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jueves, 3 de marzo de 2016

El proyecto de Jesús: el Reino de Dios.

El próximo lunes día 7 de marzo, imparto una conferencia en el Real Casino de Murcia a las 19:30 horas invitado por la Asociación española de amigos de los castillos. Lleva por título "Descodificando a Jesús de Nazaret", que es el título del libro que escribí en 2010 sobre Jesús. Las fechas que vienen son propicias para pensar sobre la figura de un hombre que cambió la historia de la humanidad y lo hizo, no con las espada y la guerra, sino con la misericordia y el sufrimiento. Por eso, lo que voy a explicar es el proyecto de Jesús, el Reino de Dios. Es fundamental hacerse dos preguntas: ¿Quién fue Jesús?, y ¿Cuál es su proyecto? La respuesta a estas dos preguntas nos da las claves para entender a Jesús. Por eso, el libro lleva por título Descodificando a Jesús de Nazaret. Entender cualquier realidad humana supone estar en posesión de las claves y códigos que la explican, sin los cuales lo único que podemos entender son nuestros propios códigos y claves en la figura que analizamos. Esto es lo que ha sucedido tradicionalmente con Jesús, sea el Jesús legitimador de las cruzadas o el Jesús hippie. En la comprensión de Jesús hay más del que comprende que del propio Jesús, de ahí la necesidad de encontrar los códigos que explican a este hombre.

Suelo decir a mis alumnos que lo primero que tenemos que hacer a la hora de acercarnos a Jesús es arrancarnos los oídos del siglo XXI para ponernos los del siglo I, el siglo en el que vivió Jesús. Por eso son tan importantes cuestiones cómo qué entendía la gente que escuchaba a Jesús o qué significaban sus propuestas. Hay que empezar por el principio para conocer al hombre. Jesús nace en el año 6 antes de Cristo, en el seno de una familia galilea profundamente judía, como atestiguan los nombres de referencia de su familia: Miriam, Josué, Jacob, Judá y Simeón. También el nombre del propio Jesús, Jehoshuá, Dios salva. Son todos nombres de la tradición emparentados con los eventos liberadores del pueblo. Por otro lado, hay que saber que Jesús fue un judío atípico: un laico célibe itinerante. Esto lo convertía en marginal. Jesús vivía en la liminalidad social, económica, religiosa y política y esto le procuró el desprecio de muchos y el recelo de, incluso, su familia. El mundo de Jesús es un mundo rural oprimido por ciudades donde gobiernan los amigos de los invasores romanos. Se trata de una realidad marcada por el endeudamiento y el empobrecimiento, una realidad donde unos, los muchos, son pobres y otros, los pocos, son ricos. Para ambos tienen un mensaje: dichosos los pobres y ay de vosotros los ricos.

miércoles, 17 de junio de 2015

De servidores y siervos

Hay un pasaje del Evangelio de Lucas que reflejan muy bien el sentido que tiene este evangelista de la misión de Jesús. Un análisis comparado de Mateo y Marcos con Lucas (Cf., Descodificando a Jesús de Nazaret, Madrid 2010) nos permite ver cómo lo que en aquellos es expectativa mesiánica, en Lucas se convierte en mirada eclesial. Lucas tiene la vista puesta en el tiempo que se abre tras la Resurrección como el tiempo de la Iglesia, por eso escribió su obra en dos partes, la primera la conocemos como su Evangelio y la segunda como Hechos de los apóstoles. Pues bien, es en el Evangelio, concretamente en el capítulo 22, en el versículo 27, donde Lucas sitúa el núcleo de la misión de Jesús. Se trata del conocido texto de la Última cena. Todos están sentados con Jesús y surgen problemas entre ellos por saber quién es el más importante. Jesús les advierte: los reyes de los pueblos se enseñorean de ellos y se hacen llamar biehechores, pero entre vosotros no ha de ser así. ¿Quién es el más importante, el que está sentado a la mesa o el que sirve? La respuesta es evidente, el que está sentado a la mesa. Jesús concluye: "yo estoy en medio de vosotros como el que sirve". En griego dice literalmente como el diácono, que significa el sirviente. La importancia de este texto no escapa a nadie, pues es el texto fundacional de la Eucaristía, núcleo esencial de la Iglesia. Jesús está en medio de nosotros como un sirviente, de ahí que las relaciones que se deban establecer en la propia Iglesia sean unas relaciones de servicio y no de dominio.

Si las relaciones en la Iglesia deben ser de servicio y fraternidad, mucho más es lo que la misma Iglesia debe propugnar para la sociedad. Jesús no vino a fundar una iglesia, sino a construir el Reino de Dios y eso es una misión social, no eclesial. La Iglesia es el instrumento, sacramento universal de salvación decimos, para llevar a cabo esa misión. Por tanto, la Iglesia debe vivir, anunciar y propugnar lo que quiere para sí y para el mundo: una sociedad de servicio mutuo y de solidaridad. Esto era válido en el Imperio romano y en el Imperio global postmoderno, pues las bases sobre las que se asienta la sociedad, entonces y ahora, son las mismas: una injusticia estructural que genera el sufrimiento y la muerte de millones de seres humanos. Cualitativamente estamos en la misma situación, aunque cuantitativamente sea muy superior. Hoy son 3,500 millones de seres humanos los que sufren la miseria o la pobreza extrema y otros 2,500 millones sufren graves carencias. Mientras tanto, un grupo de elegidos nos permitimos el despilfarro y una pequeña élite de 70 millones de personas acumulan tanto como el resto del planeta junto. Vivimos pues en una sociedad de siervos y no de servidores.

martes, 18 de marzo de 2014

El hijo del carpintero

Qué poco sabemos de José, el padre de Jesús, según lo que nos cuentan los evangelios. Noticias ciertas que queden de José es que era carpintero, de ahí que a Jesús se le llame "el hijo del carpintero" en Mateo 13, 58. Sin embargo, es lo suficiente para situar a Jesús en su tiempo y en su circunstancia social, económica y política. Todo hombre es más hijo de su tiempo que de su padre, pero de su padre le queda la marca indeleble del oficio, del modo de ganarse la vida. En realidad, no necesitamos saber más sobre José, pues su papel en la vida de Jesús no va más allá, según la importancia que los relatos evangélicos le han dado.
Me permito extractar un texto de mi libro Descodificando a Jesús de Nazaret (pp 160-163) en el que analizo exactamente lo que significa que Jesús, como su padre, era carpintero. Este mismo texto me ha servido para realizar la voz Carpintero en el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, dirigido por Alfonso Ropero Berzosa. Espero que pueda arrojar luz sobre algo que sigue siendo muy oscuro para muchos. Unos piensan que Jesús era algo así como un ebanista actual, de clase media alta y con una cultura amplia. Otros lo sitúan en la línea de cierta élite social y cultura. Como se puede ver en el texto que sigue, todo esto son errores que no hacen sino entorpecer la comprensión del Evangelio, de ahí la necesidad de descodificarlo.

Hemos dejado arriba la cuestión del significado exacto de la palabra que se traduce habitualmente por carpintero. En principio hay que indicar que en todo el Nuevo Testamento esta palabra, en su original griego tekton sólo aparece en dos textos: Mc 6, 3, aplicado a Jesús mismo, y Mt 13, 55, aplicado a su padre con lo que «el hecho universalmente conocido de que Jesús era carpintero pende del hilo de medio versículo»[1]. Pero, demos crédito a la información y analicemos su significado.

lunes, 17 de mayo de 2010

Descodificar la realidad


Una de las tareas más urgentes hoy día es llevar a cabo un proceso de descodificación de la realidad en la que estamos tan sumergidos que somos incapaces de entenderla. Hemos llegado a creer que el mundo en el que vivimos, es decir, el modo en que se organiza el mundo, es tan natural como el aire que respiramos o que el sol brille cada mañana y no es así. Lo que sí es natural son los procesos por los que la vida crece y se desarrolla, pero la realidad humana es fruto de un conjunto de estructuras sociales, culturales e ideológicas que conforman aquello que somos, hasta el punto que nos identificamos con ello como con nuestro ser más íntimo. Cualquier intento de modificar la realidad social y cultural lleva aparejado un proceso de desvelamiento de aquello que lo organiza y estructura, algo así como una descodificación de las claves que construyen la realidad. Descodificar la realidad es el proceso que nos lleva a comprender nuestro mundo y poder hacer de él una realidad plenamente humana, de lo contrario dejaremos que nos moldee el mundo y nos haga a su imagen y semejanza.


Este mismo proceso de descodificación es el que Jesús llevaba a cabo mediante las parábolas. Las parábolas son los instrumentos "ideológicos" que Jesús utilizaba para contar la realidad de otra manera. Eran instrumentos de cambio de mentalidad o "metanioa" en el lenguaje evangélico, necesarios para poder crear ese otro mundo, el Reino de Dios, que Jesús predicaba y vivía. En todas las parábolas encontramos una visión del mundo transfigurada, con el fin de producir en las mentes de sus oyentes aquella realidad que predicaba. La única manera de construir otra realidad es llegar a pensarla como posible. Si tomamos como ejemplo las cuatro parábolas que se atribuyen al documento Q y que en Mateo y Lucas están seguidas, veremos cómo funciona esta alternativa "ideológica". Nos referimos a las parábolas de la mostaza, la levadura, el tesoro escondido y el mercader de perlas. Las cuatro tienen elementos comunes: 1º. Hay algo extraño en la parábola para los oyentes del siglo I; 2º. El Reino se compara con realidades no habituales; y 3º. La conclusión queda abierta a la decisión, produciendo en el oyente un cambio de mentalidad o "metanoia".
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