thunberg, me habría llenado de esperanza. Que sean, precisamente, los jóvenes, que por ley de vida heredarán la Tierra, los que se movilicen para tomar medidas que detengan la barbarie climática de nuestra civilización capitalista, hubiera sido un aliciente para mí. Durante muchos años dediqué mi labor docente a la concienciación juvenil ante el terrible problema de las consecuencias climáticas del modelo de desarrollo capitalista, depredador de recursos y despilfarrador de bienes, amén de las enormes injusticias que genera y la pobreza en la que sume a dos tercios de la población mundial. Pensaba entonces que la humanidad solo tenía puesta su esperanza en los jóvenes, aún dispuestos a ver la realidad del mundo tal y como es, sin pasar aún por el filtro de los intereses o de la ideología. El resto de la población está sumida en la modorra del consumo o en la lucha diaria para la subsistencia, sin posibilidad de cambio y sin fuerzas para transformar el desorden de este mundo. Lo creía con firmeza, porque las generaciones jóvenes siempre tienen que hacerse con el mundo y podemos, mediante la educación y la concienciación, conseguir que ese mundo lo transformen. 

Mis investigaciones sobre economía, historia y el sistema socioeconómico global, me llevaron a tener una visión muy clara del proceso de destrucción del hábitat planetario para la pervivencia del ser humano. Todo aquello se reflejó en varias publicaciones en revistas científicas y en libros. Impartí, e imparto, conferencias sobre esta situación; divulgué, y divulgo, los riesgos del modelo económico-social-ambiental, con la intención de llegar al mayor número posible de personas. Tengo constancia de que son miles quienes han seguido y siguen estas investigaciones y que tienen conciencia sobre el problema. Pero, tras quince años en la brecha, tengo la conciencia clara de que todo esto sirve de muy poco, casi nada, porque las personas individuales nada podemos hacer para frenar un problema que es estructural. Esto se ve con claridad en las conferencias que imparto, cuando llega el turno de preguntas, siempre, indefectiblemente, hay una que reza así: "¿qué podemos hacer?". Ante esto siempre he contestado dando una relación de cosas que a nivel individual, familiar o comunitario podemos hacer. También incluyo en los últimos años una opción más: cambiar las leyes para cambiar la sociedad. Suelo expresarlo con una boutade: "Dadme el BOE 72 horas y cambio este país". Sin embargo, ni con el BOE se puede frenar el cambio climático, lo único que se puede hacer es prepararnos para la catástrofe.

La catástrofe segura e inminente es, precisamente, lo que dice la propia Thumberg que le llevó a las huelgas estudiantiles todos los viernes. Se dio cuenta de que ella, con apenas 15 años, no tiene un futuro asegurado más allá de 2050. Como joven que es reaccionó con contundencia y con cierto pathos apocalíptico, pero tiene toda la razón para reaccionar así, lo que nos debería resultar extraño es que el resto de jóvenes, que en breve verán cómo se hace imposible la vida en la Tierra, no reaccionen con el mismo ímpetu. Es cierto que algunos la siguieron, pero es más fruto de la moda, del prurito juvenil o de las tendencias en las redes. En realidad, esto pasará como pasa la tormenta y la destrucción de nuestro hábitat continuará indefectiblemente hasta la destrucción total. Esto no es pesimismo, es el fruto de comprender cómo funciona el modelo económico y social. Marx lo estudió hace doscientos años y su análisis no ha sido refutado ni académicamente, ni por la historia. Es más, si Marx se equivocó en algo fue en que los proletarios, como víctimas del sistema, serían los que lo transformarían mediante la revolución. Los proletarios lo único que pueden hacer es pelear día a día por sobrevivir. Cuando se han realizado revoluciones, éstas no han modificado el mal del capitalismo: el productivismo consumidor destructivo del medio.

Por tanto, lo único de verdad que podemos hacer es prepararnos para la catástrofe y dejar de escuchar los cantos de sirena del capitalismo verde, del ecologismo de salón, del transhumanismo tecnófilo y de la publicidad del sistema. Esos cantos solo pretenden atraernos a sus fauces. El sistema socioeconómico va de camino hacia la conflagración  de una guerra global por partes, como dice el Papa Francisco, donde la lucha por los menguantes recursos energéticos y por los lugares donde aún sea posible habitar va a determinar nuestro futuro. Ya estamos en ello desde 2001. Estados Unidos no ha cejado en aplicar su plan de caos global diseñado en 2003 por el Pentágono, por el que los países que tengan recursos deben ser destruidos para conseguir por un lado que no sean consumidores de esos recursos, es el caso de Libia, Siria y ahora Venezuela, y por otro para poder esquilmarlos con impunidad. Las guerras que vemos y que veremos tienen ese mismo patrón y están determinadas por la reducción de recursos y la destrucción del medio ambiente.

El optimismo, en el mundo de hoy, es una patología infantil, de la que hemos de ser curados rápidamente. Solo la verdad de cómo funciona el mundo nos podrá hacer libres; pero solo el amor y la misericordia en nuestras vidas nos podrá salvar.

miércoles, 6 de marzo de 2019

El Terror

En los últimos tiempos se han puesto de moda las series. Son muchos los que están enganchados a Juego de Tronos, por ejemplo. Las cadenas de televisión de pago tienen un filón importante en este género que gana adeptos cada día y al que hay que proveer de nuevos productos que los mantengan enganchados. Es innegable la calidad artística de varias de esas series, incluso alguna llega a transmitir valores interesantes en el mundo en que vivimos. No es el caso de la serie The Terror, basada en la obra homónima de Dan Simmons. Esta serie está muy bien dirigida y cuenta con un elenco de actores que cumplen su papel decentemente, incluso alguno lo hace de manera sobresaliente, como es el actor que interpreta al capitán, pero los valores estéticos no deben ocultar el mensaje que transmite la serie: los seres humanos, puestos en situaciones extremas, pueden sacar lo peor de sí mismos en un mundo sin sentido. Alguno, movido por algo que quiere asemejarse a la compasión, es capaz de dar su vida, pero lo hará por nada, simplemente por no seguir viviendo una realidad terrible.

Sin embargo, las obras de arte, también las televisivas, que son una parte del séptimo arte, nos ilustran sobre la sociedad que las produce y nos pueden permitir hacer una hermenéutica de los procesos sociales que permiten la existencia de sus expresiones culturales. El Terror es el nombre de una de las dos embarcaciones que intentó el paso del noroeste en 1847, da nombre a la novela y a la serie, con la evidente doble intención, tanto de recoger un dato histórico como el de dar un sentido desde el inicio a la historia. Los hechos reales se resumen en que la expedición murió de inanición y frío en medio de una locura que empujó a los hombres al canibalismo. La ficción introduce un elemento paranormal con el ataque de un ser monstruoso que representa la naturaleza en su estado más primitivo. La naturaleza, parece decirnos, se defiende de la soberbia del ser humano que pretende sojuzgar todo en su propio y único beneficio. El mundo está vacío de dioses y los hombre han rellenado el hueco con su propia divinización mediante el uso de la razón técnica.

viernes, 15 de febrero de 2019

Vidas en compra-venta

Hay una expresión que se ha extendido mucho en los últimos años, los «vientres de alquiler», para designar el acto por el cual una pareja o persona individual paga para que una mujer geste un hijo para él/ella o ellos/ellas. La expresión induce a pensar que es posible alquilar exclusivamente el vientre, sin que ello afecte al resto de la persona. El término técnico de «gestación subrogada» no deja de ser un eufemismo. En el fondo, la realidad que tenemos es que alguien vende su cuerpo y su vida para que otros puedan obtener sus frutos. Por eso, si hablamos de «vientres de alquiler» para referirnos a la compra de vidas humanas, podríamos hablar igualmente de «cuerpos de alquiler» para designar el trabajo o «vaginas de alquiler» para la prostitución. La lógica que subyace en los tres casos es la misma y tiene que ver con la lógica del mercado que el economista Juan Ramón Rallo, conocido director de una institución neoliberal, expresó hace años en un artículo[1]: la carencia de órganos como la de sangre se soluciona creando un mercado de órganos y sangre. Como todo el mundo sabe, si te sobra un riñón puedes venderlo y así obtener unos ingresos a la par que salvas una vida. Matamos dos pájaros de un tiro: el que puede pagar el riñón se beneficia y el que vende el riñón también, porque lo lógico será que los pobres vendan y los ricos compren. Y, ¿por qué no permitimos que a quien le sobre un corazón lo venda? Todos saldrían ganando. O quizás no. Esta es la lógica del mercado llevada a su extremo.
De manera paulatina pero sistemática, nos han hecho creer que la lógica que rige el mercado es la lógica que debe regir la vida, como si el mercado fuera la estructura natural que determina lo humano y que dirime el ser y el deber ser. Todo se puede comprar y, por tanto, todo debe estar a la venta, desde los objetos, pasando por los bienes naturales y hasta las mismas personas. Contra esta lógica, que subyace a todas las realidades imperiales, surge el decálogo judío para proteger a las personas de un mercado incipiente que pretende someter las personas a la lógica del beneficio. No matarás y no robarás son preceptos que protegen a las personas, también del mercado.

martes, 29 de enero de 2019

El voto católico y la utopía capitalista

Hace unos días publicaba un magnífico artículo Juan Manuel de Prada en su columna en El Semanal titulada Sirviendo al mismo amo. En la línea de la argumentación de Chesterton en La utopía capitalista, pretende avisar a los católicos contra los cantos de sirena del capitalismo y el liberalismo (hoy neoliberalismo) a través de la estratagema de mostrar con una mano los temas que preocupan a un votante católico conservador: aborto, familia, tradición, etc., mientras que en realidad aplican un programa ultraliberal que destruye esos mismos valores que dice defender. Las políticas del neoliberalismo, capitalistas por tanto, son las causantes de la destrucción antropológica, no las de corte marxista. Así lo dice de Prada: "El triunfo del capitalismo, de hecho, se funda en esa «perpetua adaptación» de los hombres al divorcio, al aborto, al desprestigio de las virtudes domésticas, a la lucha de sexos, a las políticas de género. El triunfo del capitalismo no sería, en fin, ni siquiera concebible sin el sometimiento de los pueblos a sus destrozos antropológicos". Los pueblos han sido sometidos a los parámetros del modo de producción capitalista, que requiere individuos dóciles y para ello separados de la comunidad familiar y social y expuestos a los furibundos ataques de una sociedad individualista marcada por el consumismo y el productivismo. Solo el ser humano que ha perdido sus vínculos puede ser sometido, y eso es lo que ha conseguido el capitalismo neoliberal.

Creo que recojo el sentido del texto de Juan Manuel de Prada cuando afirmo que el problema de los votantes católicos en los próximos comicios va a ser que su voto, sin quererlo, servirá para destruir los valores que tanto aman. Los votantes conservadores católicos han venido llenando las urnas del PP con mayor o menor entusiasmo. En los últimos tiempos lo han hecho a desgana, como mal menor, "tapándose la nariz", decían algunos. Lo hacían con la honestidad de quien no ve otra opción. Eran los tiempos en los que la corrupción del PP avergonzaba al votante católico, pero no le quedaba más opción que apoyar a ese partido para que no avanzaran los enemigos de la familia: socialistas, comunistas o podemitas. Algunos, incluso, llegaron a plantearse votar a Ciudadanos, pero pronto vieron que ese partido es tan enemigo de la familia como los otros; sus posiciones sobre el aborto, los vientres de alquiler y las nuevas familias no dejan lugar a dudas. Incluso, ahora, tienen la opción de Vox como medio para tirar del PP hacia posiciones más tradicionales. Sin embargo, como bien ha alertado de Prada, este tripartito de facto que se está configurando en España es neoliberal, no conservador.

jueves, 24 de enero de 2019

Ojos nuevos para un mundo nuevo


Ojos nuevos para un mundo nuevo es el título que Antonio López Baeza puso a un libro suyo reciente, publicado en Desclée. Con el especial tino que tenía para los títulos, este libro atisbaba una realidad que es imprescindible en la hora presente: sin una forma nueva de ver el mundo será imposible que ese nuevo mundo exista. Dicho de otra manera: necesitamos una capacidad de percepción renovada para poder construir un mundo donde todos los seres humanos podamos vivir en fraternidad. Como nos dice el Evangelio, hay que nacer de nuevo, porque el que vive atrapado en lo viejo está atascado en ello y no puede alzar la mirada para barruntar otro modo de vivir, de sentir, de estar en el mundo.

A una semana de la muerte de Antonio, vienen muchos recuerdos a mí de conversaciones mantenidas durante los últimos años especialmente, seguramente es parte del duelo, de la asunción de la pérdida, recordar a cada paso esta o aquella expresión que creíamos olvidada. La antropología cultural nos enseña que los procesos de duelo son un momento catártico que permite asumir la muerte como estructura de la vida sin que nos rompamos interiormente. Esa asunción me hace revivir momentos concretos en los que hablábamos sobre la deriva de un mundo al que yo he llamado en quiebra en un libro de 2011 y sobre el que Antonio tenía algunas reservas. Lo discutimos bastante, porque él entendía que lo nuevo se abre camino siempre desde lo viejo. Mi percepción entonces, agudizada ahora, es mucho más pesimista. Creo que el mundo lleva una derrota, en sentido marinero, que apunta hacia una destrucción de las estructuras que hasta ahora han permitido la existencia de lo humano. Los acontecimientos de los años que nos separan de 2011, cuando escribí aquello, no hacen sino confirmar tanto el diagnóstico como el resultado previsible. Sin embargo, Antonio, con su mirada esperanzada y confiada en el Dios que ama este mundo y a cuantos lo habitamos, era capaz de ver señales de humanidad que pueden salvarnos. Como gran lector de Hölderlin, decía que donde está el peligro anida la salvación.

jueves, 10 de enero de 2019

Gracias por Antonio López Baeza


HAY en mi tierra un milagro

que hace enmudecer al cielo...

¡El almendro florecido

en el corazón de enero...!

De A la sombra de los almendros en flor (Inédito)


Antonio López Baeza ha completado su vida en plenitud este 10 de enero de 2019, como le gustaba a él, bien temprano, a las seis de la mañana, de una mañana de enero en las que solía ir a contemplar la floración del almendro, el milagro renovado cada año que nos habla de una realidad más profunda que penetra la vida y la muerte: la resurrección. No ha querido perderse la floración este año tampoco, pero ha preferido asistir a su propia floración. Su cuerpo, ya desvencijado por la edad y los dolores, cual tosco tronco de almendro, ha dado la más bella flor que pudiéramos contemplar: acostado en su cama, con los brazos apoyados tras la nuca, con la sonrisa clara, como si contemplara ya definitivamente los glaucos campos florecidos de la casa del Padre. Con el gozo de quien sabe que todo está cumplido, nos ha dejado para abrazar la belleza sin término en el abrazo que no acaba. 

1. Nos ha legado una obra, pero antes que todo una vida; vida y obra son una sola cosa en Antonio, para él escribir es vivir y vivir es escribir. No hay hiato posible. La escritura hace patente lo que en la vida está en estado de latencia; mediante las palabras emborronadas, el ser va siendo, se hace consciente de sí y cobra, recobra, la plenitud marcada en el origen por la voluntad amorosa de Dios, que nunca quiso crearnos sin contar con que nosotros tomáramos parte en nuestra propia recreación constante y diaria de nuestra vida como proyecto de sentido y más allá del sentido. La escritura, como epílogo de la lectura y prólogo de la propia vida, se convierte en un palimpsesto inacabado. Otros escribieron antes y otros escribirán después, borrando lo escrito y escribiendo sobre lo anterior, en un constante tejer y destejer a la espera de la vuelta del Amado. 

Escribir, arar los surcos del sentido, es, en Antonio, tejer la propia vida en el telar de la humanidad con los hilos sueltos del pasado lanzados al futuro para que las generaciones venideras mantengan la llama de la esperanza del ser más profundo: la fraternidad universal. Escribir, restañar las heridas de la propia existencia, es saldar la deuda universal con los que fueron y pasar el testigo a los que nos esperan, confiando en Dios como garante último de la existencia, y trabajando como si todo dependiera de nosotros. Escribir, hollar el tiempo dejando la estela de lo sido es dejar el rumbo a otros náufragos sin esperar permanecer más allá de la propia experiencia, sabiendo que en todo hombre se vive, en cada experiencia humana con anhelos de universalidad, que en cada abrazo está presente el amante eterno en el que nos fundimos entrelazados. 

Escribir, vivir, pero nunca morir, porque la muerte es la existencia inauténtica de los que no han sabido vivir como hermanos en medio de un mundo que es, siempre y solo, don absoluto, y, por tanto, deuda por saldar, que no amortizar. Por eso mismo, vivir es abrazar cuanto ha sido puesto ante mí para conferirle mi propia impronta y convertirlo en oblación; hacer de la propia existencia una acción de gracias que responde a la invitación a la vida que se hizo al venir a este mundo. Dar gracias, vivir y escribir son, en Antonio, momentos distintos de un mismo movimiento interior de respuesta al amor primero. 

2. Vivir en el abrazo es borrar la grieta que en el ser se hizo al venir al mundo, es restañar la herida del origen por la que la pequeñez del ser recién nacido se ha hecho un hueco en la inmensidad del Universo. Vivir en el abrazo es superar la separación y encontrar la unidad en lo que nos divide y separa, mas nunca nos deshace en la indiferencia. En el abrazo, cada ser sigue siendo único, sigue existiendo como lo que es, pero en plenitud. La poesía de Antonio es la expresión temporal indeleble del abrazo como categoría existencial. Todos sus versos, cada una de sus palabras, destilan la unidad que su ser emana con naturalidad y empujan al lector a hacerse uno con él, uno con la humanidad, uno con Dios. 

3. El abrazo es sacramento porque expresa eficazmente lo que Dios mismo ha mostrado de su ser: la comunión amorosa, la entrega incondicionada, el don gratuito, la fruición del abandono en el otro. Ahí es como Dios puede ser experimentado por el hombre en todas las dimensiones que lo constituyen como hijo de Dios y por eso el abrazo es la imagen más perfecta y a la vez la profecía de la amistad más incondicional que el hombre pueda esperar. 

El ser sacramental del abrazo viene también expresado en su misma materialidad. En el origen, sacramento identificaba las dos partes separadas de un pacto firmado. Al reunirse ambas partes se reconstituía el pacto; al reunirse varios hombres en el abrazo se reconstituye el pacto originario, se cierra la herida primitiva, se clausura la soledad inmensa del ser venido a este mundo y necesitado de comunión. El abrazo, sacramento de la unidad divina, expresa la necesidad antropológica de unión con lo que nos rodea. Por ello, también, el abrazo es el pago de la deuda con la vida, con el mundo, con la naturaleza, con la historia, con los hombres, con Dios. 

Si algo debe ser considerado el núcleo fundante de la vida y obra de Antonio López Baeza es Jesús de Nazaret. Él es la inspiración constante de su vida y de su obra escrita. En él ha encontrado el fondo sereno do mana la fuente pura de su existencia. Jesús es su modelo único, aquel que desde niño se convirtió en líder de su alma infantil, ídolo del adolescente que buscaba, modelo de vida en la madurez, modelo único de toda la existencia, repite una y otra vez. Porque Jesús es la sencillez más pura, la naturalidad sin doblez, la transparencia máxima de Dios en la Humanidad Peregrina. Volver a Jesús, volver a Nazaret, este es el lema de la experiencia vital y creyente de Antonio, esta es su forma de saldar la deuda, de abrazar a la humanidad y en ella a Dios mismo que se hace hombre en el corazón de cada ser humano que se abre al misterio del otro y se entrega en cada gesto, en cada acto, en cada obra. Volver a Nazaret será el camino seguro para la Iglesia, a la que tanto ama Antonio y por la que tanto llora Antonio, porque en la Iglesia, prefiguración de la humanidad unida en la fraternidad universal, los hombres tienen su plenitud de hijos. 

 


Dejo aquí los que son con toda probabilidad los últimos versos escritos por Antonio y que resultan un epitafio de su existencia:

Saber que he de morir,
sin duda, en breve.
Y esperar que, en lo eterno
que nuestra fe promete
-en el abrazo universal con Dios-,
¡tú y yo seamos presentes!

De Una amistad verdadera (Inédito)

viernes, 28 de diciembre de 2018

En la escuela de María


El evangelista Lucas comienza su escrito para mostrar lo “bien fundados” que están los contenidos de la predicación sobre Jesús con un díptico que pone en relación la concepción y nacimiento de Juan Bautista y de Jesús. En este díptico, María, la pobre de Nazaret, lanza un cántico que se hace eco de los cánticos de algunas mujeres ilustres del Antiguo Testamento. Ante la visita de Isabel manifiesta la alegría y el gozo con el que la criatura que lleva en las entrañas recibe la noticia. No puede contener su regocijo y entona un canto de alabanza, de alegría, de gozo en el Señor, que ha sido grande con su pueblo sufriente. Ella también sufría por las circunstancias de su embarazo, por la vergüenza de su situación ante los demás, pues no puede mostrar la paternidad de lo que ha sido concebido en ella, pero no se amilana y muestra que el Señor es capaz de grandes proezas en favor de los sencillos, los sufrientes, los que solo esperan en Él el consuelo. Su canto es un himno a la alegría de la vida, al compromiso por la justicia y la misericordia. Es el núcleo y el comienzo del Evangelio que pasado el tiempo predicará su hijo. Es la escuela del Magníficat, un canto de gloria a Dios y de alabanza por sus maravillas con los pobres y oprimidos.

El papa Francisco ha consignado para el mes de enero de 2019 sus intenciones de oración para los jóvenes, para que vivan la alegría del evangelio en la escuela de María. Se trata de una gran escuela, pues es la misma que tuvo Jesús. De tal madre, tal hijo, podemos afirmar. Quien anunció el Reino de Dios para los pobres, los hambrientos y los perseguidos es el hijo de quien alabó a Dios porque “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. Jesús es el digno hijo de María, pues la personalidad de Jesús no surge de la nada, ni cae del cielo como un aerolito, sino que necesita, como cualquiera de nosotros, de una formación. En su casa tuvo esta formación y es la que le lleva a iniciar un proyecto de vida que culminará en el compromiso máximo con un mundo distinto, al que llamará, en la línea de los profetas y del Bautista, el Reino de Dios. Este Reino se configura, como en el cántico de María, desde los pobres y oprimidos, que son colmados de bienes, y frente a los poderosos y opresores, que son despedidos vacíos. Jesús propone un Reino donde los que ahora pasan hambre o lloran, serán consolados y saciados; un Reino donde los perseguidos tendrán su recompensa. En oposición, se lamenta por los que ya están saciados y se ríen, los ricos y poderosos, ¡ay de ellos! El Reino no se construye en abstracto, se trata de una realidad que encuentra oposición: desde los tiempos de Juan Bautista el Reino sufre violencia. Los poderosos no van a consentir que el Reino se construya en la tierra y por eso se opondrán con todo su furor, con toda la violencia posible. La respuesta es la perseveración, porque el que persevere se salvará, aunque sea pasando por la cruz.
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