lunes, 29 de agosto de 2016

La vida es bella y en colores

Sí, a pesar de todo, la vida es bella, como proclamaba la película de Benigni. Es mejor haber vivido y sufrir que no haber vivido nunca, como dice el villancico de Juan del Encina: Más vale trocar plazer por dolores que estar sin amores. La vida es sufrimiento porque es amor y quien ama sufre, pero goza, goza con cada instante en que el aire inunda sus pulmones, con cada paso que le empuja por este mundo, con cada palabra que recibe de los que le rodean. Es un gozo estar vivo y sentir llenarse el pecho de emoción ante el sol que renace cada día despertando la belleza de la naturaleza a su paso; ver el mar batir con su fuerza en la playa mientras la sal aprieta la piel contra la arena y sentir la profundidad de lo oscuro bajo el cuerpo ingrávido en el mar, dejarse llevar, mecer por sus susurros. La vida es bella y lo es en colores, como dice Silvio Rodríguez en el disco dedicado a su padre en 1994. La vida no es en blanco y negro o en grises, la vida estalla en colores en cuanto puede abrirse camino en el universo. La vida es bella y en colores en la naturaleza y en la sociedad, por eso siempre habrá esperanza para los seres humanos que caminamos por este mundo, porque la vida no es una dirección única, siempre puede abrir nuevas oportunidad, es el gran regalo de la evolución, que todo puede cambiar de un instante para otro, que no hay un ser dado para siempre, que el cambio es lo que rige la vida en el Universo. Todo cambia, todo se adapta, todo es nuevo a cada instante, por eso hay esperanza en el Universo, porque todo puede ser distinto a cada momento.

El imprescindible libro de Nick Lane, "La cuestión vital. ¿Por qué la vida es como es?", (Ariel, Madrid 2016), nos muestra cómo surgió la vida y cuál es el fundamento termodinámico de la misma. La vida aparece en la Tierra hace 4000 millones de años, en cuanto se enfrió lo suficiente para que se llenara de agua, agua que salía de dentro y que vino de fuera, por el bombardeo de meteoritos. En tan solo 500 millones de años el planeta se enfrió y se llenó de agua, apenas había algunos picos sobresalientes de tierra. El cielo era rojizo por el dióxido de carbono y el mar contenía muchos metales y poco oxígeno. En estas circunstancias, la vida surge en las fumarolas submarinas alcalinas. No las que están sobre las cámaras magmáticas que expulsan agua a 400 grados y apenas duran unas décadas, sino en las que están alejadas de ellas, que emiten agua a 90 grados y duran miles de años. Ahí surgió la vida. Estas fumarolas poseen poros de una micra de tamaña, la dimensión de una célula. Al pasar el agua con hidrógeno, dióxido de carbono y metales, se forma termodinámicamente una vacuola donde se contienen los elementos que dan origen a la vida. Y, zas, tenemos la vida, pero encerrada en las fumarolas. Con el tiempo, algunas células son capaces de generar la energía por sí mismas, mediante un gradiente de protones por la membrana, y ya tenemos las primeras células en el mar abierto. El ARN ya estaba en las fumarolas, el ADN viene como consecuencia y la evolución empieza a actuar. Desde ese momento, hace 3,8 mil millones de años, la vida es evolución para adaptarse al medio. Primero, la vida procariota, arqueas y bacterias, inunda la Tierra y vive sola durante 2000 millones de años, después surgen las eucariotas como resultado de una endosimbiosis entre una arquea y una bacteria, una mitocondria. Desde ahí, la evolución lleva a varios momentos de aceleración: la explosión del cámbrico hace 560 millones de años y las distintas extinciones masivas que dieron lugar a adaptaciones evolutivas que llegan hasta el ser humano. No hay ningún misterio en el origen de la vida, todo responde a las leyes de la naturaleza, los principios de la termodinámica. La vida es una consecuencia natural de este Universo que habitamos. Y, cuando se da la vida, esta tiende al máximo desarrollo con el fin de adaptarse al medio. Los seres con conciencia y el surgimiento del espíritu, es una respuesta natural como forma de adaptación.

La vida en el Universo es un magnífico plan sin objetivo. Se trata de la belleza sin más, de la pura gracia de ser sin otro sentido. La vida es bella porque es vida y poderlo contemplar y experimentar es el mayor regalo que puede uno haber recibido. La vida es bella aunque nos empeñemos en afearla con nuestras acciones los seres humanos. Aunque nos empeñemos en destruir un lugar tan hermoso como este, la vida seguirá surgiendo en cada rincón del Universo, porque las leyes de este Universo lo exigen. La vida seguirá adelante aunque nosotros nos empeñemos en no disfrutarla. Vivir es un regalo que cada día hemos de agradecer, aunque tengamos que morir, aunque tengamos que sufrir. Por eso, cuando apenas nos queda la mitad de la vida por delante, es momento de hacer un canto de agradecimiento a Dios por este don hermoso. O al Universo si no se es creyente. Porque este regalo lo hemos recibido una única vez. Sería inteligente aprovecharlo.




"La vida", Silvio Rodríguez. Rodríguez, 1994.



2 comentarios:

Antonio Macanás dijo...

Me alegra al fin un post (perdón por el anglicismo) que aparca lo apocalíptico. Buen artículo. Hasta pronto.

Bernardo Pérez Andreo dijo...

Solo es un breve descanso.
Volveremos a la carga pronto, pero es que en el fondo la vida es bella, el problema es lo que hacemos con ella.
Saludos.

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