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miércoles, 21 de octubre de 2015

Remember!

Olvidar el pasado es la forma más segura de repetirlo. Echemos un ojo a lo que sucedió en Alemania en 1933. Tras una exigua victoria, el partido Nazi se hace con el poder con el consentimiento de la derecha tradicional alemana. Hitler apenas había obtenido 11,5 millones de votos, frente a los más de 13 millones de las fuerzas opositoras. Fueron los grandes empresarios los que presionaron para que formara gobierno Hitler. Cuatro semanas después, el 27 de febrero ardía el Reichstag y culpaban a los comunistas. Hitler, quien seguramente dio orden de tal incendio, aprovechó para pedir al presidente de Alemania el estado de excepción. Persiguió y encarceló a los comunistas y otros opositores e ilegalizó el Partido Comunista. Tras esto, convocó nuevas elecciones y las ganó por muy poco. A pesar de todo, la oposición obtuvo 12 millones de votos. El siguiente paso fue abolir la libertad y los partidos políticos y, a la muerte de Hindenburg, se proclamó jefe del Estado. El resto, ya lo conocemos.

De aquellos hechos deberíamos aprender que la barbarie es muy astuta y sabe perfectamente cómo debe actuar para ir menguando las fuerzas del enemigo. Sobre todo, se aprovecha de la puerilidad de los opositores, divididos y peleados entre ellos, cuando si hubieran sumado sus fuerzas, Hitler no habría llegado al poder por medios aparentemente legales. Tendría que haber dado un golpe de estado en toda regla, no un golpe de estado con apariencia de legalidad. Bien sabemos que las potencias capitalistas, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, dejaron hacer a Hitler para frenar el comunismo soviético, pero si la oposición democrática a Hitler hubiera actuado conjuntamente, es probable que las cosas hubieran sido de otra manera.

Hoy nos sucede algo parecido. Estoy seguro que somos mayoría los que no queremos que en este país se acabe con el bien común y se someta nuestra economía a la tiranía del mercado sin más control que su propia codicia. Si preguntamos a los españoles si en conciencia creen que es mejor un sistema privado de salud y de educación que uno público, la inmensa mayoría dirán que no. Si preguntamos si es mejor la solidaridad y la justicia que el egoísmo y la avaricia, todos dirán que sí. Si proponemos un modelo de sociedad individualista y egoísta, todo el mundo la rechazará. Entonces, por qué motivo la gente vota opciones partidistas que aplican esos mismos modelos que la gente rechaza. Pues, lo hace porque en sus mentes funciona algo que conocemos como ideología. La ideología es una conciencia falsa de la realidad, por la cual, uno cree ser cierto en la realidad lo que es en su mente. Normalmente se inculca en casa, en la escuela y en los medios de comunicación y pasa a formar parte de nuestra forma de ser y pensar. 
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