martes, 7 de abril de 2009

Los "beneficios" de contaminar

La contaminación es uno de los males de esta sociedad globalizada. Se producen muchos desechos y no se ha implementado un plan mundial para el tratamiento de los mismos. Sería tan fácil como aplicar la regla de quien contamina limpia. Se trata de un principio de simple pedagogía, porque si son otros los que se encargan de limpiar lo que yo contamino, nunca aprenderé lo que implica mi acción, en el fondo, nunca seré libre. Eso mismo es lo que está sucediendo. Los consumidores en occidente tienden a creer que los productos han llegado a los centros comerciales como por arte de magia, no se ve la relación que existe entre el producto adquirido y el sistema de producción que lo ha generado. Si en los centros comerciales existieran grandes pantallas de televisión que mostraran los procesos productivos del producto que se adquiere, entonces sí seríamos realmente libres para elegir su adquisición. Debería poder verse dónde se ha producido, quién y en qué condiciones y las consecuencias de su producción. Así, veríamos cómo un producto Nike se fabrica en las maquilas salvadoreñas por niñas que cobran 0,25 $ por una prenda que Nike venderá por 45 $. Veríamos cómo Nike no se preocupa por los residuos que genera, ni por las consecuencias sociales de su producción. Entonces sí, seríamos libres para comprar Nike o cualquier otro producto. Mientras, somos meros autómatas guiados por impulsos dirigidos.
En 1992, Green Peace empezó una campaña de concienciación sobre los procesos contaminantes que podían llevarnos al desastre medioambiental. Tuvieron que pasar cinco años para que Naciones Unidas creara el Panel Intergubernamental para Cambio Climático. Pero el resultado de aquel Panel fue que no había evidencias (¡Qué Dios les guarde el oído, porque lo que es la vista…!) de que la acción sobre el medio tuviese consecuencias demostrables. Este Panel se repitió en el año 2000 y entonces vieron algunos signos preocupantes. Por aquel entonces empezaba a sonar el famoso Protocolo de Kioto, que tenía como meta la salvaguarda de la vida en el planeta en el futuro, se hacía notorio, ya entonces, que este ritmo de contaminación es insostenible. Según Kioto, los países firmantes deberían reducir sus emisiones de CO2 a niveles de 1990. Este protocolo también establecía un mercado de derechos de contaminación a nivel mundial. El primer año en que funcionó el mercado europeo de CO2, 2005, se intercambiaron 300 millones de derechos (cada uno de una tonelada) valorados en más de 6000 millones de euros. Las expectativas para 2010 son de más de 200.000 millones de euros, teniendo en cuenta que entra la segunda fase del protocolo y que la mayoría de países no cumple con los límites y deberá adquirir más derechos de contaminación. España ya ha negociado la compra de 50 millones de toneladas a países que no lo van a necesitar.
Se entiende que los países subdesarrollados que han firmado el protocolo de Kioto, tienen unos derechos de emisión que les han sido asignados como al resto de países. Estos derechos de emisión pueden ser utilizados para contaminar o bien pueden venderlos y obtener un beneficio. Se supone que quien vende los derechos es porque es más eficiente y le sobran, es decir, contamina menos y puede ganar un dinero vendiendo los derechos, pero aquí mismo podemos ser conscientes del núcleo perverso del capitalismo: el mismo protocolo de Kioto que se ha establecido para hacer viable la vida en el planeta tierra en el futuro, supuestamente, se revela ahora como lo que es en realidad, un instrumento de los desarrollados para asegurar que ellos sí van a seguir desarrollándose y, por tanto, contaminando, mientras que los subdesarrollados, empujados por la necesidad o por la codicia de los gobernantes sin escrúpulos, verán constreñido su desarrollo. Si estos países quisieran contaminar ya no podrían al haber vendido sus derechos, si lo hicieran serían gravemente sancionados.

9 comentarios:

Ana dijo...

Es lo que se llama el "mercado del carbono". Si los países industrializados no logran disminuir la contaminación que generan pueden adquirir bonos de carbono. Estos bonos pueden obtenerse por un lado comprando a otros países la unidades de emisión que no han "utilizado", o bien invirtiendo en proyectos industriales o forestales que disminuyan las emisiones. Así es cómo los países industrializados compran el derecho a contaminar. De este modo, la contaminación se convierte en un bien que se puede comprar.

L'amore ucciso... dijo...

¡¡¡Gaia está a la venta!!!

Anónimo dijo...

Ya se compra y se vende todo, pronto tendremos que comprar el aire para respirar!!

Anónimo dijo...

Y que dice usted sobre el metano de las vacas.¿contamina?...¿a quien culpamos, a la vaca o al explotador que vive de ella?....Dejamos de beber leche y comer productos lacteos?....¿donde esta la diferencia?...Nike es una multinacional depravada?....Otro dia le traeré una relación de compañias tachadas y veremos que opina...los fabricantes de productos informaticos asiaticos no son precisamente ejemplo de nada..¿los tiramos a la basura?....en fin, otro dia volveré.......saludos

Anónimo dijo...

No va a contestar usted acerca de esa respuesta Don Bernardo.

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Lo siento, no veo nada que contestar.

Anónimo dijo...

jaja

Anónimo dijo...

jaja que chafa

Anónimo dijo...

Hello. And Bye.

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