Mostrando entradas con la etiqueta Estado de excepción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estado de excepción. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de agosto de 2014

The Shitstorm Society

La sociedad digital se está transformando a pasos agigantados en una sociedad del escándalo. La era de la sociedad del espectáculo de Guy Debord ha llegado a su fin. La mercancía no son los objetos que encandilan a los consumidores con sus reflejos cuasi divinos y los arrastran a la trampa del materialismo hedonista. ¡Ojalá los hombres estuvieran aún atrapados en el tener que deviene aparecer! Hoy ya ni eso. Debord criticaba la pérdida del ser en el tener y éste en el aparecer, pero hoy nos vemos ante la anulación de la misma apariencia en la fugacidad del brillo del instante. La apariencia, al fin y al cabo, sigue conservando una reverberación del ser que fue. La apariencia, aunque simulacro, no deja de ser un vástago del árbol de la ciencia, un hijo legítimo aunque estéril, del que no saldrán más ramas para que siga creciendo el árbol, pero que bebe de la misma raíz; siempre cabe hacer un injerto y que el vástago borde engendre hijos legítimos que nos permitan la promesa de feracidad futura.

La mercancía, en la sociedad del escándalo (skandalon, trampa, piedra de tropiezo, pecado), es el empujón, el tronco en el camino, para hacer caer al hombre en la insignificancia, la nulidad de su ser. El ser humano mismo es usado como la piedra de tropiezo para sí mismo y los otros mediante la extensión de la sociedad digital, los medios de comunicación y las redes sociales. No hay distinción entre el el consumo y lo consumido, entre la información y la mercancía, entre lo público y lo privado. Byun-Chul Han lo ha expuesto sucintamente en su última obrita en Herder, En el enjambre: la sociedad digital es una extensión de la sociedad masa moderna en los medios de desprivatización de lo humano. Lo público debe ser el lugar del respeto, donde los hombres nos identificamos y nos reconocemos, mientras lo privado es el lugar del autorreconocimiento de la identidad personal. La sociedad red ha barrido las diferencias y lo público se expone como si se sacaran las vísceras al sol. Lo privado desaparece y sólo queda una hiperexposición de los yoes sin ninguna identidad.

La sociedad digital del escándalo es la muerte definitiva de la posmodernidad. La posmodernidad es a la modernidad lo que la apariencia al ser: un vástago borde y estéril, pero que conserva la raíz que permite un injerto que vuelva a dar fruto. La sociedad del espectáculo aún permitía albergar esperanzas; la sociedad del escándalo es la muerte de la esperanza. El único remedio posible es talar el árbol, arrancarlo de raíz y plantar un árbol nuevo en una tierra no infectada. La sociedad red digital sólo permite la existencia de una miriada de individuos preprogramados para ejercer su función de producción-consumo-destrucción-producción, cual un enjambre donde la estructura genética determina la función de los miembros del mismo. El poder reside en el código de programación del enjambre y sus individuos, la soberanía reside en quien controla el enjambre de la red digital.

viernes, 11 de julio de 2014

Stato di Eccezione, État de siège.

Agamben y Camus leídos de perfil por un primer ministro, es decir, mal leídos y tergiversados, pueden ser peligrosos. Porque lo blanco bien puede tornarse negro, gris o verde, dependiendo de las necesidades particulares del susodicho. Sin embargo, parece que algún gobierno cercano lo está haciendo, digo, están leyendo las obras emblemáticas del filósofo italiano y del literato francés, y lo están haciendo de conjunto, produciendo una absorción de los contenidos en una especie de híbrido, un hipogrifo político, un Estado de sitio de excepción. Creo que es la única forma que tienen los actuales gobernantes del reino de España de retener su mando por delegación. Gobernar por decreto, modificar las leyes para que den la razón al poderoso contra la población, establecer un terror social a quedar fuera de los sistemas de protección son los medios copiados a los totalitarismos del siglo XX que permite a una minoría gobernar sobre una mayoría durante algún tiempo, aunque no podrá ser posible durante mucho tiempo.

Giorgio Agamben, en Homo Sacer II. Estado de Excepción (Pre-Textos, 2004), explica el proceso por el que la ley es torcida, torturada, con el estado de derecho instituido en la mano, sin salirse literalmente de la constitución establecida, pero dando los pasos hacia un estado totalitario. Así hicieron Hitler o Musolini y así hacen hoy sus fieles herederos. Agamben lo explica perfectamente: “la declaración del estado de excepción ha sido sustituida de forma progresiva por una generalización sin precedentes del paradigma de la seguridad como técnica habitual de gobierno” (p. 27). Aplicado a la forma de gobierno que padecemos en la piel de toro, se gobierna a golpe de decreto con la excusa de la extrema necesidad de la situación, modificando de forma progresiva el marco legal en el que se desenvuelve la sociedad española. Pero es peor aún, porque se aplica de forma sistemática “una medida ‘ilegal’ pero perfectamente ‘jurídica y constitucional’ que se concreta en la producción de nuevas normas (o de un nuevo orden jurídico)” (pp. 43-44), con lo que el resultado final es un nuevo marco legal a partir del marco legal previo pasando por la ilegalidad de las leyes intermedias, ilegales, pero ajustadas a derecho. Esta contradicción es la que marca la diferencia entre un Estado de derecho y un Estado de excepción.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...