miércoles, 25 de noviembre de 2015

Guerras de encargo no, gracias.

Recuerdo perfectamente cuando cursaba quinto de EGB y llegaron a clase dos maestros en prácticas. Fue una experiencia magnífica para mí. El maestro de aquél curso, Don Paco, así lo llamábamos, aunque él se empeñara en que le llamáramos simplemente Paco, había organizado un curso en el que el aprendizaje era algo ameno y divertido. Trabajábamos por grupos, pero con objetivos también individuales. Tengo muy buen recuerdo, tanto del maestro como del curso, pero en especial de aquellos maestros en prácticas que nos trajeron las preocupaciones ecológicas con aquellos trabajos manuales: "Nucleares no, gracias". Creo que eso marca bastante y tiene que ver con cómo veo hoy el mundo. Por eso, ante cualquier acontecimiento social me planteo mi posición y no puedo no mezclarme en ello. Hoy nos vemos abocados de nuevo a la guerra, a una guerra que es de encargo. Basta con ver cómo sube la cotización de las empresas armamentísticas. La guerra en Siria no es otra cosa que una guerra de encargo. Por eso hemos de decir (también con el papa) no a la guerra.

Esta guerra empezó en el momento en el que los actores interesados en reconfigurar la geopolítica de la zona armaron y entrenaron a los grupos opositores al régimen de Al-Asad, un tirano genocida que lleva cometiendo sus crímenes muchos años. Primero se organizó una especie de comité de la oposición, pero aquello fracasó en seguida. Sin embargo, la zona ya estaba llena de armas: Estados Unidos, Francia y Reino Unido armaron hasta los dientes a distintas facciones. Arabia Saudí, Qatar y Turquía no se quedaron atrás. Esta situación fue aprovechada por Daesh para ocupar el espacio que los grupúsculos opositores no podían mantener y aunar las fuerzas de oposición. Poco a poco se fueron sumando fuerzas a Daesh y los intereses neocoloniales armaron hasta los dientes a este grupo terrorista. Bien sabemos que los 500 toyotas con los que entraron en Irak fueron artillados en Ucrania y pasaron por Bulgaria y Turquía en 2013. También hemos conocido que en septiembre, Qatar compró a Ucrania misiles tierra-aire americanos para el Daesh y que llegaron por el mismo conducto: Bulgaria y Turquía. Turquía no deja de defender a Daesh, aunque diga otra cosa. El caso del caza ruso derribado lo expone a las claras.

En fin, se trata de una guerra que todos han consentido porque les viene bien la inestabilidad de la zona. Las empresas de armas occidentales no dejan de hacer su agosto. Se nos dice que las armas que hay allí son de Libia, pero hace tiempo que aquel arsenal se consumió. La guerra necesita renovar sus arsenales constantemente y eso es un beneficio magnífico para las empresas de la muerte. Por eso, lo más humano, lo más honesto, lo cristiano, es decir no a esta guerra, ser testigos de la paz. Eso no quiere decir que no queramos que se venza a Daesh, pero no será con bombardeos indiscriminados contra la población civil que sufre también, en muchas ocasiones, el terror de Daesh. Lo primero que hay que decirles es que dejen de financiar a los terroristas mediante agentes interpuestos: Arabia Saudí, Qatar, etc. Lo segundo es que corten el flujo de petróleo que fluye por Turquía y que es la verdadera financiación de los terroristas. Lo tercero, que si quieren bombardear, los pozos de petróleo es el mejor objetivo: no se pueden mover ni ocultar, pero nadie los bambardea.

Esta guerra que está liderando Francia, no va a servir para acabar con el terrorismo, porque no va a las causas del mismo, sino a ciertos efectos. Francia quiere, en realidad, volver a imponer su presencia militar en la zona y no encontraba la justificación para hacerlo y poner coto a Rusia, que está liderando el conflicto en estos momentos. La cantidad de recursos que se van a dedicar a la guerra bien podrían dedicarse a acabar con las causas reales de todo lo que sucede. Sin embargo, lo que se hace es ahondar en el agujero negro que es Oriente medio desde la infausta invasión de Irak por Bush. Como cualquiera que utilice sus neuronas para pensar puede ver, la guerra contra el terrorismo sólo ha traído más terror, mientras que la lucha contra el terrorismo policial, financiera y diplomática es la que consigue frenarlo. El ejemplo de España en su lucha contra ETA es claro y evidente. Si en lugar de hacer lo que se hizo se hubiera metido el ejército, como algunos propugnaban, aún estaríamos matando gente. No vale decir que esto es distinto y que Daesh es un ejército entrenado y organizado. La ONU tiene capacidad de organizar un bloqueo perfecto de sus fuentes de financiación y de los financiadores. Con eso y el apoyo en la zona para que Irak y Siria recuperen el control de sus territorios sería suficiente. 

Muchos de los grupos que apoyan a Daesh lo hacen porque no hay en la zona otro a quien apoyar. Si Irak y Siria volvieran a ser estados normales, esos grupos desertarían del Daesh. Si controlamos el flujo de armas y dinero y la llegada de combatientes extranjeros por Turquía, se acabó el Daesh. Es así de simple. Pero, los intereses de occidente son muchos y contrapuestos, de tal modo que, quizá sin quererlo, están beneficiando a Daesh. La posición más honesta hoy es negarse a participar en este guerra y mantener las propuestas sensatas. De lo contrario, dentro de unos años tendremos algo peor aún que Daesh. Del mismo modo que Al-Qaeda ha sido superada en horror por Daesh, éste lo será de nuevo, alimentado por el terror de una nueva guerra.

2 comentarios:

Paco Lopez dijo...

Buenos días.
Soy miembro de la Comunidad Cristiana de Base de Cartagena. Hace un par de años estuviste dando una conferencia que me encantó.
Bernardo, estoy totalmente de acuerdo contigo.....es mucha la hipocresía y pocas las ganas de acabar con esto....puede más el dinero.
Como ser humano, pero también como cristiano, en mi corazón no cabe el odio...solo el amor.
Te vi en la charla de Mons. Santiago Agrelo. Enhorabuena por tus comentarios y libros. Muchas gracias.
Un saludo.

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Muchas gracias, Paco. Un abrazo.

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