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viernes, 30 de diciembre de 2016

Asignatura pendiente: amar nuestra patria.

Utilizando el símil escolar, el año que acaba nos deja las mismas asignaturas pendientes que el curso anterior, el 2015. Hemos perdido un año entero viendo si eran galgos o podencos. Y ha pasado lo que tenía que pasar, que seguimos en las mismas. Ninguno de los problemas acuciantes que tenemos se han resuelto e incluso se han agravado, ayudados por el calmante inyectado en vena por parte del Banco Central Europeo. Es necesario recordar que, allá por el año 2012, la economía española estaba en la UCI (utilizo a propósito la metáfora que tanto gusta a los economistas neoclásicos), a punto de perder las constantes vitales. Era cuestión de meses que España entrara en suspensión de pagos, con una deuda pública de más de 800 mil millones de euros y prima de riesgo por encima de 500 puntos básicos. Esa era una situación extenuante para las arcas públicas, pues por mucho que creciera la economía no habría manera de pagar tales tipos de interés. Pues bien, cuando Merkel se cercioró de que el nuevo gobierno seguiría la senda que le marcaba, cuando pidió el rescate de la banca española, solo entonces dio orden al Banco Central Europeo para que metiera en vena las transfusiones necesarias para sostener la economía española. Dicho de otro modo: solo cuando el gobierno aseguró que pagaría su deuda con el Deutsche bank, Alemania permitió que se aliviara la situación española, pues el rescate a la banca española es un rescate indirecto a la banca alemana, como sucedió con Grecia.

 Y aquí tenemos los males de la economía española, pero ahora multiplicados por diez. El nuevo gobierno de 2012 accedió con la promesa de recortar la deuda, porque argumentaban que no puede haber crecimiento económico con una enorme deuda, y tenía razón. Es necesario sanear las cuentas públicas. Pues bien, en cuanto vieron venir el río de millones transfundidos a las entidades financieras españolas y la compra de activos de deuda soberana del BCE, se acabó toda la preocupación por la deduda. En cinco años la deuda pública española se ha disparado. Todo el crecimiento económico que vemos en este tiempo es a deuda, por tanto falso. Ahora tenemos más deuda, el mismo déficit y menos capacidad propia para la generación de riqueza, pues se ha destruido capacidad industrial y los empleos que se crean son de escasa productividad. En resumen, estamos mucho peor de lo que estábamos antes de 2012. Pero lo peor es que creemos estar mejor. Los medios de comunicación no paran de lanzar las campanas al vuelo con la superación de la crisis. El discurso del Rey en Nochebuena fue la constatación de que el discurso oficial da por superada la crisis. Por tanto, volveremos a las andadas: fomento del gasto innecesario, inversión improductiva y, cómo no, otra vez la especulación. Los bancos ya están en ello. Apenas hemos pagado la ronda anterior entre todos y ya se está preparando la ronda siguiente. Por supuesto, que todos pagaremos a escote.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Good bye crisis!

Ya he visto el anuncio de la lotería, no porque yo vaya a comprar, claro, nunca compro lotería y no lo hago por motivos de identidad personal que cuando los cuento en serio la gente me mira raro. Si yo comprara lotería para que me tocara, como debe ser si se compra, lo que estás indicando es que tu vida es una miseria que no quieres vivir y que prefieres otra vida distinta. Dicho de otra manera, que tu vida es una mierda que no vale la pena ser vivida. Como mi vida sí me vale la pena vivirla, pues no compro lotería. Sí, ya sé que muchas veces se compra por compromiso, por si le toca al otro y a ti no, por si tal y cual, pero en el fondo, si tú compras un décimo para que te toquen los millones que sean, estás reconociendo que no estás satisfecho con tu existencia y que, peor aún, unos millones lo arreglarían. Lo cual no deja de ser un reconocimiento claro de la banalidad de la existencia.

Bueno, a lo que voy. Que ya vi ayer el anuncio de la lotería de Navidad y cuando terminó me quedó claro que quien estaba engañando era la abuela o la madre. Ella es la que se hace la loca y les dice que le ha tocado, con la finalidad de levantar el ánimo de toda su familia. Si todos nos ponemos de acuerdo en creer algo, ese algo será real, al menos en sus efectos, aquí es donde está la cuestión central del anuncio: Si todos nos ponemos de acuerdo en que ya no hay crisis, en ser felices, si vivimos como si fuéramos felices, seremos felices. Creo que este anuncio está inspirado en una película de hace unos años, Good bye Lenin, en el que una mujer entra en coma antes de la caída del muro de Berlín y cuando despierta ha desaparecido el comunismo, siendo ella miembro del partido comunista. Su hijo transforma toda la realidad para que su madre no vea lo sucedido, es decir, intenta evitar a su madre el shock de la caída del muro ocultando la realidad. En este anuncio se nos muestra una familia, y todo un pueblo, que, al estilo de la apuesta pascaliana, le sigue el juego a la madre o abuela para vivir una realidad distinta.

martes, 3 de mayo de 2016

España puede ser Grecia

Ya hemos olvidado aquel slogan que machacaban los medios españoles como si fuera un exorcismo: España no es Grecia. Lo decían, a veces con la boca pequeña, para dejar claro que aquí no podía pasar lo que allí estaba sucediendo. Aquel 2012 fue muy duro para Grecia, prácticamente quedó abierta en canal su economía. Los que tenían dinero se lo llevaron, provocando una descapitalización brutal de la economía. El BCE cerró el grifo y eso llevó a Grecia a no poder pagar ni las deudas ni los salarios ni nada. Esto obligó a Grecia a pedir un rescate que puso su economía bajo el dominio de los bancos alemanes, que son quienes más interés tenían en el rescate bancario de Grecia, una forma indirecta de salvar al Deutsche Bank. Mientras, en España se decía que no, que nosotros no somos como ellos y que aquí no podía pasar nada parecido. Ni el dinero se marchaba de España, ni el BCE había cerrado el grifo, ni España estaba en bancarrota. Y así fue, en parte. El gobierno Rajoy pactó un salvamento de la banca española que no era sino, otra vez, un salvamento indirecto del Deutsche Bank. A cambio de no rescatar al país entero, Merkel concedió a Rajoy rescatar a la banca para pagar toda la deuda con Alemania. Como Rajoy cumplió con su parte, pagar la deuda de los bancos alemanes, el BCE, donde manda Alemania, abrió el grifo, primero un poquito, a final de 2012, y después a chorro. Entre 2013 y 2015, en tres años, España se ha endeudado más que en los tres años de crisis de Zapatero. Zapatero aumentó la deuda de 550 mil millones a un billón y Rajoy lo ha llevado hasta los 1,55 billones de euros.

Pues bien, estamos en el mismo lugar que estaba Grecia en 2012, y no es una mera coincidencia económica, también lo es política. El 26 de junio habrá elecciones y es posible que un gobierno distinto al del PP pase a gobernar España. Lo primero que tendrá que hacer es una auditoria de las cuentas públicas, sobre todo del PIB, porque hay indicios cada vez más importantes de que desde 2008 se están falseando las cuentas públicas. Según el economista Roberto Centeno, la falsificación afecta tanto a Zapatero como a Rajoy y supondría reducir el PIB un 20% del actual. Si se demostrara esto, la deuda no sería de un 120 %, sino de un 150%, lo que la haría absolutamente impagable. España no podría financiarse a no ser que el BCE siguiera inyectando dinero tan alegremente como durante la época de Rajoy. Pero es muy probable que con un gobierno de otro signo, el BCE cierre el grifo como castigo a otras políticas económicas. Este cierre del grifo llevaría a España a la bancarrota, pues con otro gobierno es muy posible que hubiera una desbandada de capitales que busquen seguridad. Sin dinero en la caja, con la recaudación fiscal hundida, los salarios por los suelos y un nivel de paro de más del 35% real, los datos actuales son falsos, el nuevo gobierno no tendría más remedio que pedir un rescate o abandonar, dejando claro que no hay alternativas a la política económica llevada por Rajoy.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Remember!

Olvidar el pasado es la forma más segura de repetirlo. Echemos un ojo a lo que sucedió en Alemania en 1933. Tras una exigua victoria, el partido Nazi se hace con el poder con el consentimiento de la derecha tradicional alemana. Hitler apenas había obtenido 11,5 millones de votos, frente a los más de 13 millones de las fuerzas opositoras. Fueron los grandes empresarios los que presionaron para que formara gobierno Hitler. Cuatro semanas después, el 27 de febrero ardía el Reichstag y culpaban a los comunistas. Hitler, quien seguramente dio orden de tal incendio, aprovechó para pedir al presidente de Alemania el estado de excepción. Persiguió y encarceló a los comunistas y otros opositores e ilegalizó el Partido Comunista. Tras esto, convocó nuevas elecciones y las ganó por muy poco. A pesar de todo, la oposición obtuvo 12 millones de votos. El siguiente paso fue abolir la libertad y los partidos políticos y, a la muerte de Hindenburg, se proclamó jefe del Estado. El resto, ya lo conocemos.

De aquellos hechos deberíamos aprender que la barbarie es muy astuta y sabe perfectamente cómo debe actuar para ir menguando las fuerzas del enemigo. Sobre todo, se aprovecha de la puerilidad de los opositores, divididos y peleados entre ellos, cuando si hubieran sumado sus fuerzas, Hitler no habría llegado al poder por medios aparentemente legales. Tendría que haber dado un golpe de estado en toda regla, no un golpe de estado con apariencia de legalidad. Bien sabemos que las potencias capitalistas, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, dejaron hacer a Hitler para frenar el comunismo soviético, pero si la oposición democrática a Hitler hubiera actuado conjuntamente, es probable que las cosas hubieran sido de otra manera.

Hoy nos sucede algo parecido. Estoy seguro que somos mayoría los que no queremos que en este país se acabe con el bien común y se someta nuestra economía a la tiranía del mercado sin más control que su propia codicia. Si preguntamos a los españoles si en conciencia creen que es mejor un sistema privado de salud y de educación que uno público, la inmensa mayoría dirán que no. Si preguntamos si es mejor la solidaridad y la justicia que el egoísmo y la avaricia, todos dirán que sí. Si proponemos un modelo de sociedad individualista y egoísta, todo el mundo la rechazará. Entonces, por qué motivo la gente vota opciones partidistas que aplican esos mismos modelos que la gente rechaza. Pues, lo hace porque en sus mentes funciona algo que conocemos como ideología. La ideología es una conciencia falsa de la realidad, por la cual, uno cree ser cierto en la realidad lo que es en su mente. Normalmente se inculca en casa, en la escuela y en los medios de comunicación y pasa a formar parte de nuestra forma de ser y pensar. 

domingo, 30 de agosto de 2015

La historia se repite, como farsa trágica.

Es conocida la frase de Marx en su Dieciocho brumario de Luis Bonoparte, cuando afirma que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa. En España está a punto de suceder lo mismo. Cuando llegaron las elecciones que Zapatero ganó por segunda vez en 2008, toda su acción política y económica se sustentaba sobre la negación de la crisis que afectaba a Estados Unidos. Escondido tras su Champion League y 'tenemos uno de los mejores sistemas bancarios' la política fue negar lo evidente y tirar hacia delante. No se previó lo que podía venir, no se intentó embridar a los bancos, no se legisló para que fueran ellos quienes cargaran con las consecuencias de sus actos. Al contrario, negando lo que se venía encima se intentaba exorcizarlo. Pero, es imposible evitar las consecuencias de los actos. Llegado el momento, la economía colapsó y los fuegos de artificio de la especulación y la mentira dieron paso al sufrimiento extremo. Tres millones de españoles perdieron su puesto de trabajo y el Estado se puso a salvar al putrefacto sistema bancario. Mediante inyecciones de dinero, avales y otros trucos contables, el Estado se hizo cargo de la descomunal deuda bancaria que había servido para el festín especulativo en el que se habían hecho de oro una ínfima parte de la población española y los bancos alemanes, holandeses y franceses que la habían cebado. 

Cuando se aprobó el primer rescate bancario en 2009, se nacionalizó la deuda que los bancos españoles habían contraído con los inversores extranjeros. Esto supuso un enorme 'riesgo moral', como gustan decir lo economistas, pues quien presta un dinero debe asumir el riesgo de impago. Si sabe que otro lo asumirá, nada impide que vuelva a dar dinero sin ningún tipo de miramiento. Si la banca no asume las consecuencias de sus actos y el Estado sale a su rescate, siempre tomará decisiones imprudentes que sólo pueden tener malas consecuencias para todos. Tras aquel rescate vinieron otros, hasta el punto de que toda la economía nacional pende de la deuda privada. Hasta 2009 teníamos un grave problema de deuda privada, ahora es de deuda pública, es decir, deuda privada nacionalizada. Los que la produjeron han salido inmunes, el resto quedamos con el problema.

miércoles, 5 de agosto de 2015

La saga de los amortales

La investigación científica médica, es un hecho, no está orientada hacia la resolución de aquellos problemas que más inciden en la población, sino a aquellos otros que más beneficios pueden reportar. Con los datos en la mano, vemos que se dedica cien veces más dinero a investigar la alopecia que la malaria. Que sepamos, nadie ha muerto de la primera, pero la segunda se lleva cientos de miles de vidas cada año. Esto forma parte de un modelo de desarrollo económico que, como denuncia el papa Francisco, no pone a las personas como el objetivo principal, sino el beneficio puro y duro. Por eso, la investigación para resolver problemas de fertilidad, que son los que aquejan a la población que más dinero tiene para pagarlo, es muy superior a otras investigaciones que de verdad aliviarían el sufrimiento de millones de seres humanos. Estoy pensando en las decenas de enfermedades raras que no tienen quien las investigue, ni siquiera el erario público lo puede hacer. Estoy pensando en la cantidad de medicamentos que tienen un precio prohibitivo para la mayoría de los habitantes de este planeta porque los derechos de patente están por encima de la vida de los seres humanos. Estoy pensando en la cantidad de recursos destinados a investigaciones sobre cosmética y otros afeites que bien podría dedicarse a sanar a los millones de hijos de Dios a los que una simple diarrea les cuesta la vida.

Sin embargo, lo que me resulta hoy más preocupante es cómo las empresas privadas de investigación médica, subsidiadas por el dinero de los Estados, están haciendo una carrera por ver quién consigue frenar el proceso de envejecimiento y de muerte. En sí misma, esta investigación no sería objetable desde el punto de vista moral. Frenar el envejecimiento y procurar una calidad de vida aceptable en la vejez forma parte del tratamiento, siempre paliativo, contra la muerte. El problema aquí es que se persigue que haya un segmento de la población, quienes lo puedan pagar que sea, técnicamente, amortal. No inmortal, porque eso no es posible dadas las limitaciones de la biología, pero sí amortal: los seres humanos privilegiados no morirían por efecto de la edad, sino por alguna otra causa más bien accidental.

lunes, 3 de agosto de 2015

¿Hacia una 'nueva normalidad'?

Si el lector hace una búsqueda en google con los términos 'nueva normalidad' verá que arrojan más de medio millón de entradas. Entre todas esas entradas, las hay que hacen referencia a la psicología de adaptación al cambio, incluso la resiliencia, a la moda, al cambio climático, a la política y, por fin, a la economía. Es esta última la que nos interesa, aunque las otras están muy relacionadas. Siempre que hay una transformación en las formas en las que el sistema económico y social se manifiesta, tenemos todo un aluvión de informaciones, desde distintos ámbitos que lo apuntalan. El término 'Nueva normalidad' hace referencia a una transformación rápida en algún ámbito que ha llegado con celeridad y a la que debemos adaptarnos sin más opciones. Se trata de un proceso casi mecánico al que no podemos oponernos y con el que es mejor estar a bien. 

Así, el cambio en los patrones climáticos, el aumento de 2ºC de media de las temperaturas del Planeta, es una realidad a la que simplemente hay que adaptarse, está ahí y nada más. No tiene sentido que nos planteemos qué hacer ni cómo para evitar ese aumento, está ahí y ya está. Lo mismo sucede con la economía y las nuevas reglas sociales que lleva aparejada. No es algo que nosotros podamos modificar, de ahí que debamos adaptarnos a ello. Los ideólogos de la la 'Nueva normalidad' intentan hacernos pensar que es un fenómeno inevitable, como la supuesta crisis, y que por tanto sólo podemos aceptarlos tal como es. Dentro de esta nueva normalidad está incluido el que nos preparemos para unas pensiones escasas y por tanto, a hacer planes de pensiones privados. También lleva aparejado el que la sanidad y la educación no sea universales y gratuitas, haciéndonos comulgar con la privatización sistemática de los sistemas públicos de servicios sociales. Es decir, con el desmontaje del Estado de Bienestar de los últimos 60 años.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Walking on the moon: una borrachera de mentiras económicas.

Nuestros dirigentes políticos, quiero decir, los que ponen la cara por los verdaderos gobernantes, parecen estar metidos en un burbuja de euforia, por no decir en una borrachera absoluta. Los mensajes que se envían a la gente parecen salidos de una agencia publicitaria y no del análisis de los datos reales que la economía nos muestra cada día. Desde hace unas semanas se insiste en que la recesión está a punto de terminar y que eso es la antesala de la salida de la crisis que ya ha cumplido cinco años. ¿En qué se basan para darnos tan supuestas buenas nuevas? Pues en que el PIB va a dejar de caer en el próximo trimestre, eso es todo. Sobre esa pequeña flor quieren construir una primavera completa, esperando quizás que los ánimos de los votantes, medidos ahora por los índices de confianza en las encuestas, basculen hacia su natural posición de sostén de un gobierno que consiguió una mayoría de votos antes de poner en práctica, tenía que ser antes, su verdadera política. Es muy posible que las cercanas elecciones alemanas estén ayudando a que las instancias financieras europeas mantengan la ficción maquillando las cifras, mediante una inyección espuria de liquidez en los mercados financieros, liquidez que tendrán que retirar tras las elecciones alemanas y cuando Merkel tenga otra vez asegurado el mando único de Europa.

sábado, 13 de julio de 2013

Luchar contra la riqueza como servicio al Dios de Jesús

Ilustración de "Nano" para Mª Ángeles López Romero,
  "Mamá, ¿Dios es verde?", San Pablo 2013.
Uno de los temas fundamentales para producir un cambio real en la situación actual del mundo está en poner claro el objetivo de la humanidad, y especialmente de los cristianos. Como en una enfermedad, si no disponemos de un buen diagnóstico será imposible establecer el tratamiento adecuado y, por tanto, sanar al paciente. De la misma forma, si no hacemos un claro análisis de las causas de la situación actual y marcamos los objetivos a conseguir, jamás saldremos de aquí, pues puede darse el caso de que estemos haciendo justo lo contrario de lo que se necesita. A mi parecer es eso lo que está sucediendo: hacemos lo que nos sumerge más y más en la crisis civilizatoria que nos consume. Especial atención merece lo que los cristianos estamos haciendo, pues tenemos además el Evangelio como norma y guía y, por tanto, deberíamos estar más clarificados en nuestras posiciones. Creo que Francisco está reconduciendo la barca de Pedro hacia el rumbo que había perdido, el del Evangelio, y lo está haciendo con una brújula muy clara: la pobreza, la sencillez, el servicio y la entrega. Pues bien, creo que falta dar un giro radical a las posiciones eclesiales, tanto de la jerarquía como de las instituciones mal llamadas de caridad de la Iglesia. Hemos de embarcar a toda la comunidad cristiana, al menos a los más de 1.000 millones de católicos, en una lucha sin cuartel contra la riqueza, no contra la pobreza, como medio para construir una realidad verdaderamente humana, que será a la vez el Reino de Dios predicado por Jesús, reflejado en los Evangelios y motor de un verdadero cristianismo.

martes, 2 de julio de 2013

"Esto es un infierno", John Rambo.

Como bien sabemos desde hace mucho, las crisis son etapas imprescindibles en la configuración del capitalismo. Es un sistema radicalmente en crisis: crisis de la naturaleza, sometida a la reproducción constante de sus recursos dentro del modelo productivista; crisis de la sociedad, obligada a entrar por la puerta estrecha de la producción y consumo; y crisis del mismo modelo que le obliga a reinventarse constantemente de modo, a lo Lampedusa, de que todo siga exactamente igual. Porque al capitalismo, en tanto que estructura infernal de reproducción ampliada del lucro, nada le importan las personas concretas, le importa mantener la estructura de segregación social, corazón que mueve el modelo. Digámoslo de una vez: el capitalismo es la destrucción planificada de todo lo existente subsumido en el proceso de generación del capital.

La crisis actual es la última de las crisis del capitalismo de la serie de la decena que hubo tras los famosos 30 gloriosos años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Tras la locura de los felices 20, llegó la amarga medicina de la recomposición del capital que duró unos veinte años, desde el 29 hasta el 48. Estos años supusieron la recomposición de la Tasa de ganancia, la reducción de la competencia interimperial y la aparición de un único imperialismo que tras la caída del bloque soviético degeneraría en la Globalización. El precio que tuvo que pagar el capitalismo por subsistir sin tener que enfrentarse a las revoluciones comunistas fue reducir los beneficios y mostrar, en Occidente, una cara amable, mediante la configuración del Estado de Bienestar. Durante más de 30 años existió un modelo de capitalismo amable que permitía a los trabajadores y clases medias vivir bien de su trabajo y olvidar las veleidades revolucionarias. Esos años sirvieron para adocenar al movimiento obrero mediante las prebendas otorgadas a las organizaciones sindicales e instalar una cierta mediocridad social. Pero el idilio duró poco. Tras la crisis del petróleo del 73 provocada por el abandono del patrón oro por parte de Nixon, el capitalismo fue consciente de los límites de la extensión del lucro y empezó un ataque inmisericorde contra cualquier estructura limitante, es lo que conocemos como Neoliberalismo.
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