David Harvey es uno de esos investigadores que son capaces de hacer muy sencillo lo que para otros es enormemente complicado. En sus investigaciones de los últimos diez años no ha dejado de marcar el camino para comprender la crisis del mundo en que vivimos y trazar propuestas de salida alternativa. Su último libro publicado en Akal es la muestra perfecta de su estilo, sencillo y a la vez riguroso. El enigma del capital y las crisis del capitalismo, es una puesta a punto de cómo comprender con corrección lo que está sucediendo y cuál es su esencia. El problema no está únicamente en el capitalismo, sino en el enigma que lo construye: el capital. Se trata de una fuerza telúrica anclada en lo más hondo del ser humano (estado del alma lo llamó Kafka) que lo mueve por criterios que pueden acabar con su vida individual y con la vida colectiva de la humanidad. El capital es una especie de monstruo desatado que acaba con todo con tal de sobrevivir. La lógica del capital es la lógica del egoísmo y la avaricia conjuntamente, buscando una reproducción constante que se cifra en un crecimiento del 3% anual. Es la cifra mágica. Si el capital no crece un 3% anual, no genera lucro y acaba muriendo. Dicho de otra manera, el capitalismo es el modo de vida social por el que el capital se genera a sí mismo produciendo a la vez un lucro para aquellos que creen gobernarlo.
El gran enigma del capital, por utilizar la expresión de Harvey, es cómo consigue convencer a todos de que es bueno lo que objetivamente es perverso para el destino de la propia humanidad y de la vida en el Planeta. Cualquier cosa que experimente un crecimiento anual del 3%, siguiendo la función exponencial, necesita 23 años para duplicarse. Es decir, si la economía capitalista crece a ese ritmo a nivel mundial, su producción, consumo y nivel de desechos se duplicará en tan solo 23 años. Así ha sucedido, con pocos momentos de recomposición del capital en las grandes guerras, desde 1750. Desde la Segunda Guerra Mundial, el PIB mundial se ha triplicado, mientras que en algunos países, precisamente los más afectados por esta crisis, hemos visto cómo el PIB se duplicaba en tan solo 15 años. Es el caso de España que desde 1997 hasta 2008 se multiplicó el PIB por 2,5, con un crecimiento medio anual cercano al 5%. Esta verdadera locura se ha extendido como la bondad per se. Hoy mismo, se nos dice que el problema es la falta de crecimiento económico, que solo cuando se crezca al, cómo no, 3% crearemos empleo y saldremos de la crisis. Y es precisamente lo contrario. Al nivel que hemos llegado, un crecimiento del 3% supone que el nivel de recursos destruidos y la cantidad de residuos producidos podrían ahogarnos como sociedad y destruir aquello que nos permite vivir en este planeta.
El gran enigma del capital, por utilizar la expresión de Harvey, es cómo consigue convencer a todos de que es bueno lo que objetivamente es perverso para el destino de la propia humanidad y de la vida en el Planeta. Cualquier cosa que experimente un crecimiento anual del 3%, siguiendo la función exponencial, necesita 23 años para duplicarse. Es decir, si la economía capitalista crece a ese ritmo a nivel mundial, su producción, consumo y nivel de desechos se duplicará en tan solo 23 años. Así ha sucedido, con pocos momentos de recomposición del capital en las grandes guerras, desde 1750. Desde la Segunda Guerra Mundial, el PIB mundial se ha triplicado, mientras que en algunos países, precisamente los más afectados por esta crisis, hemos visto cómo el PIB se duplicaba en tan solo 15 años. Es el caso de España que desde 1997 hasta 2008 se multiplicó el PIB por 2,5, con un crecimiento medio anual cercano al 5%. Esta verdadera locura se ha extendido como la bondad per se. Hoy mismo, se nos dice que el problema es la falta de crecimiento económico, que solo cuando se crezca al, cómo no, 3% crearemos empleo y saldremos de la crisis. Y es precisamente lo contrario. Al nivel que hemos llegado, un crecimiento del 3% supone que el nivel de recursos destruidos y la cantidad de residuos producidos podrían ahogarnos como sociedad y destruir aquello que nos permite vivir en este planeta.
