jueves, 5 de diciembre de 2013

El gozo del evangelio: no podemos servir a Dios y al capital.

Tras la publicación del primer documento profundo de Francisco, documento que resulta programático, no puedo sino mostrar una enorme satisfacción por el giro que ha dado a la cuestión social respecto a Caritas in veritate. Como ya indiqué en mi libro, escrito aun en el pontificado de Benedicto XVI:

"La encíclica da la sensación en todo momento de no estar ajustada a la realidad que se vive en los últimos tiempos. Su publicación debía coincidir con el aniversario de la Populorum progressio, pero los acontecimientos del año 2007 hicieron prudente su postergación a la espera de medir el calado de los mismos. Esa medida parece que se realizó con la misma vara con la que han medido los organismos internacionales y por ello la encíclica se desliza por la misma pendiente que aquellos: miopía económica y presbicia moral. Miopía económica porque los grandes organismos que fueron incapaces de ver a lo lejos (característica del miope) la crisis que se avecinaba, diagnosticaron un mal meramente financiero que se solucionaría con multimillonarias inyecciones de dinero público, como la encíclica parece entrever; presbicia moral porque no se alcanza a ver, por cansancio y vejez (presbys-anciano), que lo que está en juego es el núcleo mismo del modelo económico, social y político en el que vivimos, eso que todos los que mantienen intacta la visión llaman Capitalismo y que no ha dejado de conducir a la humanidad entera hacia un abismo de difícil solución, donde no sólo la naturaleza, sino el ser humano mismo, está siendo engullido por un modelo económico que tiene su leitmotiv en el crecimiento constante y desaforado de los beneficios", (No podéis servir a dos amos. Crisis del mundo, crisis en la Iglesia, RD/Herder, Barcelona 2013, 51).

Compárese mi texto con las palabras de Francisco en Evangelii gaudium:

"53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve...

54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando...".

Las palabras de Francisco, a la espera de una encíclica social que sistematice estos atisbos, son claras y suponen, no ya la vuelta a la DSI anterior a Caritas in Veritate, sino una avance sustancial hacia una crítica esencial del capitalismo como sistema económico y social injusto, inmoral y necesariamente enemigo del cristianismo. Esto lo vemos en cuatro puntos fundamentales: el primero en que se desenmascara el sistema capitalista como esencialmente injusto. No se trata de que existan ineficiencias en el mercado, es que el mercado genera injusticia, produciendo a la par riqueza en unos pocos y miseria y exclusión en la mayoría. El segundo es que se desacraliza el mercado, identificándolo como el gestor de la exclusión. El tercero es que no se deja deslumbrar por el productivismo, él llama la teoría del "derrame", que afirma que se acabará con la pobreza creando más riqueza. No, el problema está en el modo de producción, no en el reparto. El cuarto es que no fía la resolución de los problemas a una transformación moral de las personas, sino a una transformación política del sistema. Con estos cuatro pilares puede reconstruirse una Doctrina Social pegada al Evangelio y que suponga la recuperación de la radicalidad de Jesús, de las primeras comunidades cristianas y de los Santos Padres.

Seguiremos remando en esta línea y contribuyendo en lo que podamos a poner la DSI en el lugar que le corresponde: la crítica radical del capitalismo y la construcción del Reino de Dios. Lo hemos hecho, o lo hemos intentado, con nuestro libro citado y seguimos en ello cada vez que nos llaman para explicar nuestro pensamiento. Si cuando íbamos a contracorriente no cejamos, menos ahora que parecen soplar los vientos del Evangelio desde Roma.

1 comentario:

CECILIA GUILLEN PEREZ dijo...

Creo firmemente en lo que dices. La solución a un problema radical, es una transformación radical, esto es, desde la raíz misma.
Moría mi jardín por falta de alimento. Gasté mucho dinero en agua que da vida.
Al tiempo me percaté de que la tierra que lo sustentaba era puro relleno, buena parte de ladrillos rotos y plásticos de obra.
Fuerza y ganas de vivir han tenido las pobres plantas que han podido superar la ,. Las admiro, las protejo.
Pero he de salvar a los débiles, a los cansados, por eso, levantaré esa tierra,, la eliminaré, nutriré el terreno con buen sustrato rico en sustancias favorables a la vida, a la vida de fuertes y débiles.
GRACIAS. COMO SIEMPRE, MAGNÍFICO

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