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miércoles, 16 de febrero de 2011

La verdadera fórmula de la Coca-Cola


Según se ha publicado, la fórmula de la Coca-Cola ha dejado de ser el secreto mejor guardado de la historia. Se decía que sólo dos personas la conocían y que no podían viajar en el mismo medio de transporte para evitar que un accidente acabara con la misma. La empresa dice que está guardada en la caja de seguridad de un banco de Atlanta, ciudad sede de Coca-Cola. Pero ahora dicen que fue publicado hace veinte años en un periódico de Atlanta. La fórmula la pueden leer en el enlace (fórmula) o leyendo la imagen que acompaña el post. Tan importante como los ingredientes son las cantidades y el modo de elaboración, por eso el típico sabor de la bebida refrescante más importante del mundo no ha podido ser imitado. Sus ventas aumentan cada año y su presencia pública es absoluta. Estamos ante la marca líder mundial y el vehículo del american way of life. Pero creo que los medios se han confundido y la verdadera fórmula de la bebida sigue sin publicarse aunque no es secreta. De hecho, son muchas las marcas que la utilizan. Veamos cuáles son los verdaderos ingredientes, las cantidades y el modo de mezclarlos.

domingo, 29 de marzo de 2009

El mercadeo del ser humano


Una de las falacias más extendidas entre todos los economistas y aún historiadores es que el modelo económico originario del ser humano fue el trueque. Nos dicen, y convierten esto en un mantra que tiene grandes utilidades legitimadoras, que los hombres primitivos intercambiaban productos en una especie de "mercado" rudimentario. Así, cambiaban anzuelos y hachas, frutos y pieles, collares y herramientas. El intercambio era espontáneo y respondía a las necesidades del momento. Con el devenir de los siglos, este sistema se perfeccionó, dando lugar a la economía de mercado autorregulado de la que disfrutamos en la actualidad, el mayor y mejor logro económico de todos los tiempos, y ley natural de la economía humana (Smith dixit).

Pero esto no es más que ideología en estado puro. En primer lugar porque la economía primitiva y hasta bien entrada la era moderna, se basaba en principios muy otros que los del mercado. El mercado requiere que el valor de uso de un producto se convierta fácilmente en valor de cambio, y eso no se dio ni en el mercantilismo. El valor de uso de un producto es el valor real, el valor de cambio se da cuando el producto se convierte en mercancía, es decir, en portador de un valor distinto al del uso. Un saco de patatas tiene un valor de uso concreto: alimentar al hombre mediante sus propiedades nutritivas, pero puede tener un valor de cambio, cuando puedo obtener otro producto por intercambio. Ahora bien, ese otro producto, que puede ser una silla, lo quiero por su valor de uso, con esto tenemos que la finalidad del intercambio vuelve a ser obtener un uso de un producto. La economía de mercado, tal como hoy se entiende, no tiene esa finalidad, muy humana, sino otra más crematística: obtener una ganancia con la compra y la venta. No se trata de satisfacer una necesidad humana, sino de obtener un plus, un beneficio. Vendo las patatas, no para comprar sillas, sino para obtener un beneficio que me permita comprar sillas que después venderé para comprar otra cosa. El fin es el beneficio, no la satisfacción de una necesidad. He ahí el mercado puro y duro.
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