Quizás estemos ante una de las situaciones de injusticia mayor de toda la historia por la cantidad y por la calidad de la misma. Hoy se hace muy difícil vivir con la conciencia lastrada por tantas injusticias. Por eso, la redención de cautivos, ayer y hoy, es una obra caritativa de primer
orden, pues el cautiverio no es el orden natural del ser humano en este mundo,
aunque sí sea el orden habitual de una parte de la humanidad bastante
considerable desde que surgen las grandes civilizaciones hace aproximadamente 5.000
años. El cautiverio fue un instrumento para obtener diversidad reproductiva en
los clanes paleolíticos o para conseguir monedas de cambio con otros grupos.
Pero fue durante la constitución de las grandes civilizaciones cuando la
cautividad empezó a ser utilizada para la obtención de mano de obra. Todos los
imperios han necesitado de esta estrategia para generar suficiente mano de obra
cuando en sus propias poblaciones no era posible encontrarla, sea porque la
escasez de la misma empujaba a su búsqueda allende las fronteras, sea porque la
penuria de los trabajos a realizar exigiera de prudencia a la hora del uso de
los propios habitantes y aconsejara el uso de otros seres humanos para ello. Así, la cautividad fue utilizada en
todos los imperios para proveer de mano de obra esclava para la realización de
las tareas gravosas o bien para la simple y pura reproducción material del
imperio. La guerra era el medio habitual para conseguir esta mano de obra,
aunque el sistema de endeudamiento también cubría una parte de esta necesidad.
Lo vemos en el Imperio romano, pero también lo podemos ver en el surgimiento de
la sociedad moderna, cuando el comercio de esclavos será la garantía del
rendimiento de las tierras del Nuevo Mundo y de las bolsas de valores del Viejo.
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lunes, 20 de noviembre de 2017
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