miércoles, 30 de octubre de 2013

Todo es falso, salvo alguna cosa.

Que un mal dato no te estropee tu discurso, ese parece ser el lema que rige hoy entre quienes tienen responsabilidades económicas. En lugar de establecer el discurso a partir de los datos que arroje la realidad social del país, primero se establece el discurso y después se "ajustan" los datos al mismo. Si faltan se añaden y si sobran se eliminan. O bien, se puede intentar vender un dato malo como positivo. Lo estamos viendo cada día. Los distintos responsables de la administración se turnan para sostener el discurso oficial que no es otro que ya hemos salido de la recesión y ahora empezamos a salir de la crisis; que los datos macroeconómicos son positivos y que pronto empezarán a notarlo en la calle, si no lo están notando ya, si hacemos caso al hiperoptimista Montoro. Pues todo es falso, salvo alguna cosa. Es falso que los datos macro sean positivos, salvo quel PIB del tercer trimestre dio un dato positivo de 0,1. Es falso que dejemos atrás la recesión, salvo que se entienda por recesión la simple contracción nominal del PIB. Es falso que la gente lo empiece a notar, salvo que se haya creído la ilusión del gobierno y sus medios afines.

Es falso todo el discurso porque no se ajusta a un análisis riguroso de los datos reales, no de los datos purgados que usan en el ministerio de economía y el de hacienda. Los datos nos dicen que el PIB ha subido un 0,1 porque el turismo ha sido excepcionalmente bueno, empujado por los acontecimientos de los países árabes que compiten por ese turismo. También ha subido por las exportaciones, pero son exportaciones de bajo nivel y muy escasa plusvalía, lo que hace que haya que ser muy prudente a la hora de valorar estos datos. También nos dicen los datos que el empleo sigue destruyéndose en la industria, que es donde debería estar creándose para salir de la crisis. El desempleo no aumenta porque la población activa disminuye. Si en 2012 y 2013 no hubieran salido más de 700.000 trabajadores de España estaríamos rondando el 30% de tasa de desempleo y los 7 millones de parados.



Por otro lado, la capacidad de demanda interna sigue estancada debido a la bajada de rentas en las clases bajas y media que son las que tiran de la economía mediante el consumo. Si las previsiones son de seguir destruyendo poder adquisitivo de las rentas del trabajo y de las pensiones, lo único que podemos esperar es más destrucción económica. Pero a esto se une que el crédito no llega y las entidades financieras no dejan de invertir en deuda pública, saneando así sus activos a costa del sector público. Con este panorama, lo único que podemos esperar es que la economía española, como ya avisan muchos expertos, se japonice, es decir, entre en un proceso de estancamiento económico y deflación constante durante una década, pero peor que en Japón, pues aquí estamos en 27% de paro y un PIB menguado.

Por tanto, todo lo que dicen los ministros del ramo es falso, salvo alguna cosa. Es falso que estemos mejor, salvo algunos que se están poniendo literalmente las botas; es falso que se salga de la crisis, salvo el sistema bancario, que está enjuagando sus deudas con las cuentas públicas; es falso que el próximo año España sea la maravilla del mundo, salvo para los buscadores de gangas, que harán su agosto a costa de todos los españole. Es falso el discurso oficial, salvo que es oficial.

1 comentario:

CECILIA GUILLEN PEREZ dijo...

Tienes razón, Bernardo, los farsantes son los que triunfan, y a los que todo el mundo cree. Y lo peor de todo, es que si te enfrentas a ellos a cara descubierta, lo único que consigues es unas cuantas bofetadas,mucho dolor inexpresable y que los demás te tomen por imbécil. Porque se supone que la farsa hay que combatirla con más farsa, con sainetes. ¡Que se divierta quien pueda, yo no!.

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