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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Trump y el capitalismo senil

El resultado de las elecciones estadounidenses de este 8 de noviembre va a pasar a la historia por varios motivos. El primero por el rotundo fracaso de las encuestas, que daban la victoria a Clinton por un margen de más de 3 puntos. Este fracaso se suma al vivido también con el brexit y en las elecciones españolas de diciembre de 2015. Algo no funciona en la demoscopia actual y lo que no funciona es que los métodos de análisis domoscópico no responden al cambio de las sociedades en estos tiempos y por eso no pueden ajustar los resultados como hace unos años. La forma de pensar de la gente ha cambiado y las empresas demoscópicas necesitan un tiempo para adaptarse, aunque me temo que cuando lo hagan llegarán tarde, pues estamos en una época de cambios vertiginosos.

También pasarán a la historia estos resultados por ser quien es el vencedor: un empresario millonario con los grandes medios en contra. Un ser que ha sido presentado como abyecto, un racista misógino y fascista. Y la verdad es que lo es. No resulta fácil que un hombre que es capaz de insultar en un mismo día a los extranjeros, a las mujeres y a los musulmanes pueda caer bien, pero el problema aquí está en los motivos que han llevado a más de 50 millones de votantes americanos a darle su apoyo. Esos 50 millones largos, de hombres y mujeres, ricos y pobres, blancos y negros, hispanos y musulmanes, no han tenido en cuenta sus barbaridades fascistoides, ni su brabuconería. No les ha importado nada sus intenciones de expulsar a los musulmanes o de construir un muro con México. Seguro que eso le ha dado pocos votos y antes bien se los ha quitado. Entonces, por qué lo han votado. Creo que el motivo hay que buscarlo en el slogan de su campaña y en las reminiscencias que produce en el imaginario colectivo de los trabajadores y clase media, principalmente. 

domingo, 16 de octubre de 2016

La Sociedad del Escándalo

Acaba de salir en Desclée, en coedición con Religión Digital, mi libro La sociedad del escándalo. Riesgo y oportunidad para la civilización. Se trata de un libro que es fruto de las reflexiones de los últimos siete años de la profunda crisis de la sociedad posmoderna. Se ha construido poco a poco, analizando los aspectos sociales, culturales, políticos, económicos y ecológicos de esta crisis a la que han bautizado como Gran Recesión, comparándola con la Gran Depresión del 29. Sin embargo, creo que la actual crisis va más allá de un trámite más en el desarrollo de las crisis capitalistas. Es mucho más que eso, es una verdadera quiebra del modelo civilizatorio completo, en todas sus dimensiones, de ahí que haya que buscar un término que lo explique. Muchos lo han hecho y han aportado términos como Sociedad líquida (Bauman), Sociedad del riesgo (Beck), Sociedad de la transparencia (Vattimo) o Sociedad del cansancio (Han), pero creo que todos se quedaban en alguno de los aspectos de esta quiebra de civilización, sea el social, el cultural o el político. Creo que el término que aporto en este libro es más inclusivo, porque recoge tanto lo que hay de riesgo en esta época como lo que tiene de oportunidad. Sociedad del escándalo es un apelativo suficientemente amplio, pero a la vez concreto, para expresar cómo es esta sociedad que ya no es posmoderna, pero que sigue sin encontrar su rumbo.

La sociedad actual es la sociedad del escándalo en un doble sentido. En un primer sentido, negativo, es la sociedad en la que el hombre se ha convertido en piedra de caída, piedra de escándalo, para el hombre. En un segundo sentido, positivo, es la sociedad en la que se establece una medida para determinar el valor de lo humano o lo social, es una sociedad del escandallo, de un escandallo que permite ascender por la escala de lo humano, que permite transcender. Dos niveles, por tanto, tiene la sociedad del escándalo. En el primero vemos cómo la sociedad del escándalo es la muerte de la posmodernidad, la muerte al fin, de la modernidad. Es una sociedad donde ya nada puede construirse pues el hombre es ocasión de caída para el hombre, donde las condiciones sociales y económicas llevan a unos a ser lobos para otros, y a todos a un proceso de deshumanización. Es la sociedad de la muerte definitiva del hombre, la sociedad poshumana. Sin embargo, donde abunda el pecado sobreabunda la gracia y si la sociedad actual es ocasión de seducción (Mt 18, 6-10), es decir, de caída y desgracia, también lo es de oportunidad para la salvación de lo humano, del mundo y de la sociedad. Como dijera Pablo a los gálatas, la cruz es un escándalo, pero es la salvación (Gal 5, 11). La cruz, el sufrimiento inocente de tantos millones de seres humanos y del planeta Tierra, es el camino para la salvación de la sociedad.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Síndrome de Fatiga Informativa

Vivimos, según Byung-Chul Han, en la sociedad del rendimiento que conduce a la sociedad del cansancio. El ser humano es puesto ante la necesidad de producir más, generar más, obtener más, tener más, siempre más y más, sin tener una meta final definida, pues siempre podrá dar un poco más de sí para obtener un mayor rendimiento. Las empresas ponen objetivos de rendimiento y el que no los cumple tiene serios problemas. Me comentan, por ejemplo, que en una gran cadena comercial de supermercados, las cajeras, pues son mujeres en su inmensa mayoría (quizás por el nombre de la cadena), deben atender a un número determinado de clientes por hora, independientemente de la cantidad de compra que lleve cada cliente. Esta política empresarial ha producido en los últimos tiempos que cada vez sea menor el tiempo dedicado a hablar con los clientes y, claro, el grado de simpatía disminuye, pues debe rendir tanto como marca el objetivo empresarial, de lo contrario tendrá problemas con los jefes. Este rendimiento tasado lleva, inevitablemente, al cansancio y al estrés laboral. De la misma manera, en el resto de la sociedad sucede lo mismo.

Si pasamos del ámbito laboral al personal, vemos cómo, desde los medios de comunicación y desde la misma escuela, se presiona a los jóvenes para rendir más, para dar una imagen de rendimiento y productividad: el gimnasio para tener un buen aspecto físico, el inglés para mejorar el currículo, las clases de baile para no dar la nota en las fiestas, el yoga para relajar el cuerpo y "encontrarse con uno mismo", las clases aceleradas de cocina y los cursos intensivos de enología. Todo está programado para incrementar las competencias personales, sociales y laborales, de modo que la empleabilidad y la socialidad de las personas aumente de forma exponencial. Todo esto es muy cansado y el ser humano acaba por resentirse. En la sociedad de consumo de sí mismo, el hombre acaba por ser un producto más de consumo, él mismo es el producto; acaba agotado, estresado y con una enorme sensación de vacío y nihilidad. Se trata del hombre lleno de nada, pues no está vacío simplemente, está lleno, está colmatado de cosas y cosas que lo llenan de una nada apabullante.
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