sábado, 10 de marzo de 2012

¿Qué hacer?

A todos los que queremos que exista la posibilidad de salir con bien de este mundo en el que estamos metidos y vivir de verdad una humanidad plena, la pregunta que más nos lacera, la que nos deja paralizados, la que nos impide realmente proponer algo que sea considerado útil es esta: ¿qué hacer? Desde hace mucho tiempo lleva esta pregunta rondando a los que nos alistamos en las filas de la alternativa real a este mundo de muerte y prevaricación. Es la pregunta clave, aquella que nos deja sin palabras, la que nos lanzan como dardo envenenado los defensores del modelo actual. Ellos, muy realistas, nos dicen que no hay alternativas, que hagas lo que hagas lo harás dentro del modelo, paradigma le llamo yo, capitalista y que por tanto no existe el afuera.
Todo está dentro del sistema, todo está engullido por el modelo, no hay nada que le pueda hacer caer, pues hasta las alternativas acaban fortaleciéndolo. Pensemos en el socialismo que mediante su versión más risible, la socialdemocracia, acabó apuntalando al sistema y, de paso, eliminando a los verdaderos revolucionarios, como fue el caso de Rosa Luxemburgo. Pensemos en el movimiento feminista, integrado en todos los partidos defensores del sistema. Pensemos también en el ecologismo y en todos los movimientos contraculturales habidos hasta la fecha. Todos, sin excepción, han terminado haciendo más grande a la Bestia. Nada escapa a su mirada, su número está marcado a fuego en nuestras frentes.
Creo que el error está en la misma pregunta y en intentar contestarla. Cuando los apologetas del sistema preguntan qué proponéis, cuando los que quieren cambiarlo preguntan qué debemos hacer, están entrando dentro del sistema. Una vez metidos en la retórica de la acción, del productivismo, estamos insertos de lleno en el modelo economicista de productividad a toda costa, de lucro desenfrenado, lo que sucede es que se trata de un lucro muy otro, es el lucro de las ideas. Se basa en el supuesto que las ideas, los sentimientos, las sensaciones, como el trabajo y los recursos, deben ser productivos, de ahí el sesgo productivista del interrogante ¿qué hacer? Occidente entero, toda la modernidad, se ha creado en torno a este mantra activista, hijo de una manera de ver el mundo que se ancla en el subjetivismo, el individualismo y la razón técnica. ¿Qué hacer? se convierte así en el arma y en el campo de batalla, ocupa todo el escenario y el supuesto crítico del sistema acaba engullido por él aún antes de empezar la batalla.
La única manera realista de salir del sistema es no caer en su estratagema. Hay que situar la batalla en otro terreno, no podemos luchar en su territorio. Lo primero invirtiendo la pregunta: ¿qué haréis para evitar la catástrofe? Y en segundo lugar, planteando un santo decir sí, a lo Nietzsche. al revertir la pregunta hacemos recaer el onus probandi sobre el acusado, el sistema capitalista. Es él quien debe probar que el productivismo ilimitado, que el uso intensivo y extensivo del planeta, que la reducción del hombre a consumptor, que la eliminación de las diferencias, son viables en el futuro. Y no nos puede servir el fácil recurso al cambio tecnológico, eso ya lo rebatió uno de ellos, Daniel Bell, en su clarividente Las contradicciones culturales del capitalismo. Ellos han de probar que esto es viable y al no poder, quedará claro que es un sistema llamado a la extinción. Entonces, debemos dejar claro que nada queremos saber de él y que nosotros tenemos nuestro modelo, al que yo he llamado economía del don y otros llaman de otra manera. Hemos de quitarnos de la cabeza que ir hacia otro sistema desde este se realizará por pasos progresivos, no, no hay evolución posible desde el capitalismo hacia otro modelo. Leyendo a Jay Guold, lo que habrá es exaptación, es decir, un cambio radical sin continuidad con lo anterior. La humanidad habrá de exaptar o morir y ahí es donde estamos nosotros. Cuando llegue el día, estaremos preparados, porque no habremos perdido ni un minuto en discutir qué hacer y porque habremos dedicado todas nuestras energías a otro mundo. Por eso, la pregunta no es qué hacer, sino esta otra, qué no hacer.

Por cierto, el 3 es porque el blog cumple hoy tres añitos.

10 comentarios:

Martín dijo...

Enhorabuena por el cumple. Definición de realismo: lo diferente de lo moral, lo que está en conformidad con lo que hay y no con lo que debería haber, atenerse a la naturaleza humana en lugar de condenarla y pretender corregirla mediante edificantes discursos. Realismo = homo homini lupus.

Joan dijo...

Felicidades por los tres años.

Es un razonamiento que me parece impecable, el amor no pretende una utilidad, sin embargo si supone una solución. Nada hay más difícil que el sectario demuestre que su secta no es una prisión. Por tanto entiendo que la percepción que tú tienes, y yo tengo, de caminar hacia un abismo y con la maquina a todo gas, no es una percepción generalizada. El apocalipsis es un cuento de viejas.

Ahora bien yo añadiría que es necesaria una preeminencia absoluta de la mujer, una civilización de la mujer y todo lo que ella encarna, todos sus valores. Lo que vivimos sigue siendo la barbarie guerrera del hombre como ser masculino. La civilización del hombre es un fracaso, ha fracasado, es una civilización de muerte.

Sin que lo que voy a decir signifique un llamado a la inmovilidad (pienso que es nuestro deber actuar en el máximo de espacios, asociaciones, sindicatos, etc.) creo que esta conversión de sistema será obligada y traumática, creo que la actual coyuntura es de una ceguera y egoísmo tales que por fuerza va a chocar con la Verdad y la Vida.

Ayer vi un par de reportajes en canal 33 (segunda televisión catalana y a un abismo culturalmente y de calidad respecto al espectro TV nacional) uno sobre la resistencia en la 2ª guerra mundial en la red ferroviaria francesa y otro sobre los voluntarios escoceses de las brigadas internacionales en nuestra guerra civil. Una cosa que me llamo la atención era que todos los actos de resistencia ante la barbarie, fuero de individuos no organizados. Los ojos de los supervivientes de ambas guerras y de los que en ese momento eran niños y ahora adultos eran pozos de belleza, sus testimonios imprescindibles y conmovedores.

Aún hay un amplísimo espacio dentro de nosotros para hacernos mejores, para que la palabra se haga carne. Yo tengo una prueba que no me falla, cuando releo por ejemplo a William Law (El espíritu de Oración editorial Yatai) tengo un subidón de luz, que invariablemente decae, y desaparece. ¿Por supuesto como puedo vivir aquello que solo cojo de prestado (intelecto) si no forma parte de mi ser, de mi sangre? Pero cada vez que comprendo y tomo partido por la Luz, por la Verdad, a través de la experiencia de los otros, y consigo que sea mía (no por posesión, si no por asimilación), entonces estoy un poquito más cerca de ser humano.

Un abrazo.

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Soyon realistes, demandons l'imposible, decían los del 68. El único "realismo" que no mata es ese, el que se abre a la utopía. Es la línea de los profetas que recogen los apocalípticos: Dios va a intervenir en la historia llevando a plenitud su amor, puesto que algunos hombres son capaces de destruirlo. Yo no creo en el "as en la manga", pero sí tengo claro que el ser humano tiene una gran capacidad de comprenderse en el mundo. El cambio llegará, pero no sin nuestra alternativa. Hemos de hacer posible para los que nos rodean, lo que les parece hasta impensable, en la educación, en el trabajo diario, en la familia...

Miguel Ángel dijo...

Leyendo el Evangelio, por ejemplo al estilo de Pagola, es muy fácil caer convencido ante la “civilización del amor” que Jesús predica con el título “Reino de Dios”. Comprendo a las multitudes, quizás sólo una pequeña agrupación humana, que iban tras de él deslumbradas, o más bien entusiasmadas, porque veían realizándose en sus palabras y en sus gestos todas las promesas que Yahveh había ido haciendo a lo largo de la historia de su pueblo. En Jesús el futuro se hacía presente.

En esa misma alegría y esperanza vivieron los primeros cristianos, la Iglesia del principio.

Cada vez que un grupo eclesial, abrazando los principios evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, se constituía como entidad no separada pero sí significativa, de alguna manera pretendía encarnar ese futuro y desde él ofrecer un ejemplo, un testimonio, de que es posible aquí y ahora; ya, esto es, así es.

No voy a recorrer toda la historia, que es de todos conocida:

La Utopía de Tomás Moro, la revolución francesa, la independencia de los estados unidos de américa, la primavera de praga, la otra primavera china, incluso el movimiento liberador de américa central y del sur…

Más próximo a nosotros el mayo del 68 y el 15M… El grito de Hessel y el ejemplo de tres personas a quienes acaban de homenajear el otro día en Madrid, -Lois, Díez Alegría y Llanos.

¡Vaya si sabemos el qué y el cómo!

Pero resulta “subversivo”. Incomoda y amenaza al poder, que tiende a borrarlo del mapa. Al resto le resulta “muy costoso” y prefiere buscar un atajo para hacerse un cielo de diseño personal; antes yo que todos, primero mío que nuestro.

No me queda sino aceptar que ese reino “no es de este mundo”, aunque se prepare desde aquí. Como dice la canción, “también será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro, la lleguemos a ver, pero habrá que forzarla para que pueda ser”.

Miguel Ángel dijo...

No es porque a “la tercera va la vencida”, sino porque tres años en el mundo de los blogs con la profundidad con que te manejas tiene mucho, pero que mucho mérito. Así que ¡Enhorabuena!
Y a por otros tres, por lo menos…

(Ayer se me pasó con las prisas)

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Gracias, Miguel Ángel. Mi enhorabuena es para ti también, que sigas en la brecha.

Literatura dijo...

Bernardo, felicidades por tus análisis. Aun siendo un escéptico, no puedo dejar de considerarte uno de los autores más lúcidos ante la realidad.Incluso diría, uno de los muy poco pensadores lúcidos.
Tenemos perdida la guerra, pero, al menos, sabemos que no somos de su bando...

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Ya sabes, Literatura, que "escéptico" proviene del griego "skipsis", buscar. Todos somos buscadores, tú de los más intrépidos del panorama editorial español, de lo contrario te habrías hecho rico, pero ahí estás, dando batalla.
Ánimo!

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Perdón, "skepsis".

Anónimo dijo...

Gracias y enhorabuena, hermano.

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