He tenido ocasión de presentar Evangelii Gaudium (EG) el día de la Acción Católica, celebrado en Pentecostés, este año en la parroquia de Cristo Rey del barrio de la Flota de Murcia. La invitación se me hizo para presentar la Exhortación Apostólica, pero después recibí la información que la Conferencia Episcopal enviaba para tal celebración. En ella se hacía especial mención a Christi fideles laici (CFL), documento de las mismas características magisteriales, Exhortación Apostólica tras un sínodo sobre la nueva evanglilización, pero de Juan Pablo II. La excusa para amarrar la reflexión de EG a CFL es la celebración del 25 aniversario de esta última. En la mente de la Conferencia Episcopal, entiendo, estaría el hecho de que son dos documentos que tienen que ver con el laicado y la fiesta de la Acción Católica y el Apostolado Seglar son, creerán ellos, una festividad del laicado. Así es que no hay mejor celebración para los laicos que leer CFL a la luz de EG. Hubiera sido el acabose, que decimos por aquí, que nos obligaran a leer EG a la luz de CFL. Y es que muchos siguen sin enterarse que con Francisco hemos inaugurado un tiempo nuevo, un tiempo realmente distinto, tan distinto que ya no nos sirven los viejos odres; este vino nuevo es demasiado fuerte para esos odres.
Se ha dicho que EG es un texto programático, y es cierto. Además, es una Exhortación con vocación de Encíclica, y, creo, es el primer documento magisterial del tercer milenio. Su contenido es tanto una respuesta a las búsquedas del siglo XX, como la consecuencia de las necesidades de la Iglesia en el siglo XXI. Se trata de un documento programático que estructura su visión de la Iglesia Católica en cuatro grandes ejes transversales:
1. Vuelta a la alegría del Evangelio.
2. Una Iglesia en salida: la exodalidad como nota característica de la Iglesia del siglo XXI.
3. Un nuevo compromiso comunitario que construya otro mundo como posible.
4. El Reino de Dios como proyecto único de la humanidad; la Iglesia a su servicio.

