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jueves, 26 de mayo de 2016

El capitalismo y su aliado: la lucha de clases.

La lectura del libro de Paul Mason, Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro, resulta hoy fundamental para comprender hacia donde se dirige el capitalismo, ese sistema del que el Papa dice que mata, ese sistema suicida que lleva a la civilización hacia su autodestrucción y regreso hacia una nueva Edad Media. Resulta fundamental porque son varios los aspectos que analiza, no siendo el menor una crítica marxista del marxismo, lo cual resulta muy estimulante, pues durante demasiado tiempo el marxismo estuvo atrapado en las redes de la interpretación estalinista o cayó en una desviación intelectual burguesa que lo reducía a una mera crítica de los excesos del capitalismo. Sea por un lado o por otro, el marxismo se limitó a no tener relevancia histórica, bien porque se aplicaron automatismos históricos como forma de quitarse el peso de una transformación, bien porque se quedó en una mera postura académica. Si el capitalismo engendra sus propios enterradores, lo único que cabría hacer es esperar que muera para enterrarlo, y morirá indefectiblemente. Esta es la tesis de Stalin, que condujo a Siberia y a la muerte a más de un economista, como el caso infame de Kondratiev, quien descubrió que en el capitalismo existen ondas largas de 50 en las que se renueva. Eso contradecía la postura oficial y le llevó al paredón. En una inversión idealista supina, Stalin pretendía acallar la realidad que no se ajustaba a su idea.

Por el otro lado, tenemos la posición de Rosa Luxemburgo de que el capitalismo no caería por sus propios medios, por lo que habría que forzar su muerte. Sin embargo, su posición era más bien mesiánica, esperando la intervención concienciada de las masas obreras, cosa que no se ha producido ni se producirá. Tanto la versión oficial soviética, como la crítica de Rosa Luxemburgo estaban equivocadas. Sencillamente porque el capitalismo muta constantemente adaptándose a las circunstancias. Esto lo sabíamos desde Schumpeter, que propuso la lectura alternativa al marxismo sobre el capitalismo. Leyendo también a Kondratiev, afirma que el capitalismo se mueve por la destrucción creadora. Se adapta destruyendo las bases que lo han elevado para renovarse completamente y lo hace de forma cíclica. Cual ave Fénix, el capitalismo siempre resurge de sus cenizas. Las crisis son esos momentos necesarios de renovación. Sin embargo, Schumpeter no vio que había un factor que ayudaba al capitalismo a renovarse, un factor con el que no contaban ni él ni los marxistas, aunque sí el propio Marx. Esto es lo que aporta Mason en este libro.

Leyendo a Kondratiev, Mason afirma que estamos en la quinta Onda Larga del capitalismo. La duración de estas ondas largas es de 50 años más o menos: 1ª 1790-1848; 2ª 1848-1890; 3ª 1890-1945; 4ª 1945-2008 y la 5ª que no termina de despegar, pues todas las ondas tienen unos 25 años de ascenso económico y otros 25 de descenso. Todos los comienzos de una onda larga se deben a cuatro elementos que se dan conjuntamente: el despliegue de nuevas tecnologías, el auge de nuevos modelos de negocio, la entrada de nuevos países en el mercado global y el aumento de la cantidad y disponibilidad del dinero. De la misma manera, el descenso y fin de una onda larga se debe a la pérdida de estos elementos, de todos o algunos. Esto da pie a la siguiente onda larga cuando la fase previa se ha agotado totalmente. Esto explicaría porqué la 5ª onda larga no termina de despegar y la 4ª se ha alargado tanto.

domingo, 30 de agosto de 2015

La historia se repite, como farsa trágica.

Es conocida la frase de Marx en su Dieciocho brumario de Luis Bonoparte, cuando afirma que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa. En España está a punto de suceder lo mismo. Cuando llegaron las elecciones que Zapatero ganó por segunda vez en 2008, toda su acción política y económica se sustentaba sobre la negación de la crisis que afectaba a Estados Unidos. Escondido tras su Champion League y 'tenemos uno de los mejores sistemas bancarios' la política fue negar lo evidente y tirar hacia delante. No se previó lo que podía venir, no se intentó embridar a los bancos, no se legisló para que fueran ellos quienes cargaran con las consecuencias de sus actos. Al contrario, negando lo que se venía encima se intentaba exorcizarlo. Pero, es imposible evitar las consecuencias de los actos. Llegado el momento, la economía colapsó y los fuegos de artificio de la especulación y la mentira dieron paso al sufrimiento extremo. Tres millones de españoles perdieron su puesto de trabajo y el Estado se puso a salvar al putrefacto sistema bancario. Mediante inyecciones de dinero, avales y otros trucos contables, el Estado se hizo cargo de la descomunal deuda bancaria que había servido para el festín especulativo en el que se habían hecho de oro una ínfima parte de la población española y los bancos alemanes, holandeses y franceses que la habían cebado. 

Cuando se aprobó el primer rescate bancario en 2009, se nacionalizó la deuda que los bancos españoles habían contraído con los inversores extranjeros. Esto supuso un enorme 'riesgo moral', como gustan decir lo economistas, pues quien presta un dinero debe asumir el riesgo de impago. Si sabe que otro lo asumirá, nada impide que vuelva a dar dinero sin ningún tipo de miramiento. Si la banca no asume las consecuencias de sus actos y el Estado sale a su rescate, siempre tomará decisiones imprudentes que sólo pueden tener malas consecuencias para todos. Tras aquel rescate vinieron otros, hasta el punto de que toda la economía nacional pende de la deuda privada. Hasta 2009 teníamos un grave problema de deuda privada, ahora es de deuda pública, es decir, deuda privada nacionalizada. Los que la produjeron han salido inmunes, el resto quedamos con el problema.

lunes, 7 de abril de 2014

Der Geist des Kapitalismus

Habría que hacerse la pregunta tras más de cien años de la publicación de la famosa obra de Weber sobre la ética protestante y el supuesto "espíritu del capitalismo". Según la conocida tesis de la obra de 1906, la ética protestante, especialmente la calvinista, dieron apoyo a un nuevo espíritu epocal que permitiría el surgimiento del capitalismo en el siglo XVI con toda la fuerza que hemos podido constatar. El principal elemento de esta ética sería la visión del enriquecimiento como signo externo de la predestinación divina para la salvación, de ahí que el estigma católico sobre la riqueza perdería su fuerza y permitiría el surgimiento de la burguesía como nueva clase social legitimada para el ejercicio de todos los poderes sociales. La tesis de Weber implica que el capitalismo requiere de alguna motivación ajena a su misma dinámica interna para poder legitimarse ante los hombres y en su foro interno. El capitalismo estaría, en sí mismo, deslegitimado, pues no responde a las verdaderas necesidades humanas. Aunque esto no lo defendió Weber, creo que es posible colegirlo de su reflexión, al menos así lo han hecho Luc Boltanski y Ève Chiapello en su imprescindible "El nuevo espíritu del capitalismo" (Akal 2002). Su posición es que el capitalismo requiere de algo que lo legitime limitándolo, ese es su espíritu, lo que hace que el capitalismo no derive, llevado por su lógica interna, en la destrucción completa del orden social.

El capitalismo es, en cierta manera, un sistema económico y social absurdo. En él, los hombres y mujeres que forman la sociedad pierden su dignidad: el que trabaja porque pierde la propiedad de su trabajo, y el que posee el capital está encadenado a un proceso insaciable, sin fin, que lo destruye como persona. El capitalismo es el peor de los modos posibles de organizar la vida humana, sin embargo es el que se ha impuesto y gobierna la vida de más de 7.000 millones de almas. Esto es así porque ha conseguido inocular una justificación suficiente como para que todos lo acepten, de buen o de mal grado, pero lo acepten. La violencia física no es suficiente para explicar el por qué del triunfo del capitalismo, necesitamos algo más: su espíritu. El espíritu del capitalismo es la ideología que justifica el compromiso con el capitalismo (p. 41). En general, esta ideología o espíritu (geist) conlleva tres principios que se repiten hasta la saciedad en la mente y los corazones de todos los que habitamos el capitalismo: progreso, eficiencia y libertad. 

El proceso de adoctrinamiento tiene dos momentos. Uno, el momento constructivo del espíritu humano. Todos los hombres, se nos enseña, necesitamos ser libres, autodeterminarnos sin que nadie nos imponga lo que debemos ser o qué debemos hacer. En segundo lugar se hurga en nuestras apetencias internas para resaltar la necesidad del progreso material como medio para saciar todas nuestras necesidades, ansias y apetencias. Sólo el progreso material permitirá que todos y cada uno podemos satisfacer nuestros apetitos y anhelos. Por último, se identifica este proceso de producción material con una organización eficaz y eficiente, que asigne correctamente los recursos para la generación de riqueza, pues sólo la riqueza nos permitirá satisfacer nuestros apetitos y ser realmente libres.
El segundo momento es el identificativo: estos tres pilares de la vida feliz y plena: libertad, progreso y eficiencia son los pilares del capitalismo. El capitalismo es el sistema económico, social y moral que permite ser libres a los hombres alcanzando el mayor nivel de desarrollo material con la mayor eficacia posible. La adhesión al capitalismo ha sido posible durante varios siglos porque los hombres hemos aceptado, primero por la fuerza y después de buen grado, que este modelo social es el mejor de los posibles, o el menos malo de todos.

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