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miércoles, 20 de enero de 2021

Ordenación de mujeres en la Iglesia, ¿para cuándo?

Durante los primeros siglos hubo mujeres ocupándose de servicios estables en la Iglesia, es lo que conocemos como diaconado. Las diáconas tenían una función fundamental, pues una organización, del tipo que sea, no puede funcionar sin personas que se dediquen a tiempo completo y de forma estable, instituida. Así fue al principio y las Cartas de San Pablo así lo muestran. Después, la cercanía al Imperio fue generando unas estructuras de control eclesial radicadas en el sacerdocio ministerial ejercido exclusivamente por varones, lo que llevó a retorcer la estructura entonces tradicional y crear lo que ha llegado hasta hoy: para ordenar a un varón como sacerdote ministerial debe pasar por los estadios previos de las órdenes menores, el subdiaconado y el diaconado, convirtiendo estructuras de servicio en grados de ascenso al poder. De esta manera, la riqueza de servicios en la Iglesia queda acaparada por un modo de institucionalidad jerarquizada, patriarcal y, con el tiempo, gerontológica.

En el pontificado de Francisco se ha avivado el debate de la ordenación de las mujeres. El Sínodo sobre la familia estuvo marcado por este debate y el de la Amazonia por el debate de la ordenación de varones casados. En ambos casos no se dio ningún paso para cambiar el statu quo, pero ahora ha habido una pequeña modificación de éste: el Papa Francisco ha publicado el Motu proprio Spiritus domini para modificar el Código de Derecho Canónico, en su canon 230 § 1 con el fin de permitir la ordenación de mujeres para el lectorado y el acolitado, es decir, a lo que se llamaban órdenes menores. Esto podría parecer la apertura de la puerta al acceso al Orden sagrado, pero no es así. Lo que el Papa ha aprobado va más allá, en parte, y en parte se queda más acá, por eso ha defraudado a unos y a otros.

Lo interesante de este cambio está en la Carta que el Papa ha remitido al Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe,Cardenal Ladaria, explicando los motivos doctrinales que llevan a tomar tal decisión. Y aquí está la clave de todo: el Papa pretende modificar el derecho, pero también la doctrina. Este papado ha entendido que los ministerios en la Iglesia son servicios que tienen su asiento en el Bautismo, no en el Orden sacerdotal, y por tanto han de ser otorgados, mediante el procedimiento de ordenación habitual, a bautizados y bautizadas preparados para ello. La Iglesia ha estado perdida demasiados siglos, y sigue perdida en lo que afecta al diaconado, porque muchas mujeres en los primeros siglos, como vemos en las Cartas de San Pablo, fueron diáconas de las iglesias.

Ahora bien, este paso dado por el Papa deja a muchos, muchas, un mal sabor, porque lo que hace no es integrar a las mujeres en el Orden sagrado, sino sacar de este Orden los ministerios relegándolos a una función servil sin derecho alguno a remuneración, con la excusa de que nacen del Bautismo y son, por tanto, un derecho de todo bautizado o bautizada. El supuesto Orden sagrado sigue intacto, solo ha sido ‘depurado’. El paso que deberá dar la Iglesia en el futuro si quiere poner las cosas en el lugar donde deben estar es vincular el Orden sagrado al Bautismo.

jueves, 13 de febrero de 2020

Querida Amazonia: una bomba de relojería magisterial.

Era muy esperado este documento del Papa Francisco en el que debía recoger aquello que bajo su rúbrica se convertiría en magisterio eclesial. Por eso, eran muchos los que tenían grandes expectativas sobre este documento, puesto que las conclusiones del sínodo habían solicitado una reconsideración del ministerio en la Iglesia, con cambios concretos en la ordenación de sacerdotes casados y en la promoción de las mujeres al diaconado. Todo estaba centrado aquí tanto para progresistas como para fundamentalistas. Los primeros porque anhelan la posibilidad de abrir el sacerdocio a varones casados e incluso mujeres, los otros porque temen cualquier cambio en su estatus, recelan, con razón, que esos cambios menguarán su onmímodo poder eclesial. El documento Querida Amazonia ha defraudado a los más entusiastas progresistas, y entre los fundamentalistas se han escuchado suspiros de alivio. Pero ni unos ni otros han comprendido del todo que este documento es una bomba de relojería magisterial, es una bomba con explosión diferida. Lo intento explicar.

En sí mismo es un documento muy bello, expresa la cercanía y la preocupación del Papa por la Amazonía en la línea de Laudato Si', especialmente, pero también Evangelii Gaudium, y esto lo realiza mediante cuatro sueños: un sueño social, otro cultural, un tercero ecológico y el más importante, pues ocupa casi la mitad del documento, el sueño eclesial. El documento analiza con dolor todo el sufrimiento que se ha producido a las personas y a la naturaleza en aquella región del mundo, un sufrimiento que clama ante nuestra conciencia, pero también expresa los compromisos para avanzar hacia una integración humana y ecológica que permita una vida verdaderamente humana, sin opresión e injusticia. Resulta muy interesante ver cómo está perfectamente conectado lo eclesial con el resto de realidades, de modo que las transformaciones necesarias en la Iglesia deben salir de las necesidades que demanda la necesaria revolución social y cultural a la que los cristianos en la Amazonia están llamados. Es decir, lo eclesial debe saber responder a las realidades y circunstancias, se trata de la necesaria encarnación de lo cristiano. El Papa lo expresa de esta manera: "Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos", y aquí está la clave: será la Iglesia amazónica la que deberá decidir cómo ser Iglesia allí, encarnarse de una manera concreta para responder a los problemas que allí se dan. Esta necesaria encarnación puede exigir tomas de decisiones que afecten a la Iglesia universal porque la amazónica deba modificar costumbres inveteradas en otros lugares. Quizás sea  necesario ordenar varones casados, quizás promover mujeres al diaconado permanente, eso solo lo dirá el tiempo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Nuevas cautividades en un mundo viejo

Quizás estemos ante una de las situaciones de injusticia mayor de toda la historia por la cantidad y por la calidad de la misma. Hoy se hace muy difícil vivir con la conciencia lastrada por tantas injusticias. Por eso, la redención de cautivos, ayer y hoy, es una obra caritativa de primer orden, pues el cautiverio no es el orden natural del ser humano en este mundo, aunque sí sea el orden habitual de una parte de la humanidad bastante considerable desde que surgen las grandes civilizaciones hace aproximadamente 5.000 años. El cautiverio fue un instrumento para obtener diversidad reproductiva en los clanes paleolíticos o para conseguir monedas de cambio con otros grupos. Pero fue durante la constitución de las grandes civilizaciones cuando la cautividad empezó a ser utilizada para la obtención de mano de obra. Todos los imperios han necesitado de esta estrategia para generar suficiente mano de obra cuando en sus propias poblaciones no era posible encontrarla, sea porque la escasez de la misma empujaba a su búsqueda allende las fronteras, sea porque la penuria de los trabajos a realizar exigiera de prudencia a la hora del uso de los propios habitantes y aconsejara el uso de otros seres humanos para ello. Así, la cautividad fue utilizada en todos los imperios para proveer de mano de obra esclava para la realización de las tareas gravosas o bien para la simple y pura reproducción material del imperio. La guerra era el medio habitual para conseguir esta mano de obra, aunque el sistema de endeudamiento también cubría una parte de esta necesidad. Lo vemos en el Imperio romano, pero también lo podemos ver en el surgimiento de la sociedad moderna, cuando el comercio de esclavos será la garantía del rendimiento de las tierras del Nuevo Mundo y de las bolsas de valores del Viejo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Desarrollo humano integral

La propuesta del Papa Francisco en su encíclica Laudato Si' del Desarrollo Humano Integral no es, como algunos acusan, un prurito de los tiempos que el Papa habría adoptado de una manera un tanto esnob. Es una propuesta estructural y sistemática de transformación social y personal que debe llevar a la humanidad y a cada ser humano concreto a un estadio de desarrollo humano compatible a la vez con las verdaderas dimensiones que construyen lo humano y con la estructura natural de nuestro planeta. Pues, el desarrollo humano es un concepto que en el sistema económico y social vigente queda reducido a la ampliación de los bienes y servicios de los que disfruta la población desde un punto de vista meramente cuantitativo, que ni tienen en cuenta las necesidades humanas, ni las carencias de una parte de la población, y tampoco el sostenimiento del medio natural que sustenta tal desarrollo. Se trata de un desarrollo inhumano e insostenible, por ser un mero subproducto de un sistema productivo que tiene como guía única la reproducción ampliada del capital y la generación de lucro sin reparar en los costes que este lucro puedan generar para la humanidad y para el medio natural. El desarrollo sostenible, un eufemismo creado por la industria publicitaria del capitalismo verde, es, en sí mismo, un oxímoron. Dadas las actuales condiciones de producción capitalista, es imposible que cualquier desarrollo sea sostenible. Solo será sostenible un desarrollo humano que se salga de los patrones del capitalismo neoliberal, abandonando el productivismo, el consumismo y el lucro como motor económico, y proponiendo la satisfacción de necesidades, el intercambio personal y la limitación de los apetitos como criterios a la vez humanizadores y respetuosos con el medio natural.

Desde la Comisión de Justicia y Paz de Murcia hemos querido generar conciencia y debate sobre esta temática y por eso hemos organizado las I Jornadas de Doctrina Social de la Iglesia en Murcia, que llevan por título la propuesta de Francisco en Laudato Si', Desarrollo Humano Integral. Se desarrollan entre el lunes 6 y el jueves 9 de noviembre, alternando como sedes el Instituto Teológico de Murcia OFM y el Centro Loyola de Murcia. Contamos con Sebastián Mora, secretario general de Cáritas española para disertar sobre los retos de la desigualdad para el desarrollo humano integral. Su conferencia será el lunes 6 a las 19:30 horas en el Instituto Teológico. El martes, César Nebot, economista, dará claves para la transformación de la economía en vista a un desarrollo humano integral. Será en el Centro Loyola de Murcia, también a las 19:30 horas. El miércoles contamos con nuestro Consiliario y Delegado episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Diócesis, José Ruiz García, para desarrollar el tema del desarrollo humano integral en el Doctrina Social de la Iglesia, en el Instituto Teológico de Murcia. Y, por último, el jueves, en el Centro Loyola, Pedro Jesús Fernández, politólogo y ambientalista, aportará una visión de compromiso ambiental para nuestro tiempo.

jueves, 30 de marzo de 2017

La victoria de la ideología

La ideología puede ser definida como una imagen falsa de la realidad. En sí es el conjunto de ideas sobre el mundo, la sociedad o la vida. Este conjunto de ideas representa los intereses de aquellos que lo expresan e intentan imponer a la sociedad esta visión, de modo que sus intereses se vean reflejados en la asunción social de los mismos. La ideología es, así, una imagen falsificada de la realidad en función de los intereses del grupo que la impone. Mediante la extensión de la ideología, la clase dominante de cada sociedad, extiende su visión del mundo y, por tanto, sus intereses, consiguiendo que otras clases sociales adopten su visión, ideológica, del mundo. Así nos encontramos con la frase más popular de la ideología adoptada por cierto ámbito social: "deben gobernar los ricos porque así darán dinero a los pobres". Esto ha funcionado perfectamente en EE.UU, donde los trabajadores han votado a un empresario para que, supuestamente, les dé trabajo. Se trata de un reflejo de la ideología de la clase dominante que propone su riqueza como extensible a la sociedad siempre que sean ellos quienes gobiernen, cuando esa riqueza ha sido producida por la apropiación, siempre indebida, de los bienes sociales; toda riqueza es, por definición, un bien social.

Como bien apreció el Papa Francisco en Evangelii Gaudium "esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante" (n. 54). Se refiere el Papa a la supuesta teoría del derrame por la cual si los ricos son cada vez más ricos, ayudarán a salir de la pobreza a los pobres. El Papa habla de "confianza burda e ingenua", que es lo mismo que decir ideología. Los pobres, las clases bajas y las clases medias, han adquirido el discurso del amo, el discurso de los ricos y la clase dominante, es decir, han asumido la ideología y esta es la gran victoria del "sistema imperante", que no hace falta aplicar medidas coercitivas porque el pensamiento dominante se ha hecho sentido común popular. Es el colmo del proceso ideológico que en todas épocas y sociedades se produce y que en la nuestra ha llegado al cénit de su implantación social.

Durante los años de la burbuja especulativa inmobiliaria y de deuda, los ciudadanos se creyeron la ilusión de riqueza que genera las burbujas especulativas. Mediante la inyección de crédito fácil desde 1997, en España se ha creado la ilusión de que cualquiera podía tener cualquier cosa sin apenas coste para él. Bastaba con tener un trabajo para solicitar un préstamo que te diera acceso a una vida de lujo o semi lujo muy parecida a la que la élite se permitía. El típico chascarrillo, falso como todos, era que un peón albañil podía conducir un BMW con su sueldo. Claro, nos dicen, esto no es normal, es normal, por supuesto, que el jefe lleve un Audi A8, pero un obrero, ¡venga, hombre! El dinero fácil hizo estragos entre la gente, no porque se hicieran ricos, sino porque tuvieron la ilusión de que lo eran. Pero, la realidad era muy distinta. Mientras los trabajadores se endeudaban hasta límites imposibles, la élite engordaba, con esas mismas deudas, sus cuentas bancarias en lugares offshore y adquirían la propiedad no hipotecada de las empresas y posesiones de este país. Es decir, la élite se hacía con la propiedad real de los medios de producción y con el control financiero del país, mientras que los trabajadores, las clases bajas y las medias, acrecentaban su deuda y permitían que la especulación se adueñara de todo, hasta de sus propias conciencias, fin último del proceso ideologizador.

martes, 7 de febrero de 2017

La corrupción no se perdona

Son demasiados los casos de corrupción que se destapan a diario en los últimos años en España y no parece que la corrupción pueda atribuirse a simples prácticas individuales, por mucho que la calidad humana de las personas influya en los episodios de corrupción. Cuando una persona corrompe o se corrompe pueden influir muchos elementos en su decisión, entre los que no son menos importantes un cierto asentimiento social al hecho en sí, la educación recibida o la falta de controles legales o administrativos. En todos estos casos estamos hablando de una estructura que permite, avala, consiente o, hasta instiga, la corrupción. Es evidente que si una persona es íntegra, nada de eso le llevará a cometer la corrupción, pero cuando se ponen todos los medios para que la corrupción sea producida hablamos de un mal sistémico y estructural. Esto es lo que me propuse investigar en el libro que acabo de publicar en PPC: La corrupción no se perdona. El pecadoestructural en la Iglesia y en el mundo, Madrid 2017, 122 pp.

Para llevar a término el propósito del libro, divido la obra en cuatro capítulos. En el primero pretendo ver qué piensa la Biblia sobre la corrupción, diferenciando entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Me centro en los textos legislativos del Éxodo y Levítico, que pretenden legislar para evitar la injusticia, para pasar a profetas como Amós, Miqueas o Ezequiel que realizan una crítica a los gobernantes que conculcan el derecho y la justicia como elemento de corrupción, y terminar con la visión serena de Qohelet, quien asume la injusticia del mundo en que vive y constata la corrupción existente.

martes, 22 de noviembre de 2016

El Nerón redivivus y el alter Christus

Esta tarde presentamos La sociedad del escándalo en la iglesia del P. Ángel, en San Antón. Tengo el inmenso honor y la enorme suerte de poder contar con el propio P. Ángel, que ha estado estos días en el consistorio donde se han creado nuevos cardenales, entre ellos el arzobispo de Madrid, Osorio, un puntal de Francisco en la Iglesia española y un adalid de las propuestas desde el evangelio para el mundo de hoy. Además, estarán dos amigos, José Manuel Vidal, director de Religión Digital, el muñidor de este evento, y Sebastián Mora, Secretario General de Cáritas, con quien comparto el Consejo de Dirección de la revista Iglesia Viva. Creo que va a ser un acto muy interesante, porque seguro que aprovecharemos para hablar del mundo y de la Iglesia, del Papa y de sus críticos, de Trump y de Francisco.

Esta relación entre el Nerón redivivus y el alter Christus tiene tintes apocalípticos en el estricto sentido del término. El lema de campaña de Trump, Hacer a América grande otra vez, suena igual que el lema de los neocons: America, the New Roman Empire. Trump quiere que USA sea nuevamente y por sí solo un imperio, sin tener que soportar otras potencias a su lado, como China o Rusia (la UE no sirve ni para limpiarle las botas), y para ello debe renunciar a lo que fue en su momento la salvación del capitalismo, el neoliberalismo. Por eso, ha anunciado que cierra el acuerdo Transpacífico y que hará otro tanto con el TTIP. Estos acuerdos solo benefician a las grandes empresas transnacionales, a todas ellas, no solo a las americanas, de ahí que denuncie los acuerdos, pues él solo quiere beneficiar a las empresas americanas como medio para hacer América grande. No denuncia los tratados porque se oponga al capitalismo, sino porque ese no es su capitalismo. Quiere volver al capitalismo proteccionista que implica el cierre de fronteras para ciertos extranjeros, el fortalecimiento de la industria propia y, lo que quizás sea más peligroso de todo lo anunciado, liberalizar el sector financiero americano de modo que se les quite las pocas trabas que se pusieron tras Lehman Brothers.

martes, 8 de noviembre de 2016

"Vivimos en un sistema terrorista"

"Vivimos en un sistema terrorista". No, no son palabras mías, aunque las he pronunciado muchas veces, esta vez son del Papa Francisco (ver vídeo a partir del minuto 30). El contexto en el que las dice es el Encuentro de Movimientos Populares con el Papa, celebrado entre el 2 y el 5 de noviembre en el Vaticano. En el discurso, el Papa va a la raíz del problema mundial, la tiranía del dinero, que se ha convertido en el mayor terrorismo mundial, de ahí que su expresión sea como sigue: "hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera. De ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de estado y lo que erróneamente algunos llaman terrorismo étnico o religioso... Ese sistema es terrorista". Estas palabras del Papa están refrendadas por la Doctrina Social de la Iglesia desde la crítica de Pío XI, pasando por la de Pablo VI y llegando a Benedicto XVI. La diferencia es que la urgencia del momento lleva al Papa a ser más audaz a la hora de señalar la responsabilidad. En el Encuentro de Movimientos Populares, un hito de Francisco que ha dado visibilidad eclesial y global a las luchas de todos los movimientos sociales por un mundo justo y humano, se han hecho tres propuestas centrales: 
1. Poner la economía al servicio de los pueblos.
2. Construir la Paz y la Justicia.
3. Defender la Madre Tierra.

Estas tres propuestas de los dos anteriores Encuentros se retoman en este y el Papa las hace suyas en su discurso, pero ahora va más allá dentro del proceso de reclamación de las famosas tres T: Tierra, Techo y Trabajo. Para asegurar la Tierra para los pueblos es necesario implementar políticas que impidan la privatización de bienes sociales y comunes como el agua o los bosques y océanos. Para asegurar el Techo para todos es necesaria una reforma urbana que declare inviolable el domicilio familiar ante cualquier intento de alzamiento por parte de bancos u otros agentes económicos. Y para asegurar el derecho al Trabajo hay que implantar políticas tendentes al Salario Social Universal que asegure el sustento de las familias.

viernes, 10 de junio de 2016

Ecología integral: el Papa Francisco más allá del neoliberalismo.

La propuesta del Papa Francisco en Laudato Si’ va más allá de, como algunos han pretendido, incorporar las preocupaciones medioambientales a la Doctrina Social de la Iglesia. Francisco realiza un fino análisis de los problemas globales que afectan a la humanidad y, como San Francisco en el siglo XII, descubre que hay dos realidades profundamente interconectadas: el sufrimiento de los pobres y el sufrimiento de la Tierra como ecosistema global. Estas dos realidades están interconectadas porque hay un modelo económico, social y político, el neoliberalismo globalizado hoy, el capitalismo emergente en el siglo XII, que es el causante de estos dos males. Según las propias palabras de Francisco, vivimos bajo una economía que mata, literalmente. Que mata a las personas y que mata al planeta entero. Esta muerte no está causada por motivos imposibles de evitar o por consecuencias inesperadas, sino por el desarrollo de la propia lógica del sistema económico imperante.

El problema está ahí, en la lógica que subyace al modelo imperante. Es una lógica basada en el lucro sin ningún límite. Esta ausencia de límite es, precisamente, la raíz del pecado en el relato bíblico de la expulsión del paraíso. Cuando Adán y Eva traspasan el límite de lo que les era posible, al comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal, han ido más allá de lo que les constituye como humanos. Ser humano es vivir en un mundo con unos límites precisos: límites morales, límites físicos y límites metafísicos. Cuando se sobrepasan los límites la hybris atrapa al hombre y este se convierte en un ser distinto a su vocación. Dios puso al hombre en medio del jardín para que lo cuidara y protegiera; le dio un mandato, comer de todos los árboles, y un límite, no comer de uno de ellos. Le advirtió de las consecuencias, la muerte, y las asumió al trasgredir el límite. Tras pasar el límite moral, no comer del árbol, el límite pasa a ser ontológico: deber morir. Antes de pasar el límite no tenía por qué morir; tras pasarlo no puede no morir. La mortalidad, el límite dentro de la estructura ontológica del hombre, es la consecuencia de la extralimitación moral.

jueves, 19 de mayo de 2016

La corrupción estructural del modelo neoliberal


La corrupción ha existido siempre y en todos los sistemas sociales. En los regímenes totalitarios la corrupción está en la tipología del clientelismo y del abuso de poder, pero en el modelo neoliberal de desarrollo se ha insertado en las mismas estructuras morales del modelo imperante. Basta citar como ejemplo la diferencia entre la Rusia soviética y la postsoviética. Antes había una corrupción generalizada entorno a los grupos de poder del Partido Comunista, tras la desintegración de la Unión Soviética, Rusia se convirtió durante una década en el país más corrupto del mundo, gracias al capitalismo salvaje que se impuso. Las privatizaciones de empresas y el mundo de los negocios rompieron las estructuras sociales y morales de los rusos y eso llevó a un colapso como país. Las mafias se adueñaron de él y unos pocos magnates se hicieron con todo.

Aquello que sucedió a Rusia no fue un azar histórico, sino que tuvo sus causas y sus causantes. Como explica muy bien Naomi Klein, hubo una perfecta organización entre el Fondo Monetario Internacional y Estados Unidos para crear el caos en que se convirtió Rusia durante una década. Boris Yeltsin, ayudado por los discípulos de los Chicago Boys, los economistas de la Escuela de Chicago que pusieron en marcha el neoliberalismo, pusieron las bases para que la corrupción se instalara como forma social hegemónica[1]. Todo se hizo para que las empresas entraran en Rusia y rapiñaran cuanto había, de modo que en poco tiempo el alma misma del pueblo estaba corrupta. Esto puede explicar lo que vino después con Putin.

miércoles, 10 de febrero de 2016

¡La corrupción no se perdona!

El último libro publicado con entrevistas al Papa Francisco nos ha dejado una joya sobre la corrupción: ¡La corrupción no puede ser perdonada! Y no puede ser perdonada porque el corrupto no se siente culpable, vive en una especie de burbuja propia en la que todo lo que hace es justo y legítimo. Se trata de un tema importante en el mundo actual, especialmente en España por los numerosos e importantes casos de corrupción que están bajo investigación policial o en juicio. Se trata de un tema tan antiguo como el nacimiento de los sistemas de gobierno hace 5000 años. Cuando los hombres se organizan para vivir en sociedades complejas, es habitual que algunos quieran hacer uso de lo que es común, de los bienes comunes, en beneficio propio y de su familia o grupo. Así nace el soborno y la extorsión, que no son sino una forma de que lo que es de todos pase a manos de unos pocos, lo mismo que el fraude y el robo, o incluso el clientelismo. En la tradición bíblica tenemos el surgimiento de las leyes que protegen a los pobres de los poderosos. La institución del Año Sabático y del Año Jubilar, que establecen el perdón de las deudas y la liberación de los esclavos por esa causa cada 7 años y además el reparto igualitario de las tierras cada 50 años, tienen la finalidad de sanar el mal de la corrupción de los poderosos que utilizan la miseria de los hermanos para enriquecerse a su costa. Los profetas también criticarán a los jefes del pueblo que tuercen el derecho y convierten la justicia en acíbar, y que sobornan a los jueces para aprovecharse de los pobres.


La cuestión de la corrupción es tan antigua como los sistemas de gobierno, pero la tradición que nace del Éxodo, es decir, la tradición que surge de la acción liberadora de Dios que ve la aflicción de su pueblo y baja a liberarlos de la injusticia de Egipto, es una tradición que se opone a las prácticas corruptas que utilizan a los hermanos para su propio enriquecimiento. Esa corrupción, ayer y hoy, sigue haciendo un daño enorme a las sociedades, degradadas hasta el punto de aceptar la corrupción como una realidad normalizada en la sociedad. En España hemos visto cómo políticos corruptos que se han escapado de la justicia por cuestiones formales, eran reelegidos en las urnas por mayoría absoluta, haciéndose la población cómplice de la corrupción de estos políticos. Precisamente por eso dice el Papa Francisco que el pecado se perdona, pero la corrupción no puede ser perdonada, pues “la corrupción es el pecado que, en lugar de ser reconocido como tal y de hacernos humildes, es elevado como sistema, se convierte en costumbre mental, una manera de vivir”. Por eso nos dice el Papa que no puede ser perdonada, porque no es un acto, es una condición, un estado social y personal en el que la gente se acostumbra a vivir. Y así, concluye Francisco “la corrupción hace perder el pudor que custodia la verdad, la bondad y la belleza”, es la máxima degradación posible de lo humano. El corrupto, para obtener el perdón, debe transformar su ser por entero, así será capaz de reconocerse como pecador, solicitar el perdón y ser perdonado.


Vídeo de la presentación en las jornadas de Corrupción e Historia en la Universidad de Murcia el 9 de febrero de 2016


http://tv.um.es/video?id=77671&idioma=es

  
Turno de preguntas: http://tv.um.es/video?id=77681&idioma=es

sábado, 6 de febrero de 2016

Teología como 'Intellectus teneritatis'

Una de las características del pensamiento de Francisco es la incidencia en la ternura como elemento central de la fe*. Ya en Evangelii Gaudium 88 relacionaba lo esencial de la fe, la gratuidad, con la ternura: “La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura”. Los seres humanos, pero en especial los cristianos, estamos llamados a esta ‘revolución de la ternura’ que ha sido provocada por la misma Encarnación del Hijo de Dios. Si Dios se ha hecho carne, ésta es el lugar de la salvación, de ahí que sólo en y por la carne podremos encontrarnos con Dios mismo. Como dijo el Vaticano II en Gaudium et Spes 22: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”, de ahí que todo hombre sea una imagen de Dios mismo y toda carne lugar del encuentro con Dios.

Ha sido el teólogo Carlo Rocchetta el que publicó hace más de quince años un libro con un título explícito: Teología de la ternura. Un ‘evangelio’ por descubrir[1]. Se trata de una obra donde establece la ternura como hilo conductor de la Biblia y de lo humano. Es un término que tiene que ver con las entrañas del hombre, que conecta lo racional, lo volitivo y lo afectivo. Como Jesús, al que se le remueven las entrañas cuando ve alguien sufriente. Pero esta ternura como clave de lo humano y de la Biblia nace del hecho de la gran Ternura de Dios que se ha hecho hombre asumiendo lo humano hasta la cruz. En la cruz, nos dice Rocchetta, es donde vemos la verdadera omnipotencia de Dios, muerto por los hombres, asumiendo plenamente lo humano. La entrega de la cruz es el sacramento de la ternura de Dios: “El motivo de la entrega en la cruz es uno solo: el amor de benevolencia, la ternura de Dios-Trinidad como dilección.  No hay ninguna otra causa que pueda dar razón del acontecimiento de la muerte de Jesús más que la locura de un amor cuya medida es amar sin medida y cuya naturaleza es don absoluto, acogida absoluta, compartir amoroso absoluto”[2].

martes, 8 de diciembre de 2015

Las tentaciones de la Iglesia: Stendhal y el papa Francisco.

Ecce Homo. Cúpula del Duomo, Florencia.
Hay un síndrome que es conocido por el nombre de un famoso literato. Él mismo nos cuenta que al salir de la Basílica de Santa Croce sintió que el corazón se le salía y que la vida estaba agotada en él, tras contemplar la enorme belleza de aquel lugar. Fue una experiencia amplia que incluía la belleza de la ciudad de Florencia al completo, pero el efecto de vértigo, temblor, confusión y palpitaciones ante la contemplación de las obras de arte lo sufrió en Santa Croce. Estos efectos, que seguro que todos hemos experimentado en alguna ocasión, al menos por separado, se conocen como síndrome de Stendhal y se aplican a esas experiencias que se pueden vivir con la contemplación de la belleza, un éxtasis emocional que lleva a elevar la propia vida más allá de las consideraciones normales en que nos tenemos que debatir en el día a día. Pero, este cuadro sintomático puede extenderse más allá de la experiencia artística y, mutatis mutandis, aplicarlo a otras experiencias humanas, como es el caso de la vivencia de la fe en la Iglesia.

No sé si es exagerado, pero la experiencia del Papa Francisco que algunos vivimos es muy similar a un síndrome de Stendhal en algunos de sus efectos. Desde que fue elegido nos ha dejado anonadados con sus gestos y con sus palabras. Ante él quedamos alucinados y semi confusos, pues no nos esperábamos que estas cosas tan cercanas al Evangelio fueran propuestas, ni más ni menos que por un papa. No me refiero simplemente a lo exterior, como no utilizar los símbolos del poder papal o presentarse como obispo de Roma tras su elección. Tampoco que abandonara la residencia pontificia. Esas cosas son importantes, pero las que verdaderamente son esenciales son las que han llevado a poner a la Iglesia en el camino de los valores evangélicos: pobreza, humildad, alegría y compromiso con la justicia. Muchos amigos de cierta edad no dejan de entonar el nunc dimitis, pues ya no creían que pudieran ver esto en la Iglesia. Un papa que no sólo proclama, sino que vive la pobreza y la extiende a toda la Iglesia. Que no quiere una Iglesia poderosa, un poder en medio de los poderes de este mundo. Que prefiere, en fin, un cristianismo de mediación y no de presencia, como así se instigó desde los años ochenta. Aquella Iglesia, 'obsesionada por la propia gloria, la propia dignidad, la propia influencia' (Discurso en Florencia, 10 de noviembre de 2015) dio como frutos los males que aquejan hoy a la Iglesia, males que tienen que ver con las dos tentaciones que el papa ha pedido evitar a la Iglesia Italiana porque ella los ejemplifica de forma perfecta en los últimos 30 años: la tentación pelagiana y la gnóstica.

lunes, 19 de octubre de 2015

Reparar la Iglesia II

Estamos en la segunda semana efectiva de clases de Eclesiología pneumatológica, tras la festividad del Pilar que coincidió con las sesiones del clase. Hasta ahora sólo hemos hecho una larga introducción que nos ha puesto ante los hechos más relevantes del tratado sobre la Iglesia. En primer lugar, he dejado claro que mi guía en las clases es la eclesiología del Concilio Vaticano II, en su documento principal sobre el tema Lumen Gentium. He planteado que este documento, en realidad todo el Concilio, supone el cierre de la división milenaria entre dos concepciones de Iglesia: la apologético-jurídica del primer milenio y la sacramental y mistérica del segundo. Se trata de la tesis de Pie-Ninot, aunque es cierto que no la comparto del todo, pues creo que el Vaticano II, al menos su espíritu va mucho más allá, eliminando la concepción apologética y relegando lo jurídico a lo meramente instrumental. Pero, creo que como tesis para los alumnos es buena, permite integrar los dos milenios de historia sin abrir muchas grietas en su percepción. Es decir,se trata de una tesis escolar que académicamente no comparto, pero enseño como válida mientras no conseguimos una mejor unificación de los conceptos.

El principio rector de esta tesis es la sacramentalidad de la Iglesia, entendida en su triple aspecto de signo externo (sacramentum tantum), la Iglesia como sociedad. Signo interno (res et sacramentum), la Iglesia como comunidad. Y la realidad última (res tantum), filiación y fraternidad en Cristo. De esta manera integramos tanto el aspecto exterior, formal y visible de la Iglesia, como la realidad interna, íntima diríamos, que es ser una comunidad de hijos y por ser hijos, hermanos todos. Esta realidad sacramental lo es por tener su ser, no en sí misma, sino en la misión que Dios le ha encomendado. La Iglesia debe ser el germen del Reino y por tanto su vida es su misión y su misión le obliga a ser testigo del amor de Dios. La misión de la Iglesia le lleva a vivir la diaconía como modo de ser. El servicio es la categoría esencial que sustenta a la Iglesia. Christoph Theobald lo ha expresado con nitidez en su último artículo en Revue Théologique de Louvain, la Iglesia tiene en la misión su ser último, por venir directamente de Dios, pero la misión debe llevarle a una reforma constante para adaptarse a ella. Esta es la lectura que el gran teólogo francés hace de la propuesta de Evangelii Gaudium, y que vamos a suscribir en este curso por completo.

domingo, 4 de octubre de 2015

Reparar la Iglesia

El día 5 de octubre comienzo las clases de Eclesiología pneumatológica en el Instituto Teológico de Murcia. Es una asignatura que imparto desde el curso 2009-2010 y la que más alegrías me ha proporcionado en mi docencia universitaria. Creo que es la asignatura más actual de toda la teología, especialmente con la llegada de Francisco al solio pontificio. Ya se dijo que el siglo XX fue el siglo de la Iglesia, pero con más razón se puede decir del XXI. Estamos, así lo creo, ante una perspectiva de transformación radical del mundo y de la Iglesia, ante esto sólo podemos plantearnos hacer un profundo análisis de lo que es la Iglesia y de su relación con el mundo, como ya hizo el Concilio Vaticano II en sus dos más prominentes textos: Lumen Gentium y Gaudium et Spes. Se trata de analizar pormenorizadamente qué es esencial al ser eclesial y qué no lo es, de modo que esto último podamos sacudírnoslo para poder realizar mejor, no ya una adaptación al mundo, no se trata de esto, sino una mejor aplicación de nuestra misión en el mundo. La misión de la Iglesia depende de su ser y su ser no es otro que manifestar a Dios mismo en el mundo. Esta manifestación de Dios en el mundo debe ser identificada con el Reino de Dios, del cual la Iglesia es germen e inicio, pero no presencia absoluta. La Iglesia no es el Reino de Dios, como se afirma en los manuales preconciliares, sino que la Iglesia es el sacramento de la presencia del Reino de Dios.

Intentaré hacer comprender a los alumnos que es falsa la dicotomía progresismo-conservadurismo. No se trata ni de mantener prietas las filas ante los supuestos ataques de la posmodernidad, ni vendernos a una actualización que sancione un mundo de injusticia y sufrimiento. Se trata de un falso dilema para la Iglesia. La Iglesia no puede ser otra cosa que lo que es desde la experiencia de los primeros cristianos vivida en Jesús de Nazaret y las primeras comunidades, así como los tiempos apostólicos y los Santos Padres. Somos, en buena medida, lo que hemos sido, pero también somos lo que estamos llamados a ser. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, es la continuación temporal del cuerpo real de Cristo. Con San Pablo, sabemos que Cristo es la cabeza del cuerpo y que una cabeza no vive sin cuerpo, ni un cuerpo sin cabeza. Esta unión entre Cristo y la Iglesia es fundadora de su ser en el mundo. Pero, sin la presencia del Espíritu Santo, sería imposible vivir esto como novedad. Cristo es la persona trinitaria que asume la historia, que se encarna, que asume lo humano hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte. Pero, sin la presencia del Espíritu, Cristo habría muerto y todo acabaría ahí. La Resurrección es la acción del Espíritu Santo que abre la historia hacia el eschaton, hacia la novedad absoluta. El Reino de Dios es el futuro de la humanidad por la acción del Espíritu en la Iglesia. Cristo lo inauguró, el Espíritu le da cumplimiento en el mundo por medio de la Iglesia, y también por otros medios.

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