martes, 19 de agosto de 2014

Mors tua, vita mea.

La falacia capitalista se extiende hasta el punto de hacernos creer que es el sistema social "natural", de ahí lo de falacia, pues nos muestra como verdad lo que no es sino una falsedad extrema. Stefano Zamagni, padre de la economía del bien común y economista católico que ha influido en la Doctrina Social de la Iglesia reciente, como en la Encíclica Caritas in Veritate, lo expresa con meridiana claridad: el mercado es el género, mientras el capitalismo es la especie. Me gusta añadir cuando lo explico que es la especie degenerada, pues el mercado puede ser un instrumento interesante e inteligente para organizar el intercambio de bienes y servicios, pero en el capitalismo el mercado es sólo el instrumento de los que tienen los recursos para apropiarse de todo e impedir que otros accedan a ellos. Por esto mismo, Zamagni dice que para que exista una economía humana es necesario que los hombres tengan cubiertas las necesidades básicas antes de entrar en la competencia de mercado, de lo contrario lo que sucederá es que los que no tengas medios se verán en la necesidad de vender lo único que tienen en el mercado: su yo, a sí mismos, es decir, en una sociedad de mercado capitalista, los que no poseen los medios de vida necesarios deben prostituirse.

Marx lo expresó de forma muy precisa en el libro primero de El Capital, en el fetichismo de la mercancía se sustancia lo que el capitalismo consigue con el mercado, dicho de otro modo, mercantilizar todas las dimensiones de lo humano es el proyecto diabólico del capitalismo. Por esto mismo hemos dicho en muchas ocasiones que el capitalismo es perverso, inhumano y anticristiano. Los necios tienden a confundir el capitalismo con el mercado, cuando éste es previo a aquél. Bien utilizado como realidad instrumental y con las estructuras adecuadas, el mercado es algo bueno y positivo. Los seres humanos hemos creado esa realidad para poder intercambiar lo que producimos y necesitamos desde los tiempos del neolítico, pero siempre bajo estrictos controles, como muy bien lo  contó Karl Polanyi en El sustento del hombre. El mercado, los mercados, han existido sometidos a estrictas normas y leyes: sólo se podían realizar en un tiempo y lugar determinados, como hoy vemos en los pueblos de nuestro país, se podían intercambiar productos limitados y con una calidad determinada; incluso existían tabúes en relación al mercado. El mercado, por tanto, es una realidad interesante, pero utilizado por el capitalismo como instrumentos para aumentar el beneficio, el mercado se transforma en un ara donde se sacrifica lo humano.


Para los capitalistas, la vida no es sino un elemento más para incrementar el beneficio, de ahí que vida y muerte son dos realidades inversamente proporcionales y antitétias: mi vida es tu muerte; tu vida, mi muerte. El capitalismo sólo sobrevive a costa de provocar muerte y devastación por doquier, no es una realidad viva, sino que cual zombi, vive de la vida de otros. Es un muerto viviente que reclama cada día su ración para seguir viviendo. En los tiempos actuales, el capitalismo sobrevive gracias a la destrucción de la humanidad de forma sistemática. Así sucede en nuestro país con las políticas criminales destinadas a inyectar recursos en el sistema financiero zombificado del cual viven las élites nacionales y extranjeras. Pero también lo vemos en Irak, Siria o Palestina. Los intereses capitalistas globales requieren mantener el control de intercambio de petróleo en dólares y su suministro. Que en Siria, Irak o Irán exista una barbarie permite mantener bajo control los recursos petrolíferos, afianzar el dólar como moneda de intercambio internacional y aumentar la inversión mundial en armamento. Todo esto se hace de forma consciente (basta con leer a Brzehnev Brzezinski, ideólogo de la Casa Blanca) con la única finalidad de mantener el orden mundial capitalita.

Mors tua, vita mea (tu muerte es mi vida) es el lema hobbsiano que rige los destinos del capitalismo, hijo legítimo del liberalismo, el productivismo y el progresismo. Acabar con él es el designio de todo ser humano cabal, de todo cristiano comprometido y de un católico que se precie. ¡Manos a la obra!

4 comentarios:

Javier Goikoetxea Seminario dijo...

Que un teólogo tan cercano a la Iglesia hable de El Capital como referencia positiva me parece maravilloso. Algo está cambiando en el mundo y eso me da esperanzas.
Enhorabuena.

Salud y Bien Común,
Javier Goikoetxea

Javier Goikoetxea Seminario dijo...

Una aportación si me lo permiten.
Para unos Stefano Zamagni es el padre de la economía del bien común y para otros lo es Christian Felber. Para mi los dos son padres ya que se complementan perfectamente y la fecha de la edición de sus trabajos es lo de manos.
Stefano Zamagni, escribió el libro "L'economia del bene comune" que en España se ha traducido como "Por una economía del Bien Común". libro teórico y muy acertado en sus análisis.
Por otro lado y sin conocer la obra del señor Zamagni, Christian Felber, profesor austriaco, desarrollo una herramienta para hacer tangible el Bien Común en las organizaciones y que la expone junto a sus teorías en el libro "La economía del Bien Común". En dicho libro, sienta las bases para que crear un movimiento internacional que está siguiendo una carrera meteórica debido a la situación actual y a la propuesta clara realizada. Ellos no se conocían personalmente ni habían conocido las respectivas propuestas hasta que un común amigo, Paco Álvarez, antiguo vicepresidente de la bolsa de París los reunió hace un año en Valencia.
Gracias.

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Gracias, Javier, por tu comentario y la precisión. Sí, Felber se ha hecho famoso con su libro y, sobre todo, con sus conferencias. Es un gran comunicador. En este blog he podido hacerme eco de su propuesta, incluso he indicado sus límites, que para mí están en que no sale de la lógica del crecimiento económico, pero el Bien Común, tal cual, es un elemento esencial de la Doctrina Social de la Iglesia desde hace más de 60 años y Zamagni lo que hace es darle estructura y hacer una propuesta viable. Creo que se complementan estas propuestas con otras como la economía del don o la economomía humana.
Un saludo.

Joaquín Galán dijo...

Muy de acuerdo con gran parte de la entrada,el capitalismo salvaje que padecemos nos llevará a la esclavitud, sin duda.
No había oído hablar de Stefano Zamagni y, en principio, cualquier voz que se alce en contra de ese capitalismo voraz e insaciables es bienvenida pero no estoy de acuerdo con el hecho de que la solución venga desde la iglesia y su doctrina social ya que entiendo que la llamada doctrina social de la iglesia está basada en el concepto rey de su ideología, la caridad. Y,para mí al menos, la caridad es el mayor aliado de los que mueven los hilos de la economía capitalista ya que la venden como sustituto de la justicia que es al fin y al cabo lo que más demanda la humanidad y lo que a la postre acabaría con la dictadura capitalista.

Saludos.

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