sábado, 26 de febrero de 2011

Rojo, negro y verde.

La bandera Libia pre Gadafi y pos Gadafi, resume a la perfección lo que está sucediendo en la actual fase de desarticulación geopolítica mundial. Las revoluciones que se llevan a cabo en el mundo árabe están tiñendo de rojo las plazas y calles de sus ciudades. Los sanguinarios líderes, todos ellos puestos y/o sostenidos por occidente, no están dispuestos a dejar el poder así como así. Si Gadafi está dispuesto a morir matando, los regímenes corruptos del resto del mundo árabe no dejarán el poder con más facilidad. Mubarak se ha marchado, pero su régimen sigue; Ben Alí ha huido, pero los suyos controlan el país. En Yemen, Baréin, Arabia Saudí y tantos que aún quedan, la cosa no pinta mejor. Paradójicamente, las revueltas que ponen en riesgo esos gobiernos, son las que los acaban alimentando, pues el oro negro sube como la espuma y hace más apetecible aún agarrarse al poder.
El precio del petróleo, según todos los informes, entre ellos el prestigioso Nomura, puede llegar a los 220 dólares en breve y eso dispararía todas las alarmas. Así se entiende una medida tan inútil como estrambótica adoptada por el gobierno español: reducir a 110 la velocidad máxima con el fin de ahorrar 6.000 millones de dólares al año. Si el precio del barril llegara a tal nivel, por sí mismo reduciría el consumo. Pero el gran beneficiado con el aumento del precio del crudo, por derivación, es Estados Unidos. Un nivel tan elevado del petróleo hace más necesario que nunca una política agresiva para el control de se producción y comercialización, eso implica más poder para la industria armamentística y más fuerza para el lobby militar. Pero lo que realmente está ayudando a USA es que el alza del precio del crudo tira de la demanda del billete verde. La reserva federal estaba casi incapacitada para seguir imprimiendo billetes por falta de demanda. Pero si el precio del petróleo se duplica la demanda del billete verde también y Estados Unidos tiene resuelto por algún tiempo la financiación de su déficit fiscal y su enorme deuda, que supera con mucho la de aquellos países que han sido intervenidos, el 300% de su PIB. Una suma inimiginable y que no puede refinanciar si no es mediante la impresión de billetes, billetes que sólo tendrán salida si el mundo se sume en algún tipo de dislocación geopolítica que empuje a los países a asegurar sus ingresos en la divisa estadounidense.

viernes, 25 de febrero de 2011

Sit tibi terra gravis

Acaba de acontecer uno de esos hechos que marcan una época. A modo de metáfora, la muerte de uno de los apologistas del neoliberalismo sirve como sinécdoque de la muerte del capitalismo global. El deceso de Daniel Bell marca un hito en el desarrollo de la apología del capitalismo, su muerte es el último acto de su apología obscena. No se equivocó en su último libro fundamental, Las contradicciones culturales del capitalismo, en que el desarrollo del deseo de satisfacción instantáneo acabaría con el propio capitalismo, nacido al calor de la concepción calvinista del trabajo y del esfuerzo. A diferencia del catolicismo, para el calvinismo, la riqueza es el signo externo de la elección divina y esa riqueza es fruto del esfuerzo y la labor de años de esfuerzo. De ningún modo la riqueza es ostentación para un verdadero calvinista, ni tampoco el disfrute puro y simple, es la demostración palpable de la elección divina y de la presencia en él de la gracia. Pero la deriva consumista y hedonista del capitalismo de los últimos 20 años lo llevaba inexorablemente a la profunda crisis donde ahora se ve. Como digo, es lo único en lo que este cripto-ideólogo acertó. Él, que propugnó el fin de la ideología, fue el mayor ideólogo vivo; él, que nos advirtió de la llegada de la sociedad postindustrial y el fin del trabajo como esfuerzo penoso, pasando todos a vivir en una sociedad del gozo de vivir, ocultó el verdadero efecto de esa sociedad: el traslado a los países empobrecidos de la penosa producción industrial y la externalización de los costes de producción.

Sit tibi terra gravis, Daniel, para que así llegues a comprender el daño que tus reflexiones han ayudado a producir en el mundo entero y ese sea el motivo de tu difícil redención. Al menos, tu pensamiento morirá con el sistema social que ayudaste a producir y en toda la tierra no quedará memoria de ti ni de los que son como tú.
Pereat in pacem.

martes, 22 de febrero de 2011

Encargarse de la realidad

Al paso que vamos no sé si lo de las alternativas se está agotando ya y hemos de cambiar el discurso. Yo mismo he participado de este discurso y empiezo a encontrar los límites estructurales del mismo. Un buen alumno me planteaba ayer mismo esta pregunta, con total sinceridad le dije que no sabía cuáles eran, pero creo que lo empiezo a ver claro: hemos de salir de una vez del paradigma globalizado postmoderno. Hay que empezar a hablar de éxodo del capitalismo. Hemos de empezar a tomar el camino de salida, dejando definitivamente todo lo que nos une a este modelo social, económico y político. Será difícil, a los hebreos les llevó cuarenta años en el desierto, pero tras el desierto está la tierra que mana leche y miel.

Sin embargo, a esto no han llegado todavía en el movimiento alterglobalizador que se reúne anualmente, esta vez en Dakar, África. Allí han llegado a constatar que con tantas pequeñas luchas no vamos a ningún sitio y que no son más que apéndices ridículos del modelo imperante, algo así como adornos caritativos. Se trata de una alternativa en el sistema, es decir, sin salir del marco categorial del capitalismo y que pretende hacer de la globalización un proceso de integración de los pueblos, las culturas y las ideas. Es una preservación del nivel básico de la globalización pero poniendo unos límites precisos a aquellos elementos que en ningún caso pueden formar parte de la globalización económica, es lo que se denomina los comunes, aquellos aspectos de la vida en el planeta que no pueden ser parcializados ni privatizados por pertenecer a todo el colectivo humano. Entre ellos figuran el aire que respiramos, el agua dulce, los mares y océanos, la biodiversidad de plantas y animales en el mundo, los genes que todas las criaturas transmiten a las generaciones siguientes, las reservas de conocimiento humano tradicional, los sistemas de apoyo comunales, el espacio público, las lenguas y culturas compartidas, en fin todo aquello que por naturaleza nos pertenece evidentemente a todos. Aunque también hay que añadir los comunes modernos. Si los anteriores son los tradicionales, aquellos que siempre han estado ahí y han pertenecido a todos los habitantes del planeta antes de la llegada del capitalismo en el siglo XV, ahora, en las sociedades modernas han hecho su aparición una serie de elementos que deben ser considerados como pertenecientes a todos los pueblos y seres humanos individuales. Hablamos de los derechos universales declarados por ONU: el derecho a la educación, la sanidad, la alimentación o la seguridad.

La idea rectora de esta alternativa, en cuanto alternativa, se centra en poner límites a la globalización, pero manteniendo el proceso de base. Según ellos, es suficiente con sacar del comercio mundial aquellos elementos básicos para el desarrollo de la vida humana en el planeta. Es una propuesta deudora de la tradición crítica kantiana seguida en el siglo XX por Hans Jonas en su Principio de responsabilidad. Son los nuevos imperativos categóricos que tendrían la formulación siguiente: «obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la tierra», este sería el positivo, el negativo diría: «obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa vida». Estos imperativos tienen una virtud, que ponen a cada uno ante su propia responsabilidad en relación a las consecuencias de su acción; pero también tienen un vicio, que no ponen al mismo nivel las responsabilidades globales y estructurales, es decir, que el pecado estructural queda encubierto en los pecados individuales y se diluye en ellos. Si realmente queremos que una situación injusta o pecaminosa cambie, debemos atender a la vez el pecado y el reato de la pena. Si no sanamos in radice, la enfermedad continuará.

Lo dicho, hemos de empezar el éxodo del capitalismo y a eso estamos todos convocados. En primer lugar los cristianos, pero también el resto, porque todos somos responsables de este mundo que se nos cae por momentos. Se aceptan segerencias, especialmente de los alumnos, para los que además les va la nota en ello. Ya sabéis, el momento práxico, el encargarse de la realidad que decíamos ayer.


* A los alumnos de Teología y Globalización del Máster Universitario en Teología. Especialmente a Pedro Madrigal, suscitador de esta reflexión.

domingo, 20 de febrero de 2011

De un cierto tono apocalíptico sobre el cambio climático

Desde hace tres años, justo los años de la supuesta crisis económica, los medios y los thinks tanks que antes denostaban todo lo referente al cambio climático, han adoptado un cierto tono apocalíptico en lo referente a este asunto. Las noticias alarmistas se suceden semana tras semana, pero un ligero análisis de las mismas nos permite comprender el motivo de esta repentina conversión al más radical ecologismo por parte de los adalides y próceres del capitalismo desarrollista. Como hiciera Derrida en un pequiñito libro hace unos años criticando ese cierto tono apocalíptico adoptado en filosofía, queremos destripar un poquito esta pose, este barniz verde que ahora se está dando el capitalismo.
La última de las noticias conocidas ha sido que en 20 o 30 años se podría liberar completamente el carbono acumulado bajo el permafrost del norte de Europa, Siberia y Canadá. De seguir el ritmo de calentamiento global, el derretimiento del hielo permanente está asegurado para antes de 2050, lo que llevaría a liberar una cantidad de un 20% de carbono más del que ya contiene la atmósfera. De ser así, el efecto invernadero aumentaría y elevaría la temperatura media global en 3 o 4 grados más de lo previsto. Las consecuencias de esto serían verdaderamente catastróficas para la vida del ser humano en el planeta. Es mejor no pensarlo y ponerse ya manos a la obra para evitarlo. El problema es que ya resulta inevitable que esto suceda, lo único realmente posible es ralentizar el proceso e ir adaptándonos poco a poco a los cambios. Hasta aquí la noticia, en lo sucesivo nos colocan la ideología. Nos dicen en la noticia que el estudio ha sido realizado por la consultora holandesa Ecofys, una de las principales impulsoras de las energías limpias y del cambio de modelo energético en el mundo. Según la consultora, no todo está perdido. Sus estudios demuestran que en un plazo de 15 a 20 años el planeta entero podría estar viviendo de energías limpias y renovables sin ningún tipo de cambio del tipo de vida de las personas. He aquí la ideología: se trata de cambiar el modelo energético sin tocar lo más mínimo el modelo productivo y consumista en que vivimos, sin tocar el capitalismo. Además, se promete que el hombre individual no tiene motivos para cambiar de conducta, puesto que las tecnologías ya permiten el cambio de modelo energético sin modificar un ápice las relaciones productivas mundiales.
Este modelo se repite una y otra vez: se asusta al público para, a continuación, ofrecerle la solución, una solución a medida del modelo económico y social vigente. Sin embargo, cualquier salida a esta situación pasará inexorablemente por un cambio radical del modelo productivo y del modo de vida que hemos llevado hasta hoy. Sólo una radical conversión de la humanidad podrá evitar lo peor, de lo contrario olvidémonos de los cantos del sirena del sistema actual, nada evitará la catástrofe definitiva.

viernes, 18 de febrero de 2011

El Dios de cada uno

Leyendo el libro del catedrático de fisiología humana en la Universidad Complutense, Francisco Mora, El Dios de cada uno. Por qué la neurociencia niega la existencia de un Dios universal, he tenido la impresión de un déjà vu, pero esta vez me ha cansado la reiteración. Son muchos los científicos, así se llaman ellos, españoles que arremeten contra todo lo que pueda oler a sacristía, aunque sólo sus sensibles pituitarias sean capaces de detectar tal aroma. Es como si los largos años de clericalismo rancio que hemos padecido en este país tengan que seguir pasando factura en forma de un continuado ataque de ictericia cada vez que alguien dedicado al mundo de la ciencia se enfrenta con sus propios fantasmas personales. Y algo de esto he detectado en este libro, todo él dedicado a fundamentar la novedosa tesis de la creación de los dioses por parte de los hombres. La tesis última y primera del libro es sencilla de exponer: no existe ningún Dios universal creador de todo lo existente y sustentador de una estructura moral de premios y castigos. Los dioses son creaciones de la mente humana, tantos como hombres, para mantenerse en la búsqueda de sentido. La experiencia religiosa es, como toda experiencia humana, el fruto de la interacción de la mente con el medio natural y social.
Si la tesis deja mucho que desear, llevamos demasiados años leyendo sobre esto como para que se pueda decir algo nuevo, el modo de argumentar tampoco es muy adecuado. Capítulo a capítulo se intenta demostrar que lo que entendemos por Dios o religión o principios morales, no son sino manifestaciones de nuestro cerebro, funciones cerebrales que están ahí para que el ser humano pueda desarrollar su modo de vida, como si esto no fuese en sí mismo suficentemente importante. La neurociencia demostraría que Dios es una creación de la mente humana, así como todos y cada uno de los elementos que componen las religiones. Se trataría de ser conscientes de esta actividad creadora de la mente y así liberarnos ya de las hipotecas religiosas que nos habrían sumido en una especie de infantilismo intelectual. Si somos nosotros los creadores de nuestras ideas y estas deben medirse en función de su utilidad para la vida, es muy probable que lleguemos a la conclusión que Dios no existe y que, a lo sumo, podemos hacernos una idea de un Dios íntimo, de cada cual, que no sería sino la proyección de lo mejor de cada uno. Es decir, después de tanta ciencia hemos llegado a Feuerbach; ya sólo nos faltan Marx, Nietzsche y Freud.
Intentar negar la existencia de Dios a partir del estudio del cerebro humano es tan ingenuo como negar el movimiento de traslación terrestre a partir de la observación del orto y ocasos solares. Precisamente es al contrario, el estudio de la estructura cerebral que produce la mente y la consciencia subsiguiente debería llevar a un científico a un sano escepticismo en torno a la existencia de Dios, como así se nota en la obra de eminentes investigadores como es el caso de Iacoboni o Damasio. Creo que es cierto aquello de un poco de ciencia nos aleja de Dios, mucha nos acerca. Al autor le falta aún algo más de ciencia, de esa ciencia que ha llevado a los investigadores más reconocidos y prestigiosos a admirarse de la estructura del cerebro y de la enorme capacidad que tiene para copiar la realidad. El cerebro funciona como un espejo deforme que interactúa con el mundo externo a él, reproduciéndolo y prediciendo comportamientos adaptativos o no. El cerebro, en contacto con el resto del cuerpo y con las sensaciones, es capaz de crear una estructura no material que se sustenta en él, la mente, y que es capaz a la vez de ser consciente de su propia consciencia. Esta maravilla de la creación es el más grande logro que los millones de años de evolución han puesto en el Universo. Pues bien, a mi modo de ver, un Universo que es capaz de llegar a conocerse a sí mismo por medio de uno de sus elementos, no es un Universo ciego ni azaroso, sino que es la expresión de un plan teleológico que se ejecuta a lo largo de los eones de forma sinuosa pero sistemática. Lejos de probar la no existencia de Dios, el cerebro humano es la prueba definitiva de su necesidad a la hora de explicar este Universo. El Dios universal es, por tanto, el Dios de cada uno.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La verdadera fórmula de la Coca-Cola


Según se ha publicado, la fórmula de la Coca-Cola ha dejado de ser el secreto mejor guardado de la historia. Se decía que sólo dos personas la conocían y que no podían viajar en el mismo medio de transporte para evitar que un accidente acabara con la misma. La empresa dice que está guardada en la caja de seguridad de un banco de Atlanta, ciudad sede de Coca-Cola. Pero ahora dicen que fue publicado hace veinte años en un periódico de Atlanta. La fórmula la pueden leer en el enlace (fórmula) o leyendo la imagen que acompaña el post. Tan importante como los ingredientes son las cantidades y el modo de elaboración, por eso el típico sabor de la bebida refrescante más importante del mundo no ha podido ser imitado. Sus ventas aumentan cada año y su presencia pública es absoluta. Estamos ante la marca líder mundial y el vehículo del american way of life. Pero creo que los medios se han confundido y la verdadera fórmula de la bebida sigue sin publicarse aunque no es secreta. De hecho, son muchas las marcas que la utilizan. Veamos cuáles son los verdaderos ingredientes, las cantidades y el modo de mezclarlos.

martes, 15 de febrero de 2011

"Bonus" y "Malus"

Como en este país las cosas están como están, a nadie extraña la coincidencia de dos noticias diferentes por sus consecuencias, pero similares en las causas que las han provocado. Hoy finaliza la ayuda de 426 euros que el gobierno dio hace dos años para los parados que habían dejado de percibir el seguro de paro. Son 800 mil parados los que dejarán de recibir esa suma. La nueva ayuda de 400 euros se prestará a parados que no recibieran la anterior, lo que quiere decir que 800 mil personas se quedan sin nada de nada para poder vivir, a menos que encuentren trabajo. Pero para los afortunados que reciban la gracia de los 400 euros se ponen unas condiciones que impidan que pretendan vivir a costa del erario público: primero deben seguir un curso de formación y firmar unos documentos por los que se comprometen a reciclarse y participar activamente en su reinserción en el mercado laboral. Nada de ser un holgazán que disfruta de los 400 euros mientras tantas empresas están esperando que trabaje por el salario mínimo, 650 euros. ¿Cómo podríamos permitir que los parados se dieran la gran vida a costa de tantos esforzados emprendedores que todos los días salen a la calle a buscar su sustento? La sociedad no puede permitir que alguien piense en vivir sin trabajar. Si ya lo decía San Pablo, el que no trabaja que no coma.
Por otro lado, ayer conocimos que Caja Madrid, entidad financiera que ha recibido 4.400 millones de euros del erario público debido a la mala gestión realizada por sus directivos, tenía pendiente pagar unos bonus a los mismos por valor de 25 millones de euros. La entidad, con buen criterio, ha creído que no era justo pagar bonus a quien ha llevado la empresa a las puertas de la quiebra y se ha negado a pagarlos. Aunque el amparo legal es que según la Unión Europea, una entidad financiera que recibe ayudas públicas no puede pagar bonus a sus directivos. Estos pobres directivos han puesto el grito en el cielo y han acudido a la legislación laboral, sí ya sé que no parecen trabajadores pero para esto lo son, y han reclamado lo que por justicia tienen pactado en su convenio con la empresa. Como la realidad no está exenta de cierta ironía, los mismos que quieren eliminar los convenios colectivos de sus trabajadores recurren a ellos para defender sus intereses. Y lo más probable es que la justicia acabe dándoles la razón, como ha sucedido en Gran Bretaña, donde los directivos de los bancos ayudados por el dinero público se han repartido en bonus la cantidad de 10.000 millones de euros. Sí, todo ese dinero por haber hundido sus empresas.
Una simple constatación moral haría repugnante todo esto. A los que hunden empresas se les paga bon bonus, mientras a los que sufren las consecuencias se les retiran las escasas ayudas y se les condiciona a estar disponible para cualquier cosa. Lo adecuado sería establecer una forma de recompensa adaptada a las condiciones, si esos directivos de bancos, como los de Caja Madrid, han dejado un agujero de 4.400 millones de euros que las arcas públicas tienen que rellenar, habría que aplicarles a los directivos, no unos bonus, sino unos malus equivalentes a esa cantidad. De esta manera, cada cual debería asumir la responsabilidad por sus actos. Esto es, al menos, lo que dice la teoría capitalista, esa que se enseña en los manuales de economía oficiales y con la que se desmontan las posibles alternativas al sistema. Pero cuando sucede la quiebra del modelo entonces los capitalistas se vuelven socialistas. Se socializan las pérdidas para que las paguemos todos y se privatizan los beneficios. Creo que aquí, más que de injusticia se trata de un problema de ineficacia. Si los que la hacen no la pagan la seguirán haciendo y los que sufren las consecuencias acabarán hartándose de ello y no sabemos dónde puede acabar esto.

domingo, 13 de febrero de 2011

¡Famélicos del mundo, uníos!

Nos avisan los pirómanos que pronto tendremos un incendio y que sólo con su ayuda lo podremos apagar. Sí, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que siguen sumando motivos para su procesamiento por crímenes contra la humanidad, han advertido que de aquí a 2015 la volatilidad de los precios de los cereales aumentará el número de personas que no puedan acceder a los alimentos y seguramente viviremos una crisis alimentaria mundial. Con el término volatilidad se refieren ellos a que los problemas de sequía en China e India y las inundaciones en Australia y otras zonas productoras de cereal, es decir, el tan manido cambio climático, han llevado a la disminución de las existencias de cereales en los mercados, lo que ha provocado el alza de su precio de forma vertiginosa. Hemos superado los niveles récord de 2008 en los precios de los cereales.
Así es como ellos lo cuentan, pero la simple constatación de los datos que la FAO ha publicado y la observación del mercado de cereales en Chicago, nos permiten contar otra historia. Según la FAO, la cosecha de 2010 ha sido la mejor de toda la historia, con un aumento de más del 5% a nivel mundial. Por otro lado, la demanda ha aumentado también, pero no debido a las necesidades alimentarias, sino porque los cereales están siendo derivados hacia la producción de agrocombustibles y eso produce un aumento de precios en los mercados. Por otro lado, los problemas climáticos no han perturbado en nada la producción mundial, pues lo que en unos sitios disminuye aumenta en otros y el resultado neto es favorable.
Estos son los hechos, los datos puros, pero los gestores de la economía siguen insistiendo que el alza de precios se debe a causas naturales o a la contingencia de la economía. Mienten porque les interesa hacerlo, pero quien de verdad quiera conocer las causas puede hacerlo. Se trata de la pura y simple especulación. Los Fondos de Inversión han apostado sus inversiones en la bolsa de Chicago, donde se cotiza su precio mundial, y han acaparado en las operaciones a futuro todos los cereales hasta 2015. Dicho de otra manera, unos cuantos Fondos de Inversión poseen la propiedad sobre la producción mundial hasta dentro de cuatro años y ese monopolio en el control de los cereales es el que ha tirado al alza de los precios y seguirá haciéndolo en el próximo lustro. Las consecuencias van a ser catastróficas para las grandes masas de pobres. Si hoy son 1200 millones de seres humanos que no comen a diario, en los próximos tres años podemos llegar a los 3000 millones con toda facilidad.
Ninguna Campaña contra el hambre podrá evitar esto, porque la acción ya no puede ser ni alimentar hambrientos ni concienciar a las pobres gentes sensibles del mundo enriquecido. Esto sólo puede solucionarse con un cambio brutal del modelo de organización económica y social. Lo único realmente positivo de todo esto es que tantos millones de hambrientos pueden provocar un cambio global, como hemos visto en Túnez o Egipto. Su lema sería algo así como "famélicos del mundo, uníos. No tenéis nada que perder salvo vuestra penuria".

jueves, 10 de febrero de 2011

Qué hacer con el FMI

Ayer saltó la noticia y se hicieron eco de ella en todos los medios de comunicación: el Fondo Monetario Internacional hace autocrítica. En un análisis interno de un grupo independiente, admite que el Fondo no supo ver la crisis que se avecinaba y se dejó cegar por el pensamiento único que impone el crecimiento y la fortaleza del sistema capitalista como único contexto de pensamiento posible. Es más, indica que fue esa percepción ideológica y no un análisis puramente económico lo que le llevó al fatal error y permitió que las burbujas se generaran una tras otra hasta llegar a la debacle financiera de 2007-2010. Hasta aquí la noticia, ahora analicemos la verdad.
El FMI ha aplicado durante más de medio siglo las políticas financieras que han llevado al planeta hacia el neoliberalismo imperante, en modo alguno es una víctima del pensamiento único sino uno de sus principales puntales. Además, obligó durante treinta años a los países descolonizados a aplicar políticas de ajuste estructural que suponían abrir sus mercados internos a economías más potentes y dejarlos al descubierto ante la voracidad de las multinacionales. Durante todo este tiempo, el Fondo ha sido el cabildero de las políticas de saqueo constante de los países ricos en materias primas y empobrecidos en su economía. Durante treinta años ha sido el causante de las políticas económicas que han condenado a la desnutrición a tantos millones de seres humanos y el responsable de buena parte del sufrimiento mundial. El FMI, junto con el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, son los responsables del mal estructural de este mundo, son la santísima trinidad del mal global.
En estos tres últimos años, el FMI ha implementado políticas para salir de la crisis que no son sino un calco de las que obligó a hacer a los países de América Latina y Asia durante los decenios anteriores, políticas que fracasaron en lo social y económico y que sólo beneficiaron a las multinacionales y los grupos financieros, ayudándoles a tomar el control de los recursos, materias primas y mano de obra mundial. Durante los últimos años, sólo los países que no han seguido políticas del FMI han salido bien. Entre estos países hay que contar Argentina e Islandia. Sin embargo, aquellos que han seguido a pies juntillas sus imposiciones, están en la bancarrota y con un grave problema social: caso de Grecia e Irlanda. Porque el FMI es el responsable de emitir informes y aplicar políticas económicas que están cortadas con el mismo patrón: recortes sociales, privatización de lo público y reducción de impuestos, justo lo que está haciendo ahora mismo España y que llevan a los países a crisis más graves aún de las que supuestamente tienen. Pero con todas esas medidas se consigue lo que se pretende: hacer más ricos y poderosos a los que ya lo son y empobrecer más a los ciudadanos.

Lo que de verdad habría que hacer con el FMI es un juicio público, una especie de Juicio de Nuremberg donde se juzgue al FMI, al Banco Mundial, a la Organización Mundial del Comercio y, en definitiva, al Capitalismo. La causa es clara: incompetencia, ineficiencia y, lo más grave, crímenes contra la humanidad. Sería necesario aplicarles también algún tipo de legislación antiterrorista y que el juicio fuese público, con condena y ejecución públicas incluidas. Por supuesto que a las personas responsables, hay unas 6.000 en todo el mundo, habría que tratarlas humanamente, al menos con algo más de humanidad que ellos trataron siempre a los demás, pero las instituciones deben ser ejecutadas para quede claro que no volveremos a consentir que unos cuantos organicen el mudo para obtener el máximo lucro posible a costa de la inmensa mayoría de la humanidad.

Menos mal que soñar aún es gratis en el capitalismo

lunes, 7 de febrero de 2011

La maraña moral

En esta semana que se celebra el día del ayuno voluntario de Manos Unidas, como medio de concienciación en su Campaña contra el hambre, nos ha surgido una noticia que revela a las claras el modo de funcionamiento del modelo económico y social actual. Bbc.com publica la entrevista realizada a un activista por la justicia global que se infiltró en un paraíso fiscal y desentrañó los entresijos de su funcionamiento. John Cristensen aprovechó ser experto financiero y oriundo de Jersey, uno de los más importantes paraísos fiscales, para encontrar trabajo en una entidad financiera radicada allí. En realidad su trabajo lo realizaba para Oxfam, una ONG de los años ochenta que hoy conocemos por Intermón Oxfam. Desde dentro pudo conocer el modo de funcionamiento y la dificultad para desentrañar los subterfugios que se utilizan en esos lugares para garantizar el secreto de las cuentas y operaciones, que es justo lo que hace que los paraísos fiscales sean lo que son. Lo verdaderamente importante es que en esos sitios confluye el dinero de todos los adinerados del mundo junto con el proveniente de la delincuencia internacional y el crimen organizado. Sin embargo, ningún juez o ningún país, han movido un solo dedo por desentrañar la madeja que cubre y protege estos lugares. Es evidente que hay un interés especial por parte del capitalismo por mantener ciertos lugares opacos donde guardar el dinero de los latrocinios, sean estos legales o no. En los paraísos fiscales existe un tercio del PIB mundial, unos 18 billones de dólares, y están allí bien protegidos por una legislación internacional que está pensada para defender los bienes de algunos y no la vida de la mayoría.
sólo con los impuestos evadidos de esas cantidades, sin contar las multas por evadir impuestos, se obtendrían en el mundo unos 255.000 millones de dólares, cantidad más que suficiente para: 1. acabar con el hambre en el mundo; 2. erradicar la pobreza; 3. escolarizar a los 500 millones de niños que no lo están; 4. reducir a niveles aceptables la mortalidad infantil. Es decir, sólo con los impuestos evadidos se podrían haber cumplido con creces los objetivos del milenio más importantes. Y eso sin necesidad de quitarle nada a los pobrecitos millonarios que disfrutan de su posesión. Si la ONU o el G20 no hacen nada es, sencillamente, porque no quieren. Porque en el fondo, los paraísos fiscales, son la esencia del sistema capitalista y sin ellos es muy probable que dejara de existir. Por esto mismo es más efectiva una campaña contra la riqueza acumulada en esos lugares que un millón de campañas contra el hambre.
Como hemos dicho en otras ocasiones, no se trata de luchar contra la pobreza, sino contra la riqueza, porque es ésta la causante de aquella. Pero, si luchas contra la riqueza te descalifican como insensato, en el mejor de los casos; si luchas contra la pobreza te llamarán utópico o te tendrán por santo. Pero el problema real está en la riqueza, en el modo de producirla y retenerla. Es ahí donde hay que atacar con todas las fuerzas, desentrañando la maraña moral del capitalismo global.

viernes, 4 de febrero de 2011

Manos unidas, conciencias despiertas.

Con motivo de la Campaña contra el hambre que Manos Unidas realiza anualmente, he sido invitado a la presentación de la misma por el grupo de Manos Unidas de Cehegín con el título Mortalidad infantil en un mundo injusto. La intervención tendrá lugar a las 21 horas y en ella pretendo mostrar cómo es un mundo para que en él mueran de hambre 20.000 niños al día. No voy a perder mucho tiempo en los datos de tamaña injusticia, creo que de sobra son conocidos. Sí voy a dedicar el tiempo disponible a demostrar que no es una cuestión de mal reparto, ni mucho menos de fatalidad. Se trata de un orden injusto que necesita de la miseria de las mayorías famélicas del mundo para seguir produciendo riqueza para unos cuantos. Es decir, que la miseria, no la pobreza, es dialécticamente proporcional a la riqueza. Para ser más exactos, que el enriquecimiento obsceno de unos se produce a costa de la pauperización extrema de la gran mayoría. Esto se puede comprobar con la simple constatación del aumento de la diferencia entre los enriquecidos y los empobrecidos. Si en 1900 la diferencia estaba en 1 a 15, en 1970 se había llegado a 1 a 30 y en 2000 1 a 60, para acabar en 2010 en 1 a 90. Con esto se ve claro que el dogma neoliberal que los medios de comunicación nos mienten a diario es falso. A saber, que para acabar con la pobreza hay que crear riqueza en un nivel suficiente que permita que, por filtración, descienda de los ricos hacia los pobres. Esto es ideología en estado puro. En los últimos 15 años se ha duplicado el Producto Interno Bruto del planeta, pero ese beneficio se lo han quedado unos pocos, aquellos que han visto engordar sus cuentas bancarias.

Es un error caer en la ideología actual del crecimiento constante, porque ese crecimiento no asegura por sí mismo la justa distribución de lo producido. Es más, el crecimiento es el motor de la injusticia, precisamente por el modo capitalista de producción, un modo organizado según la estructura centro/periferia. El centro, los enriquecidos, se apropian de todo, mientras la periferia, el resto, son expropiados de todo. Hay que salir del sistema de producción y distribución capitalista que genera la riqueza/miseria en el mundo. No se trata de acabar con la pobreza, sino con la riqueza, porque es ésta ultima la causa de aquella. Más concretamente de la miseria. La pobreza, en sí misma, es el medio para acabar con la estructura criminal del mundo que condena a 1200 millones de seres humanos a la inanición. La pobreza es un valor humano esencial, no la miseria. Contra lo que luchamos es contra un orden mundial que pauperiza a los cuatro quintos de la población mientras idiotiza al resto y enriquece a unos pocos.

Rafael Esteban, un misionero del que no volví a saber nada, nos contó en unas charlas a los miembros de Manos Unidas en los ochenta que no se trataba de hacer una campaña contra el hambre sino de ir en campaña contra el hambre hasta acabar con sus causas. De nada, nos dijo, sirve alimentar hambrientos hoy para tener que hacerlo mañana otra vez. Lo que hay que hacer es destruir la maquinaria asesina en la que vivimos. Hay que acabar con la Bestia, con el dios Molok que exige sacrificios humanos. Y, para los cristianos, se trata de optar entre el dios de este mundo, dios de muerte que condena a tantos millones de hermanos a la muerte, y el Dios Padre de Nuestro Señor Jesuscristo, Dios de Vida y Amor que nos compromete en la lucha contra la seducción del poder, el dinero y la riqueza. El dios de muerte siempre recurre a la cruz, pero nosotros esperamos la resurección como triunfo final. Hoy, aquí, vivimos como resucitados si damos un paso en la destrucción de la máquina de muerte de este mundo. Aunque sea en nuestra mente y nuestro corazón.

miércoles, 2 de febrero de 2011

El Dios falsificado


Acaba de salir en la editorial Sígueme, con los siete años de rigor de retraso, la visionaria obra del teólogo alemán Thomas Ruster, El Dios falsificado. Una nueva teología desde la ruptura entre cristianismo y religión. Es una obra que plantea de forma precisa la situación en la que se encuentra el cristianismo tras muchos siglos de connivencia con el mundo capitalista. El análisis benjaminiano del capitalismo como religión de este mundo, permite comprender dónde estamos y cuáles son los riesgos que nos acechan. Si queremos que el cristianismo no desaparezca hemos de ir hacia una transformación-conversión absoluta de nuestro modo de estar en el mundo, sin ser por ello de este mundo. Ruster plantea una tesis que tiene un largo recorrido en el ámbito germano: la relación entre el lenguaje cristiano sobre Dios y la experiencia de la realidad que lo determina todo. En esta relación algo fundamental ha cambiado. Si durante el milenio y medio anterior el cristianismo fue capaz de conciliar su Dios con la experiencia de la realidad que lo determina todo, hoy ya no es posible sin modificar ese Dios cristiano. Es decir, si hoy la experiencia de la realidad que lo determina todo siguiera siendo equivalente al Dios cristiano, entonces este dios sería el del dinero y el poder, el dios del capitalismo, que es precisamente la realidad que lo determina todo hoy día.
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