sábado, 22 de octubre de 2011

Guerra al PP

Mis alumnos tienen absolutamente prohibido el uso del PP en clase. En esto soy intransigente, con un nivel de intransigencia que supera lo racional, y es así porque desde hace unos años me he percatado de que el PP está sirviendo de atontamiento, por un lado, y de encubrimiento por otro. Atonta porque reduce el pensamiento a unos clichés prefigurados y que acaban valiendo para todo, tanto para una reflexión filosófica como para una estructuración corporativa; y encubre la vanalidad del propio pensamiento. El PP tiene la inusitada habilidad de disimular la debilidad de una proposición o la vacuidad de un planteamiento vital, incluso puede ocultar los fallos de una argumentación, pues sea lo que sea la pantalla siempre lo sostiene.

Con el PP, el espacio se reduce a su expresión más simple, la argumentación sigue un sólo camino jerarquizado, transformando cualquier contenido en fragmentos mínimos que se suceden rápidamente y de los que no se tiene tiempo de dar cuenta. La información se reduce a lo anecdótico, en el marco de una exposición ramplona y naïf que sumerge a los oyentes en una especie de sopor cargado de indolencia y una estulticia densa y dulzona de la que se les hace imposible salir. Si a esto se añade la posibilidad de añadir elementos sonoros, nos ponemos ante la imagen más burda de los profetas distópicos del siglo XX. Las imágenes de Metrópolis o de 1984, bien podrían sufrir una especie de remake terrorífico, pero con polo Lacoste anudado al cuello y un dry martini en la mano.

Si el PP ha hecho daño, donde realmente ha resultado devastador es el campo de la educación. La sustancial reducción de los contenidos, unida al recorte de las posibilidades docentes, ha devenido en una suerte de demolición controlada del sistema educativo desde hace varias décadas, pero especialmente en la última, donde las nuevas tecnologías se han aplicado a la escuela cual si de una rama del mundo empresarial se tratara. Fue en Chicago, no por casualidad la cuna del pensamiento neoliberal, donde se empezó a diseñar el futuro del hombre como mercancía en sí mismo, con la teoría del "capital humano". Los individuos debían considerar su propia existencia en la medida en que se capacitaban para desempeñar un trabajo para la empresa. De ahí surge la idea de las capacidades y las malditas competencias, que se ha impuesto en el mundo educativo y que el Plan Bolonia ha colado, como caballo de Troya, en los estudios universitarios. Con este modelo, en el fondo friedmanita, se convierte la educación en mercancía en manos de la empresa, el conocimiento y la inteligencia se reifican, pasando a ser propiedad privada en manos de quien la pueda comprar, y el alumno empieza a ser un "cursillista" que se pasa su vida haciendo estúpidos cursos de formación que sólo sirven para mantener un gremio de expertos en el arte de las competencias. Pues bien, el PP es el instrumento más útil para imponer esta ideología en la educación, una ideología que pretende despersonalizar a los seres humanos para incrustarlos en el mundo de las mercancías y también romper la cultura para que nada ya vuelva a ser lo mismo. El PP es la herramienta adecuada para conseguir esto y por eso yo lo tengo prohibido en mis clases.

Por si algún lector se ha llevado a engaño, las siglas PP corresponde a ese infernal programa diseñado por Microsoft, el PowerPoint. Pido perdón por la confusión.

*Indispensable la lectura de Franck Frommer, El pensamiento PowerPoint. Ensayo sobre un programa que nos vuelve estúpidos, Península, Barcelona 2011.
También es conveniente la lectura de Hervé Juvin, "Cultura y globalización" en Gilles Lipovetsky y Hervé Juvin, El occidente globalizado. Un debate sobre la cultura planetaria, Anagrama, Barcelona 2011.

5 comentarios:

Miguel Ángel dijo...

¡Je, je! Pues no te digo nada que ahora me dicen que por qué no lo uso en las celebraciones. Que el evangelio en PP se entiende chachi piruli, y además de diver resulta "visual".
Tanto como dos gaviotas surcando los aires siderales.

La Palabra convertida en Imagen.

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Sólo nos faltaba el Evangelio en PP. Pero, por desgracia hay mucho de eso. No hay cosa que más me disguste que esta basura tecnológica que inunda nuestros correos.
Tenéis que ser fuertes los sacerdotes para no caer en la tentación, al menos en esta.

Un abrazo Miguel Ángel y ánimo con tu blog.

Anónimo dijo...

¡Me parto la caja! ¡Qué buen post! Ya hacía falta que alguien dijese algo claro acerca del PP. Sin duda ha sido la herramienta que ha defenestrado la educación. No hay nada peor que una clase con el PP.

saludos,
i

EDITO: Sí que hay algo peor que ver el PP: Leer en voz alta lo que dice la imagen.

Martín dijo...

La aclaración final evidentemente sobraba. Los lectores de tu blog son inteligentes. No sé si sabes eso que se dice de los conferenciantes y profesores: ¿usted necesita PP, o tiene algo que decir?

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Sí, lo de leer es ya el colmo. Pero lo de la aclaración es pura retórica, como saben los lectores, me gustan estos juegos literarios. A veces no hay nada más oculto que lo que está a la vista.
Gracias por los comentarios.

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