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lunes, 19 de noviembre de 2018

Ricos precarios

Nunca antes había habido una civilización que idolatrara a los ricos en tanto clase social e individuos concretos como la sociedad actual. En las civilizaciones anteriores encontramos que la riqueza en las élites es una consecuencia de su valor, nobleza, inteligencia o, simplemente destino: los dioses los han tocado para gobernar y poseer las riquezas. Sin embargo, no se idolatra la riqueza en sí, sino que se respeta la posición. Ser rico era una consecuencia, no la causa de la posición social. En la sociedad moderna, desde el siglo XV, comienza a venerarse la riqueza por sí misma y a los ricos por serlo, no por las dotes personales, las capacidades demostradas o los valores que transmiten. Todo esto, dotes, capacidades o valores, es secundario. Una vez que son ricos llega la legitimación de esa posición por aquello que poseen como personas o que supuestamente ofrecen a la sociedad, cosas como puestos de trabajo, invención de cachivaches tecnológicos o creaciones artísticas sublimes, por poner unos ejemplos. La maquinaria de legitimación social de la riqueza acumulada por los ricos funciona a la perfección, de tal modo que se ha creado como una nueva nobleza, no a partir de las victorias en el campo de batalla o las proezas sociales obtenidas, sino desde la mera y simple posesión de riquezas, ya sean estas obtenidas con el esfuerzo propio, ya por el robo y la extorsión o bien por la pura y nuda suerte. 

Una de las causas de este cambio en la percepción social de las riquezas y los ricos hay que buscarla, al decir de Peter Brown, en San Agustín, quien habría modificado la posición cristiana frente a los ricos, pasando del radical “es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja…” a una visión más utilitarista de la riqueza: la riqueza se legitima en función del uso. Sin embargo, la posición de la Iglesia no se vio alterada a lo largo de la Alta Edad Media. La postura de Santos Padres como Ambrosio, Basilio, Gregorio de Nisa o el sobresaliente Juan Crisóstomo (el rico es ladrón o hijo de ladrón) será la  norma en la consideración de la riqueza acumulada en algunos, que siempre es fruto de la injusticia y que no puede ser legitimada desde ningún punto de vista. Es el advenimiento del incipiente capitalismo en los siglos de la Reforma el momento crucial para este cambio. Juan Calvino dará las claves para una valoración positiva de las riquezas y de los ricos. Dios, en su infinita sabiduría, habría predestinado a unos a la condenación y a otros a la salvación. El hombre no puede saber si ha sido predestinado a lo uno o a lo otro, pero existen signos externos que pueden indicarlo, uno de ellos es la riqueza. Si te haces rico es porque Dios te ha predestinado a la salvación. Ser rico es el signo visible de la salvación; ser pobre, por tanto, lo es de condenación. Como dijera Max Weber, el protestantismo está en la base del espíritu del capitalismo. 

jueves, 8 de febrero de 2018

Dichosos los ricos, porque os haréis llamar bienhechores

El capítulo 22 de Lucas nos dice: “Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores”. El evangelio da justo en el clavo a la hora de analizar cómo funciona el mundo en que vivimos, ayer y hoy. A los poderosos, sean reyes de las naciones, jefes o simplemente multimillonarios, no les interesa solamente acumular poder y enseñorearse del mundo; necesitan que el resto los tome por bienhechores, es decir, que todos crean que lo que hacen lo hacen por el bien de la humanidad. Hoy, estos tales se hacen llamar filántropos. Suelen ser multimillonarios que dedican parte de su riqueza a realizar donaciones, normalmente con gran publicidad y dejando patente lo que pretenden. Donan cantidades ingentes a ONGs, a grupos de apoyo a colectivos marginados y, ahora también, a la propia administración pública, mermada en su financiación gracias a que se bajan los impuestos a esos mismos enriquecidos que luego donan parte de los impuestos eximidos.

Saben muy bien que su riqueza, aunque resulte paradójico, es precaria. Sí, precaria. Porque la riqueza depende de tres factores externos a ella misma para generarse y mantenerse. El primer factor es que tiene que existir un marco legal que proteja la riqueza acumulada. Si las leyes penalizaran la acumulación de riqueza, esta nunca se crearía. Cuando Estados Unidos cayó en la crisis más grave de su historia en 1929, la forma de salir de ella fue aplicar un impuesto del 89% sobre la riqueza, de modo que fuera esta riqueza acumulada la que salvara al país, como es lógico hacer. El segundo factor es la existencia de un Estado que proteja la riqueza, sea mediante las leyes, sea mediante la policía o sea mediante el consentimiento de la administración. En todas las revoluciones, lo primero que desaparece es la riqueza acumulada, pues el nuevo Estado se la apropia. El tercer factor y más importante es el asentimiento generalizado de la sociedad que rodea a aquellos que acumulan la riqueza. Este asentimiento puede ser impuesto por la fuerza, en cuyo caso también es precario, o bien puede ser asumido como el anhelo social. Puesto que todos queremos ser ricos es bueno que existan ricos y riqueza a la que poder aspirar, aunque eso sea una quimera, pues en cualquier sociedad los ricos pueden serlo unos pocos. Según los datos que tenemos de la historia, en cualquier sociedad los ricos nunca superan entre el 1 y el 5%, dependiendo el momento y la sociedad. Por ejemplo, en el Imperio romano era el 3%, mientras que en los Estados Unidos hoy no llegan al 2% y en España es el 1%. Por supuesto, hablamos de ricos de verdad, no de personas con algunos bienes más que la media.

jueves, 21 de abril de 2016

Un goteo que no cesa

El constante goteo de los medios nos hace creer que una falacia es una verdad como un templo. La técnica es tan vieja como los imperios y tan nueva como el fascismo. Si repites machaconamente una mentira, conseguirás que parezca verdad a los ojos de la gente. Una de estas mentiras repetidas hasta la extenuación, hasta el punto de que forma parte del sentido común de la sociedad actual, es que cuanto más dinero tengan los ricos y las grandes empresas, incluidos los bancos, más dinero fluirá por la economía creando empleo y más riqueza a todos los niveles. Tomando este axioma como base de la economía, se diseñan las políticas económicas de los países. Todo está en función de hacer más ricos a los ricos porque esto, por sí mismo, generará más riqueza para el resto de la población. Lo primero es bajar los impuestos a los que más tienen. Desde hace más de veinte años, los capitales apenas pagan impuestos, pues las SICAV son instrumentos creados para conseguir esto mismo. Tributan al 1%, lo que supone que de cada millón de euros que ganan, solo pagan a la hacienda común con la que luego se paga la sanidad 10.000 euros. Sin embargo, como esto aún les parece mucho, inventan triquiñuelas fiscales para tributar menos aún, pasando parte de sus beneficios por paraísos fiscales como Panamá.

El capital es una parte de los ingresos de los más ricos, pero no lo es todo. Otra parte de su riqueza es el patrimonio, que en España alcanza los 2 billones de euros para el 10% de la población. Un verdadero impuesto sobre el patrimonio debería tener una intención redistributiva de la riqueza y suponer una moderación del proceso de desigualdad. Sin embargo, desde hace veinte años, desde que se acelera el proceso neoliberal, el impuesto del patrimonio y sucesiones se ha visto reducido significativamente, hasta el punto de que en muchas comunidades autónomas es nulo, pues la normativa estatal es que están exentos los dos primeros millones de euros y en algunas comunidades se bonifica el 100% de la cuota. Esto les interesa mucho a los ricos porque el patrimonio es algo que por definición no se pueden llevar fácilmente a otro lugar, como hacen con el capital. De esta forma, los ricos apenas pagan nada por su capital y casi nada por su patrimonio.

domingo, 13 de marzo de 2016

¡Dichosos los ricos, porque tienen al BCE!

El sistema económico actual, ese del que dice el Papa Francisco que mata, está organizado como oposición radical al Reino de Dios anunciado por Jesús en el que los dichosos son los pobres, los que sufren, los que pasan hambre, los que trabajan por la justicia o por la paz. En el imperio de este mundo los dichosos son siempre los ricos, los que están hartos, los que ríen, los que se corrompen, los que día y noche velan por su dinero, los que lo poseen y harán lo necesario por mantenerlo, los que juntan casas con casas y campos con campos, los que ordenan asesinar a los defensores de los pobres, los que persiguen a los que trabajan por la justicia y los que pagan a los medios para que llamen terroristas a los que trabajan por la paz.

Las medidas que recientemente ha tomado Mario Draghi como presidente del Banco Central Europeo, van encaminadas a que los ricos sigan dichosos. Así lo prueba que de forma automática, la especulación hiciera subir las bolsas. Se trata de una señal inequívoca de que la barra libre especuladora seguirá un tiempo más. Algunos ya andaban tambaleándose ante la falta del chute correspondiente de liquidez del BCE. Ahora se han vuelto a levantar para seguir con su orgía especuladora para llenar aún más sus cuentas en paraísos fiscales. Bajar la tasa de interés al 0%, como hizo en su día el Banco de Japón y la FED americana. Además, va a comprar deuda soberana por valor de 20.000 millones al mes y comprará emisión de deuda de empresas no financieras. Se trata de una estrategia encaminada a mantener la riqueza de los ricos a costa de la miseria del resto. Es mentira que pretenda reactivar la economía inyectando dinero en ella. Es mentira porque no lo hace. Basta con ver cómo funciona: El dinero del BCE va a los bancos y a la refinanciación de deudas de las empresas directamente. Eso produce que los bancos limpien sus balances sin poner ni un euro en la economía real. De la misma manera, las empresas utilizan este dinero para especular, no para invertir. Los economistas ya nos han explicado el misterio de que los bancos centrales no dejen de meter dinero en la economía y no haya inflación, sino deflación. El misterio está en que si en la economía hay el doble de dinero pero su velocidad de trasnferencia es de la mitad, es como si no hubiera crecido la masa monetaria. Y la velocidad es la mitad porque el dinero no va a la gente y la gente no puede comprar, lo que haría subir los precios. El dinero va a las cuentas de los súper mega ricos y ahí queda varado. Por eso hay deflación y no la inflación que prevé la teoría económica.

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