Vivimos, según Byung-Chul Han, en la sociedad del rendimiento que conduce a la sociedad del cansancio. El ser humano es puesto ante la necesidad de producir más, generar más, obtener más, tener más, siempre más y más, sin tener una meta final definida, pues siempre podrá dar un poco más de sí para obtener un mayor rendimiento. Las empresas ponen objetivos de rendimiento y el que no los cumple tiene serios problemas. Me comentan, por ejemplo, que en una gran cadena comercial de supermercados, las cajeras, pues son mujeres en su inmensa mayoría (quizás por el nombre de la cadena), deben atender a un número determinado de clientes por hora, independientemente de la cantidad de compra que lleve cada cliente. Esta política empresarial ha producido en los últimos tiempos que cada vez sea menor el tiempo dedicado a hablar con los clientes y, claro, el grado de simpatía disminuye, pues debe rendir tanto como marca el objetivo empresarial, de lo contrario tendrá problemas con los jefes. Este rendimiento tasado lleva, inevitablemente, al cansancio y al estrés laboral. De la misma manera, en el resto de la sociedad sucede lo mismo.
Si pasamos del ámbito laboral al personal, vemos cómo, desde los medios de comunicación y desde la misma escuela, se presiona a los jóvenes para rendir más, para dar una imagen de rendimiento y productividad: el gimnasio para tener un buen aspecto físico, el inglés para mejorar el currículo, las clases de baile para no dar la nota en las fiestas, el yoga para relajar el cuerpo y "encontrarse con uno mismo", las clases aceleradas de cocina y los cursos intensivos de enología. Todo está programado para incrementar las competencias personales, sociales y laborales, de modo que la empleabilidad y la socialidad de las personas aumente de forma exponencial. Todo esto es muy cansado y el ser humano acaba por resentirse. En la sociedad de consumo de sí mismo, el hombre acaba por ser un producto más de consumo, él mismo es el producto; acaba agotado, estresado y con una enorme sensación de vacío y nihilidad. Se trata del hombre lleno de nada, pues no está vacío simplemente, está lleno, está colmatado de cosas y cosas que lo llenan de una nada apabullante.

