martes, 15 de mayo de 2012

"Iluminar la oscuridad"

En todas las películas estadounidenses de desastres, sean naturales o provocados por el hombre, aparece Dios. Siempre, de forma sistemática, y lo hace no para lo bueno, precisamente. Tomemos como ejemplo Soy leyenda, película protagonizada por Will Smith y dirigida por Francis Lawrence. La trama, bastante floja, propone que la humanidad ha encontrado una vacuna contra el cáncer modificando genéticamente el virus del sarampión. Se considera un éxito y se empieza a vacunar, el virus muta y lo que debía ser una cura se convierte en la destrucción de la humanidad. Los seres humanos se convierten en vampiros que acaban deborando al resto, solo quedan un 1% de inmunes. El protagonista, un militar y científico angustiado por haber perdido su familia y con sentimientos de culpa por no haber parado la pandemia, intenta encontrar la solución al problema, probando vacunas sobre vampiros a los que caza como cobayas. Durante la noche ha de esconderse de ellos y por el día los caza y busca más supervivientes.
Aprovechando este film propongo los temas que aparecen en otros del género, como La guerra de los mundos, El día de mañana, Deep Impact o Armagedón. En todas, de una u otra forma, aparecen los temas de cierta teología del sistema imperante, caros a los espíritus más simples en aquellos lares del Nuevo Mundo. Suelen ser temas teológicos de calado en la Tradición cristiana y de profundidad salvífica, que han modelado el pensamiento liberador desde el Éxodo, pero que la teología imperial ha convertido en temas a su servicio para la extensión de su ideología. Los temas son: el castigo de la humanidad por sobrepasar los límites, sean científicos o morales; el elegido para salvar a la humanidad que debe sacrificar su vida; la expiación de la culpa universal; la constitución de un resto, un grupo nuevo y purificado del que resurgirá la Nueva Humanidad, la Nueva Jerusalén. En el film que hemos tomado como ejemplo se ve con meridiana claridad. La ciencia humana ha pretendido romper los límites de su acción en la vida, manipulando lo más íntimo de ella y eso ha provocado una catástrofe sin control, castigo divino por ir más allá de lo debido. El científico-militar, a su pesar, se convierte en el elegido para encontrar el remedio para la humanidad, remedio por el que sacrificará, en un acto de lucidez, su propia vida, para que el remedio llegue a esa Nueva Jerusalén donde viven los pocos que se han salvado de la destrucción.

El dios que aparece en el film es un ser alejado del mundo que solo se preocupa por cumplir un plan predeterminado de purificación de la humanidad desviada. El protagonista lo dice así: "Te contaré cual es el plan de Dios. Había 6.000 millones de personas en la Tierra. Cuando se propagó la infección, el VK tuvo una tasa de mortalidad del 90%, eso son cincomil cuatrocientos millones de personas... muertas, fulminadas y reventadas. Muertas. Menos de un 1% de inmunidad. Es decir, doce millones de personas quedaron sin infectar como tú, Ethan y yo. Y los otros quinientos ochenta y ocho millones se convirtieron en eso que llamas Buscadores de Sombras. Luego les entró hambre, y empezaron a devorar a todo el mundo. ¡A todo el mundo! ¡Todas las personas que tú y yo conocíamos están muertas! ¡Muertas! Dios no existe. Dios no existe". Se trata de un plan muy extraño, pero ella lo ha conocido, ha visto la luz y ha comprendido lo que debía hacer. Él no entiende, pero ha visto la luz y cree en ese a dios a pesar de todo. Esa fe le lleva a salvar el remedio y proteger a los que lo llevarán al resto de la humanidad. Al final, la trama se reduce a una lucha entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, con dios como telonero necesario de ese juego sin sentido.

Extrapolado a la situación política global: hay un plan universal de lucha entre el bien y el mal. El bien está legitimado para hacer cuanto sea por vencer en este combate contra el mal. Ese dios lo legitima y lo alienta, el pueblo americano ha sido el elegido para entregar su vida si hace falta por la victoria del bien, aunque un resto fiel será el que se salve en la Nueva Jerusalén. Para cumplir este plan todo está permitido, desde la tortura, los asesinatos de civiles, los complots y las mentiras mediáticas, hasta el uso de las armas nucleares y biológicas. Es una guerra a muerte y el bien debe vencer, aun a costa de la bondad del mundo. Este es el mensaje que constantemente bombardea la máquina ideológica de Holliwood a los americanos y al resto del mundo. Se trata de un tipo de fe muy peligrosa que pone en riesgo a la humanidad y contra la que hay que combatir teológicamente también.

4 comentarios:

checha dijo...

El bueno y el malo, el feo y el guapo, el listo y el tonto, no existen más que en ciencia ficción. Y ciencia ficción son las películas que mencionas, donde un grupo de fanáticos, convencidos de poseer la verdad, destruyen el mundo, donde quizás se encuentre ésta. Y entonces les toca el turno a los carroñeros, que sí existen, que sacan partido de las situaciones extremas, de las crisis, del miedo, y así imponen su malvada ideología. Un ejemplo de ello es la estigmatización de los inmigrantes y culpabilización de una situación en la que no han hecho más que contribuir a salvar países con su trabajo, a renunciar a todos sus derechos ,asumiendo un estatus muy por debajo de lo "digno" para sacar adelante a poblaciones envejecidas, como lo era la alemana, tras la Primera Guerra Mundial; también han contribuído a sanear y limpiar los desperdicios de los muy engolados españoles....., que ahora los quieren limpiar a ellos, como carroña maldita, maldita por los iluminados del mundo, en aras del saneamiento del país (se supone que también ensuciaban nuestra sanidad),de la pureza de nuestra RAZA, algo que ni existió ni existirá nunca.
Ver el mundo en términos de tinieblas y luz, y creerse en el lado de la luz es oscurantismo mafioso. Y es lo que tenemos.

Anna Eva Gambero dijo...

Bueno te has olvidado de lo más importante, es un américano aunque sea afro que salva la humanidad de todo. Creo que el discurso va más por ahí.

Uno de los mayores destructures se erige en el mayor salvador del planeta. Vende muy bien, la masa sale del cine pensando que los americanos ¡son la hostia! Discurso patriótico. En épocas de crisis cobra más fuerza, la gente se desespera y acude a refugiarse ante un Salvador, sea cual sea, sin juzgarlo y sin ver que es él mismo el que les ha sumido en la desesperación.

toni maya dijo...

Los modeladores de la realidad colectiva no tienen escrúpulos ninguno. Ellos ya han diseñado una humanidad futura a corto -medio plazo, y están apretando el acelerador. Me gusta pensar que las profecías y oráculos de los antiguos, están en lo cierto y pronto llegaremos a un grado de Nueva Conciencia, aunque sea a través de una dolorosa crisis de parto, inspirados por lo Alto que nos permita corregir el rumbo destructivo que seguimos colectivamente. Ellos como dignos representantes de la ambición y exultantes de poder se han convertido en Señores del Tiempo, y a traves de sus seudocrisis, de las retiradas masivas del bienestar y de todo lo que parezca social, aislan al individuo de seguridad familiar y laboral. El ser, aislado en su burbuja de los egos desmedidos( que crean consumidores compulsivos) carece de organización, le falta ese sentimiento de "la unión hace la fuerza" y perdió en su interno la esperanza social del " el pueblo unido jamas sera vencido" Las religiones monoteístas en su sin fin de cismas son un reflejo de la competitividad que hay a su alrededor deteriorando la profundidad de la búsqueda. Las iglesias son en su mayoría lugares de ritos huecos.Donde ni el sacerdote ni la mayoría de la feligresía aplican en si las doctrinas de sus primeros maestros y sus salvadores.Aunque la fe intima sobre determinada advocación sea inmensa, el escenario esta rico en continente y vació en contenido. Eso ha ido aun mas durmiendo a la humanidad.Y en la mayoría de los casos haciéndole mirar para otro lado desactivando su impulso de cambio social. El cine y la televisión se han adueñado de nuestras casas, de nuestros seres mas queridos. Un día escribí que el Anticristo ya había nacido, cuando se hizo posible que hubiera una televisión por habitación y un sinfín de canales vacíos. Esta cerca de todos, le prestamos atención, mas aun cuanto menos cultura tenemos asumimos mas lo que dice como verdad, la mayoría de lo que se transmite o visualiza tienen tan altos contenidos de violencia y degeneración que la población se acostumbra, y ese sin duda es el peor peligro para el inconsciente colectivo: La Normalización del Mal. El Anticristo vive entre nosotros.

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Bienvenido, Toni, a este espacio, aquí tienes tu casa para comentar cuanto quieras. Todo el mundo que tenga algo que decir inteligente cabe entre nosostros.
Quizás sea lo peor de todo eso que llamas "la normalización del Mal", o como Arendt lo llamó, la banalización del Mal. Acabamos acostumbrándonos a él como a respirar y entonces no hay posibilidad de discriminarlo del Bien, ese es el verdadero Mal.

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