domingo, 29 de agosto de 2010

Un cristianismo místico

Como siempre, la muerte se presenta de imprevisto y sin avisar. No había pensado terminar así los estiajes de este agosto, pero la muerte de Raimon Panikkar exige unas palabras en este blog, entre otras cosas porque en algo su pensamiento pulula por estas letras que suelo escribir de vez en cuando. Recuerdo que era yo estudiante de teología cuando, por mediación como en tantas cosas de López Baeza, conocí un librito que me abrió una perspectiva de la teología muy diferente a la que podía acceder en los manuales. El libro se llama La Trinidad y la experiencia religiosa, publicado por Obelisco y del que creo que yo compré el último ejemplar. He preguntado por él en diversas ocasiones para regalarlo y siempre me decían lo mismo: agotado. Y es una pena porque la imagen de Dios que allí encontramos rompe con el dualismo occidental de la mano del pensamiento hindú, que no sabe de dualidad. Su visión del mundo es holística e integradora, donde los tres principios están en perfecta armonía: el cosmos, la divinidad y el hombre. A esto llama Panikkar el cosmoteandrismo. Aunque muchos no lo crean, éste es un concepto que está más en consonancia con la fe cristiana que el tradicional dualismo materia-espíritu que tanto se nos ha enseñado en la tradición occidental. Pero es un concepto que se acerca a lo místico y no tanto a lo especulativo.
Hay una expresión que todo el mundo atribuye a Rahner, pero que es en realidad de Panikkar: "el cristianismo del siglo XXI será místico o no será", reza la expresión que tanto éxito ha tenido desde entonces. Rahner la dijo en una conferencia, pero no fue exactamente así, él dijo: "alguien ha dicho que...", y todo el mundo supuso que no era sino un recurso retórico de modestia del gran teólogo, pero era cierto y ese alguien fue Panikkar, en una mesa redonda sobre el cristianismo futuro en la que coincidieron. Sea como fuere, la frase es muy acertada porque la única posibilidad que tiene el cristianismo de seguir siendo fiel a sí mismo es volver a su hermosa tradición mística y desde ahí relacionarse y dialogar tanto con el resto de religiones como con la sociedad globalizada. Sólo desde lo místico encontramos la verdad de cada religión e, incluso, de cada hombre.
Raimon Panikkar ha tenido una extensa vida, ha muerto a los 91 años, todos ellos de gran lucidez intelectual y moral. Hemos de agradecer los puentes establecidos entre culturas y las búsquedas que nos ha abierto en tantos campos. Tengo mis diferencias con su pensamiento, diferencias que tienen mucho que ver con el modo oriental de ver la vida que a mí me parece que peca de cierto elitismo individualista. Yo me siento más cómodo con el pensamiento más comunitario que nace de todos los esfuerzos revolucionarios y utópicos que hemos vivido en la tradición cristiana que nace en el propio Jesús. No puedo renuncia al concepto clave en Jesús: Reino de Dios, como medio de entender la unión de ese cosmoteandrismo de Panikkar. También creo que los esfuerzos individuales no son suficientes para que el Reino llegue a todos los hombres de la tierra y por eso propugno y propicio formas comunitarias de vivirlo y expresarlo, hasta que Dios sea todo en todas las cosas. Esto es, para mí, un cristianismo místico, el que une lo personal y lo comunitario en medio de lo natural, ahí coincido con Raimon Panikkar. Descanse en paz.

martes, 24 de agosto de 2010

El destino del universo

La última publicación de Science nos aporta las conclusiones, se dice que definitivas, sobre el posible destino del universo. Hasta ahora se había descartado la posibilidad de un Bign Crunch, o un gran colapso final del Universo debido a la mayor fuerza de la gravedad. Según esta teoría, llegará un momento en el que el Universo dejará de expandirse debido a que la fuerza de la gravedad lo frenará y comenzará a contraerse. Esto ha sido totalmente descartado, quedando descartada también la del Universo acordeón que se expande y se contrae regularmente en periodos largos de tiempo. Quedan sólo las teorías que apuntan a la expansión indefinida del Universo y esto es lo que esta investigación de la NASA ha venido a apuntalar. Los datos no dejan lugar a la duda, el Universo seguirá expandiéndose porque la materia oscura, que ocupa el 72% del Universo, impide que la gravedad frene la expansión. Ahora se trata de saber si esa expansión indefinida tendrá como resultado un Universo grande, pesado, frío y muerto, dentro de varios miles de millones de años, tal y como apunta el artículo publicado, o si por el contrario, algo puede hacer que el Universo se expanda y siga vivo.
Yo me apunto a esto último por dos razones. La primera de tipo científico, hay observaciones que apuntan a que se sigue creando materia en algunas circunstancias en el Universo como a partir de la nada, una verdadera creatio ex nihilo. El prestigioso científico John D. Barrow, en un magnífico libro, El libro de la nada, afirma: "una serie de notables observaciones asstronómicas parecen estar detectando ahora el vacío cósmico por sus efectos sobre la expansión del Universo. [...] hay mucho más en la Nada de lo que parece", algo así como la nada nadea de Heidegger. Es decir, que habría una fuerza, por llamarla así, que hace que el Unvierso siga vivo. Ya sé que me salto muchos pasos, pero la conclusión es esa. Y esa misma conclusión es a la que llega la fe, que es la segunda de las razones por la que me apunto a esta teoría, en el Dios de vivos que es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Es imposible que haga algo que no sea para la vida y para darla en abundancia. Claro que esto es fruto de la fe y no de la ciencia o del saber. Aunque la ciencia no llegara hasta aquí, yo lo tendría como base de mi estar en el mundo, pero es así que la ciencia ha llegado a esto y lo sabe fundar según su método, por tanto podemos argumentar en ese doble sentido. La verdad al final siempre es una, sea científica o no. La fe y la ciencia convergen en último término.
El artículo que comentamos no dice nada de un Universo vivo indefinidamente, pero su aportación nos permite fundar aún mejor nuestra fe. Aunque sea por un camino tan extraño. El destino del Universo no es otro que el Amor, porque Dios es Amor.

*Las dos imágenes son del cúmulo de galaxias Abell 1689. A la izquierda materia visible, a la derecha materia oscura, de la que nacería la fuerza para la expansión indefinida del Universo.

sábado, 21 de agosto de 2010

Eppur si muove

San Roberto Belarmino es uno de esos santos que infunden esperanza en los simples mortales. Estoy convencido que con él la Iglesia quiere significar la universalidad de la llamada a la santidad, porque de lo contrario no se explica su canonización. Martillo de herejes, inquisidor en sus ratos libres, censor de científicos y adulador de jerarcas, con este currículum llegó a la santidad este buen hombre que todos los estudiantes de teología han de conocer por su empeño en defender la doctrina frente a todos aquellos que se empeñaban en criticarla, sean protestantes o científicos. Como ejemplo transcribo un texto de una carta de Belarmino a Foscani del 12 de abril de 1615 con relación al caso Galileo en el que el santo tomaba parte: "Si se diese una verdadera demostración de que el Sol está en el centro del mundo y la Tierra en el tercer cielo [entiéndase que es el tercer planeta], y que el Sol no gira alrededor de la Tierra, sino que la Tierra gira alrededor del Sol, entonces habría que explicar con mucha circunspección las escrituras que parecen contrarias, y más bien decir que no las entendemos, antes que decir que sea falso lo que se ha demostrado. Pero no creeré que exista tal demostración hasta que no me sea mostrada [...] y en caso de duda no se debe abandonar la Escritura tal y como ha sido expuesta por los Santos Padres". Hay que saber que Belarmino "pidió" a Galileo que expusiera sus demostraciones como meras hipótesis, por tanto la frase que hemos resaltado cobra un nuevo valor. Si no creerá nada hasta que le sea mostrado y como mucho sólo se pueden lanzar hipótesis, entonces nunca se demostrará nada y por tanto habrá que seguir la Escritura tal y como la interpreta la doctrina oficial. Aún así, en caso de poder demostrar que la Escritura no acierta con la organización del mundo, entonces tenemos la escapatoria de afirmar nuestra ignorancia, salvando así el supuesto error de la Escritura.
Sea como fuere, la banca siempre gana, sobre todo teniendo presente el terror que el brazo secular podía ejercer. Giordano Bruno probó en sus carnes el modo de actuar de una fe a la defensiva y Galileo casi llega a hacerlo. Sin embargo, y a pesar de todo, la verdad siempre acaba imponiéndose, eppur si muove dicen que afirmó entre dientes Galileo, con lo que querría afirmar que las cosas son como son y no como a algunos les gustaría y no merece la pena poner en riesgo la vida por defender algo que se defiende solo.
A pesar de todos los belarminos de la historia, la verdad resplandece como el sol, más tarde o más temprano. Hoy en día Galileo ha sido rehabilitado por la Iglesia y cierto Darwin también, pero nos da la impresión que a toro pasado siempre se ven las cosas más claras. Creo que a la Iglesia le resulta muy fácil reconocer errores pasados y no los presentes, que también se están cometiendo con ciertas formas de entender la ciencia. No digo los teólogos, porque los hay muchos y buenos, pero sí la doctrina que no avanza ni a paso de tortuga, mientras la ciencia va en avión. En fin, a ver cuando subimos a los altares a Teilhard de Chardin. Hago votos por ello, aunque su doctrina fuera algo deficiente y su ciencia no se atuviera del todo a lo que hoy sabemos, pero si Belarmino pudo serlo, Teilhard con más razón.

miércoles, 18 de agosto de 2010

La falsedad y la fe

Uno de los episodios más vergonzosos de la historia reciente de la paleoantropología sucedió ahora hace un siglo. En 1909 un científico aficionado a la búsqueda de restos fósiles humanos, Charles Dawson, dijo haber encontrado restos de un cráneo y una mandíbula en una cantera en Piltdown. Llevó los restos a un eminente científico y profesor, Smith Woodward, y éste dio el marchamo científico a los restos. Según él, se trataba del eslabón perdido entre el mono y el hombre, poniéndole el pomposo nombre de Eoanthropus dawsonii, es decir, el hombre nuevo de dawson. También fue conocido como el Hombre del Alba. Durante más de cuarenta años funcionó el engaño que no era otro que creer que el cráneo, de hombre moderno, y la mandíbula, simiesca, pertenecieron al mismo ser. Si esto hubiera sido cierto, las teorías creacionistas se habrían visto respaldadas, porque los restos fósiles demostrarían que el paso entre el mono y el hombre fue de una sola vez, en un único lugar (además Inglaterra, blanca y occidental) y de forma rápida y abrupta, como si se tratara de una intervención directa divina. Por aquel entonces había muchas reticencias entre científicos y sobre todo entre los teólogos a aceptar el paso gradual entre los simios y los hombres, porque esto desmontaría la base sobre la que se asienta todo el pensamiento occidental: el dualismo. La teoría del salto ontogenético que viene a decir que entre el cuerpo del hombre y su mente hay un abismo que la evolución no puede explicar, es muy querida por todos los dualistas occidentales y el hombre de Piltdown vendría a corroborar sus tesis.
Lo verdaderamente grave no es que el engaño se perpetrara, sino que surtiera efecto. ¿Cómo es posible que varios de los más eminentes científicos de la época cayera en tan burda patraña? Hay que pensar que Dawson, el falsificador, tomó el cráneo de un cadáver reciente y lo unió a una mandíbula de un simio del zoológico. Para dar credibilidad a su creación ennegreció el conjunto, desgastó los molares de la mandíbula al modo humano y cercenó oportunamente la zona de engarce de la mandíbula con el cráneo, zona que habría denunciado el fraude. Todo esto no fue detectado hasta treinta años después, aunque muchos científicos mostraran su extrañeza.
La única respuesta válida para explicar el funcionamiento del fraude es que muchos encontraron lo que esperaban encontrar, a saber, la prueba de que la evolución tiene un límite cuando se acerca a lo humano y que Dios interviene de forma directa para la creación del hombre. En este error, por llamarlo así, cayeron tanto científicos agnósticos que no podían aceptar el gradualismo evolucionista, como creyentes sinceros que necesitaban una prueba científica de su fe. Unos creían que la integración del hombre en la escala evolutiva natural, pura y simple, no hacía justicia a la altura moral humana, que la cultura, la civilización y la sociedad no pueden ser explicados en términos evolutivos; otros estaban convencidos de que Dios no puede actuar por medios naturales para la creación del hombre y que éste es fruto de una creación directa por Dios, al menos de la parte más noble de él, el alma. Unos y otros necesitaban que la ciencia les diera la razón, con lo que acababan por rendir sus armas a la propia ciencia.
Uno de los corolarios más triste de este asunto es la participación de Theilhard de Chardin en el engaño. Parece ser que no estaba al tanto, aunque era amigo de Dawson y encontró varios restos fósiles de animales en la misma zona. Creo que debe ser exonerado del fraude, pero Jay Gould no lo tiene tan claro y aduce pruebas circunstanciales que podrían implicarle, aunque como máximo podría ser colaborador indirecto, no artífice, quizás llevado por una mala comprensión de la fe o por cierto chovinismo francés, que llevaría a colaborar en un fraude que al descubrirse dejara en evidencia la ciencia británica. Sea como fuere, el hombre de Piltdown, u hombre del alba, nos revela mucho de la condición de nuestra propia fe y de los límites que hay que respetar a la hora de hacer apologética. Hay que llevar mucho cuidado para que la fe no caiga en falsedad.

lunes, 16 de agosto de 2010

Matar al mensajero

Era costumbre en algunos imperios matar al mensajero de malas noticias como si él fuese el responsable, o como si con ese acto se evitaran las consecuencias negativas de las nefastas nuevas. O mejor, a modo de chivo expiatorio que carga con la culpa del mal que ha portado. Desconozco el motivo de hacerlo, pero hoy mismo estamos asistiendo a algo parecido. Como imagino que es notorio, todo el mundo debe saber que Estados Unidos no se anda con chiquitas en sus guerras imperiales. La lista de civiles muertos es enorme y todo el daño causado por sus tropas acumula rencor y odio en los lugares donde dicen ir a liberar. Cuanto más "liberan", más odio generan, no sólo en los lugares de sus crímenes, sino en el mundo entero.
Los desmanes de la guerra en Afganistán están sacando de quicio a los responsables del Pentágono y al propio Obama, pero no porque sus tropas se dediquen a la caza de civiles sin miramientos, como dejamos constancia en este blog el 19 de abril (pinchar para ver), sino porque la web Wikileaks está revelando material secreto que pone en evidencia los métodos criminales del ejército. Semana a semana caen como verdaderas bombas los documentos que publica la web, documentos obtenidos de militares "arrepentidos" de sus fechorías y que quieren que el público conozca la realidad. Se dijo también que las filtraciones provenían de enemigos de la actual administración, o peor, enemigos de América, eso que siempre dicen por allí cuando se les hace ver la verdad. Por eso, el Pentágono va a iniciar una investigación para descubrir las fuentes de información de Wikileaks e intentar cerrar la web, o al menos desacreditarla como colaboradora de los terroristas.
Es evidente, para cualquier ser humano normal, que los únicos terroristas que hay en el mundo son las tropas de Estados Unidos que son quienes matan, violan, secuestran, roban, torturan y masacran sin límites, crean un desierto y lo llaman paz. Claro que esto no nos extraña a muchos porque es el modo de actuación de todos los imperios, como ya lo viera con nitidez Tácito. Este romano puso en boca del general de los habitantes de Britannia que luchaban contra el Imperio romano, el mayor alegato contra cualquier imperio: "a robar, matar, masacrar y destruir llaman Imperio, crean un desierto y lo llaman paz" (Agricola 30, 1). Espero que resplandezca la verdad y Wilileaks siga adelante con su labor, que esta vez no muera el mensajero, sino que su mensaje sirva para evitar el mal que anuncia.

jueves, 12 de agosto de 2010

Smith y el capitalismo inmaterial


La expresión capitalismo inmaterial se la debemos a Daniel Cohen, vicepresidente de la École d'Économie de Paris y editorialista del diario Le Monde. Quiere ser el resumen de lo que está sucediendo desde que la globalización acaparó todos los ámbitos de la vida. El capitalismo inmaterial es el modelo capitalista que corresponde a la sociedad postindustrial y tecnológica donde las relaciones de producción han sido modificadas en beneficio del conocimiento y de las rentabilidades crecientes. Este cambio epocal que comenzó en los ochenta tiene tres vertientes complementarias: la económica, la social y la cultural. Cada una de ellas corresponde a las dimensiones expresadas con tres realidades explicativas: capitalismo, postmodernidad y globalización. El capitalismo inmaterial no sería sino el nuevo ropaje que se ha dado el capitalismo en la era de la globalización postmoderna. No sería nada nuevo sino el mismo perro voraz de siempre con distinto collar, esta vez un collar kitsch. El error que a mi juicio comete Cohen es el mismo que han cometido todos los enterradores del pensamiento crítico, a saber, pensar que con los cambios introducidos en el capitalismo éste se ha vuelto humano y no caben ni la crítica ni la utopía, ni siquiera una mínima alternativa a lo existente.

lunes, 9 de agosto de 2010

La cultura y el revólver

En un documento gráfico de indudable valor histórico y más aún en los tiempos que corren, Göbbels afirma, vestido de militar nazi, que cuando oye la palabra cultura hecha mano a su revólver. Hoy día son muchos los que recurren a su revólver ideológico cada vez que alguien esgrime razones humanas o de cualquier otro tipo, no digo ya políticas, para criticar la demonización que estamos presenciando de ciertos países que no siguen el dictado impuesto para el nuevo consenso mundial sobre la crisis. Este consenso ha venido a sustituir al difunto Consenso de Wasington que puso los pilares del mundo de la guerra fría y que desmontaron los Chicago boys en los noventa y principios del siglo XXI. Desde 2008 lo demás es historia, entre otras cosas porque ya no nos permiten cuestionar el modelo que parecía venirse a bajo y que de todos modos se hundirá. El gran peligro es que las anunciadas reformas del capitalismo se han quedado en más capitalismo, por favor. Dentro de la estrategia, perfectamente pergeñada desde los think tank del Imperio Global Postmoderno, es necesario que todos los que pongan en riesgo el pensamiento único impuesto, sean convenientemente asociados a ideas peligrosas, terroristas en su lenguaje. De esta manera se califica de terroristas a todos los que se atreven a proponer otra manera de ver el mundo. Es el caso de Irán. Ya sé que no es precisamente un país modelo para proponerlo como ejemplo de libertad y democracia, pero de ahí a la demonización constante que sólo busca la excusa para iniciar una guerra hay un abismo. Irán será masacrado como lo fue Irak, Afganistán o Pakistán. No se trata de ninguna profecía, es un simple cálculo de circunstancias el que llevará a la superpotencia hegemónica en declive a iniciar el principio del fin de su poder.
Los primeros pasos ya se han dado. La imagen del enemigo, personificación del mal, ha sido completada entre el público americano y está a punto de conseguirse en Europa, quien no dudará en seguir al jefe allá donde le mande. Las mentiras están afiladas y los medios de comunicación preparados para justificar la masacre. Llegado el momento habrá un cierre de filas con los nuestros, sea como sea que se realice el ataque. Y será lacerante ver como las personas normales de la calle repiten cual altavoces las consignas de los medios de comunicación. Como Göbbels sabía muy bien, no hay que dejar espacio para la reflexión, todo ha de ser blanco o negro, o estáis conmigo o contra mí. Lo más ridículo será ver a los voceros más inteligentes repetir las estupideces que oímos cuando la masacre de Irak: que si hay que estar con nuestros amigos, que si ellos nos ayudaron y nos ayudarán, que si la lealtad, que si los intereses de occidente... En fin, toda la diarrea mental de los deficientes morales que viven estipendiados por el sistema que se beneficia de las guerras.
En breve veremos cómo los göbbels de siempre cogen su revólver cuando nosotros les argumentemos con la cultura, la humanidad o la misericordia. Pronto nos acusarán de ingenuos, simples, ineptos, sesentayochistas y demás lindezas, cuando no de traidores, vendepatrias o terroristas. Hay que estar preparados para que nos llamen eso y más, pero también para ser conscientes de la misión de convencer a tantas buenas personas que se dejaran llevar por la vorágine ideológica que intentará legitimar la barbarie, hoy como ayer y como, desgraciadamente, mañana. Que no nos impongan la cultura del revólver para así poder revolver la cultura hacia la misericordia y la verdad

jueves, 5 de agosto de 2010

¿Aprender a morir?

Una de las tareas que tiene encomendada todo ser vivo es aprender a morirse. No es algo fácil, puesto que uno puede morir y punto, desaparecer, dejar de existir para los demás; puede, incluso, evitar vivir, pero morirse es algo que hay que hacer conscientemente. De todos los seres vivos que hay en la naturaleza, el humano es el único que es consciente de su muerte más allá del peligro y la enfermedad. El ser humano es el único realmente mortal, el resto de seres vivos simplemente mueren, pero el hombre se muere. Todo el proceso evolutivo de los úlitimos 3.500 millones de años en el planeta tierra y los 10.000 millones anteriores en el universo, han estado destinados a la creación de un ser vivo capaz de asumir la difinitividad de las acciones y de su propio ser.
La evolucion natural ha desembocado en la evolución cultural por medio de la mortalidad. Por ser mortal, por ser consciente de lo definitivo de sus actos, el ser humano es moral ("mor(t)al", me gusta escribir). Pero esto, que se vive como especie y que ha sido ajustado en las cosificaciones de sentido que son las religiones, debe ser asumido por cada miembro de la especie humana, hasta tal punto que su asunción es el índice de su humanidad: ser consciente de la propia muerte es ser verdaderamente humano. Dicen los filósofos, ya desde Sócrates, que la filosofía es un aprender a morir. Pero ellos lo dicen como una especie de gnosis que nos daría el conformarnos con el hecho mismo, la ataraxia de todos los que han vivido bien en la historia. Sin embargo, no es esto lo que propone la tradición judeocristiana. Esta es una tradición de oprimidos que han padecido las injusticias de los que vivían para la ataraxia, de ahí que su relación con la muerte sea muy diferente.
Para la tradición que llega a su culmen con Jesús de Nazaret, la muerte es motivo de rebelión, porque el Dios de los pobres es un Dios de vivos y no de muertos, por eso, la única salida es la resurrección como respuesta a la injusticia de esta forma de organizar la vida que excluye a amplias mayorías. En la tradición occidental, que es deudora de todos los imperios de la historia, la muerte es el límite que hace que la vida tenga valor; para la tradición judía y cristiana, la muerte es el símbolo de la injusticia, es el saldo definitivo del pecado. Por eso, el cristiano sólo puede rebelarse contra la muerte, no para negarla, sino para negar su victoria. Sólo existen dos conceptos reales: la Vida y la Muerte. Quien ha asumido su existencia como un don que debe ser compartido, Vive; quien entiende su vida como un bien a disfrutar, a costa de lo que sea, está muerto. Ni más allá ni más acá, Vida y Muerte. Por tanto, no puede aprenderse a morir, como quiere y enseña toda la tradición filosófica, hay que aprender a VIVIR. Si estás vivo, si asumes tu vida como un don, frágil, finito y definitivo, entonces no habrá lugar para la Muerte.

lunes, 2 de agosto de 2010

Estiajes: Viento Sur.

El mes de agosto es buen momento para reducir el paso, sopesar el pensamiento y aquilatar las palabras. Los calores estivales aminoran la marcha y acrisolan las ideas, es como si se produjera un estiaje mental, tan necesario para dedicarse a lo verdaderamente importante. Habitualmente dedico el mes de agosto a lecturas literarias y puesta al día científica, dejando la teología y reduciendo la filosofía al mínimo imprescindible, por eso dedicaré este mes a lo que he denominado estiajes. El primero es este Viento Sur.

Un poderoso viento sur se cierne sobre las conciencias de los escuálidos habitantes de occidente. Un viento que remueve las mentes y los corazones y nos hace sentir más de lo que nunca hemos sido capaces. Es un viento que trae el ozono de viejas luchas y los sinsabores de mil derrotas; también el hedor putrefacto de las víctimas sin justicia que claman por un lugar en la historia. Es un viento cálido, pero a veces se cierne sobre la tierra bajando del cielo y derritiendo los montes de injusticias y bruñendo las armas de la paz y la misericordia. Sí, Isaías lo pedía a voz en grito y nosotros lo anhelamos con pasión y arrebato.
El viento norte, gélido y oscuro, nos paraliza, como si la historia hubiera llagado al non plus ultra de todas las dictaduras. Nada nuevo bajo el sol, proclama; no hay sol, impone. Es un viento envuelto en soflamas victoriosas de cánticos hueros y filos de navaja ensangrentados con el alma de caín por empuñadura. Viento cainita de todos los augustos de la historia, viento recio que saca las junturas de la verdad y coloca la patraña en el lugar sagrado. Un viento que ha de cortarse con la espada de dos filos: uno el de la justicia, para aniquilar la mentira; otro, el de la misericordia, para extirpar la falsa compasión.

¡Viento sur!, llévanos hasta esos parajes de esperanza donde pacen juntos el lobo y el cordero y un niño apacienta al león; donde los hombres vivimos en torno a una misma mesa rebosante de vinos olorosos y manjares exquisitos; donde todos somos hermanos y nadie considera suyo nada de lo que tiene; donde veremos los cielos nuevos y la tierra nueva donde habite la justicia.
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