martes, 24 de noviembre de 2009

Anorexia profética

Vicente Romero es uno de los profesionales del periodismo que salva a esta digna profesión de tanto mercenario que pulula por las televisiones, radios y periódicos de este país y del mundo entero. Durante décadas ha sido un maestro en el periodismo, pero también en humanidad y compromiso en su defensa de los desposeídos de la tierra. Sus documentales son los más incisivos en el análisis de las causas de los sufrimientos de este mundo. Las guerras, la corrupción, las hambrunas, todo ha tenido cabida en su ingente trabajo por destripar un mundo donde sería posible el amor y la felicidad, pero donde unos pocos son capaces de apropiarse lo que a todos es debido por naturaleza y por voluntad divina.

El último de sus documentos fue emitido en el programa Informe Semanal del sábado 21 de Noviembre. El motivo era el aniversario de la declaración de los derechos de los niños, pero también el incumplimiento sistemático de estos mismos derechos, por ello empezaba el documento con un recuerdo de los muchos casos que el pariodista ha podido documentar en los últimos largos veinte años del periplo neoliberal. Las situaciones, lacerantes como siempre, se repiten una y otra vez. Cambian los nombres y los rostros, pero el eterno niño abusado, explotado y destruido en su niñez, sigue siendo el mismo siempre. En él se pueden contemplar los ojos del hermano eterno, aquel que nos llama desde su altura moral de humillado y ofendido y nos taladra la conciencia con su silencio.

Lo peor de todo es que la situación empeora a la par que la riqueza global aumenta y que esa situación es conocida por todos, como bien remachaba el bueno de Vicente. Algunos periodistas se han encargado de que todo el mundo conozca lo que pasa y, más importante, porqué pasa. Pero nada se soluciona, todo sigue igual o peor. El caso más sangrante es el que nos muestra en Haití, el país más empobrecido de la tierra tras el golpe de estado auspiciado por Estados Unidos y legitimado por la ONU. Sus habitantes hace un año que empezaron a comer tierra literalmente: con una tierra arcillosa y un poco de aceite de palma, elaboran unas galletas que tras su cocción tienen buen aspecto, pero saben a tierra y llenan el estómago. Su poder nutritivo es casi nulo, pero al menos dan la sensación de comer. En esta situación, dos niñas de poco más de tres años, con un cuadro de desnutrición crónica se negaban a ingerir la papilla que aportaban las organizaciones no gubernamentales. Estas niñas acabaron falleciendo negándose a comer, algo así como una anorexia profética que denuncia un mundo de extrema injusticia donde 500 millones de niños están al borde de la inanición.

Sirvan estas palabras como agradecimiento a la labor de los periodistas que nos ayudan a entender este mundo, especialmente a Vicente Romero. También sirva para que el que suscribe se saque de encima la "basura" moral que le producen las realidades de este mundo, aunque no la culpa que pesa como una losa.

1 comentario:

Martín Gelabert dijo...

El problema de los niños maltratados, mal nutridos, explotados, convertidos en soldados, es una de las cosas que a mi más me indignan. Porque se les niega eso que tanto preocupa a algunos y que no debe limitarse: el derecho a la vida. Esas niñas convertidas en princesas y esos niños convertidos en reyes de la casa, eso solo existe en el mundo rico, ese mundo que se queda sin niños y le sobran ancianos. Porque lo de los ancianos del primer mundo es otra, pero no tan grave como la de los niños del tercer y cuarto mundo. Dejad que los niños y que los anciamos se acerquen a mi, diría hoy Jesús, pero pensando en esos niños de los que hablas en tu post.

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