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miércoles, 28 de octubre de 2015

El hombre más riquiño del mundo

Como en el pasaje del Evangelio en el que el rico acostado por la noche sólo piensa en cómo aumentar su riqueza durante el día, nuestro ínclito conciudadano Ortega, de nombre Amancio, no cesa de pensar cómo ser el mucho más rico de todos los ricos, pues ya es, oficialmente, el más rico del mundo según Forbes. 72.000 millones de euros lo avalan. Una cifra que supera por sí sola a la suma de la riqueza de más de la mitad de los países del mundo. Él solo, posee más riqueza que el 10% de la población mundial. Un ser humano, uno solo, tiene más medios de vida que 700 millones de seres humanos, cohabitantes del mismo mundo. Un mundo que en principio no está hecho para nadie en particular, sino que quiso Dios, así lo indica la Sagrada Escritura, que fuera para todos sus hijos. La tierra es mía, dice el Señor. Y, en otro lugar, ¡Ay de los que juntáis casa con casa y campos con campos sin dejar sitio para nadie! Pues, este rico, ya se sabe lo que dice el Evangelio sobre los ricos y el Reino de Dios, junto a sus correligionarios de fe en la riqueza, juntan casas con casas, campos con campos, empresas con empresas, leyes con leyes y dinero con dinero, hasta no dejar sitio para nadie en este mundo. Su desmesura, su hibris, les lleva a no reconocer límites a la codicia. El último reducto para su afán diario es la conciencia de la gente. Porque los poderosos de las naciones las oprimen y se hacen llamar benefactores, como dijo Jesús a sus discípulos. Necesitan que se les alabe por su riqueza, necesitan comprar voluntades.

Cada año, por las mismas fechas que se publica el aumento de su riqueza, el ciudadano Ortega hace coincidir una donación generosa a alguna entidad benéfica, con ello consigue atenuar el efecto que produce su posición de mega rico. Pero, este año se ha superado, su donación ha sido a la misma sanidad pública gallega, desmantelada por las políticas privatizadoras que hurtan el bien común para beneficio de unos pocos. Ha donado 17 millones de euros, el 0,04% de su riqueza. Cualquier asalariado católico medio, que done 3 euros a su parroquia está dando el doble que Amancio Ortega. Así es la desmesura de las cifras. Nos encandilan 17 millones porque lo comparamos con lo que tenemos nosotros (24000 euros de sueldo bruto medio), pero debemos compararlo con lo que tiene el donante. Entonces resulta una cantidad ridícula, es pura y simple calderilla para el ciudadano Ortega, pero una calderilla que le reporta enormes beneficios. Es decir, no es ningún sacrificio para él, al contrario, lo suma a los gastos de publicidad. Es más, lo puede deducir de su declaración de hacienda, pues es una donación benéfica que reduce el 25% de la cuota donada. El ciudadano Ortega sabe muy bien lo que hace. Pero, hay más.
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