lunes, 28 de septiembre de 2009

Pagola y Jesús en Murcia

El miércoles 30 de Septiembre vendrá a Murcia José Antonio Pagola e impartirá una conferencia titulada “La alternativa de Jesús”. Al que suscribe le han pedido que lo presente y ha aceptado con gusto y alegría, porque no se disfruta todos los días de una persona de la categoría teológica y moral de la de Pagola. Será en la sala que Cajamurcia tiene en la Gran Vía a las 20 horas, organizado por Adelaido Gómez Roth y financiado por la Fundación Cajamurcia, lo cual no está exento de cierta ironía, aunque es normal que los que tienen las riquezas, siempre injustas, intenten hacerse amigos para el día del juicio.
Lo primero que se me ocurrió fue que Pagola es un in-presentable. Así, literalmente, porque quien lo conoce, y son muchos miles si nos atenemos a las cifras de venta de su Jesús. Aproximación histórica: 50.000 es la última cifra que conozco, quien lo conoce, digo, no necesita presentación; y quien no lo conoce sólo puede hacerlo escuchándolo, con lo que huelga la labor de presentación. Aún así lo vamos a intentar para cumplir con la laudatio que se nos ha solicitado.
Pagola es, sin ningún género de dudas, el teólogo que mejor conoce y explica a Jesús de Nazaret, quizás porque, según dice él mismo, conoce muy bien la Iglesia católica en la que ha nacido a la fe, pero en la que también ha conocido la “tentación de vivir correctamente en su interior, sin preocuparnos de lo único (subrayo esta palabra) que buscó Jesús: el Reino de Dios y su justicia”. De ahí que a José Antonio se le note la pasión que pone cuando habla del nazareno, porque lo ama y nos hace amar a los demás a aquel que es la fuente de nuestra fe.
La formación y la investigación de Pagola apabullan a cualquiera: nacido en Añorga (Guipúzcoa, 1937), se licencia en Teología y ciencias bíblicas en la Pontificia Universidad Gregoriana y el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y en L’École Biblique et Archéologique Français de Jerusalén. Ha sido profesor en el Seminario de San Sebastián y en la Facultad de Teología del Norte de España (sede de Vitoria). En la actualidad es director del Instituto Teológico y Pastoral de San Sebastián y se dedica exclusivamente a investigar y dar a conocer la persona de Jesús. Fruto de este trabajo ha sido su impagable Jesús. Aproximación histórica, el fruto más maduro de su trabajo sobre Jesús de Nazaret, porque cuenta con una veintena de libros publicados e infinidad de artículos y colaboraciones diversas, destacando por su cercanía y claridad las que mantiene en los comentarios a las lecturas del domingo que todos podemos leer en la web (Eclesalia).
Sus conocimientos sobre Jesús son casi enciclopédicos, no hay otra manera de manejar la ingente bibliografía sobre el tema; no hay nadie que pueda abarcarla, salvo, claro está, elegidos como Pagola. En su trabajo sale a borbotones la vida que Jesús derramaba hasta inundar a los que le seguían; en los textos de Pagola la teología sufre una transustanciación por la cual, lo que era materia teológica inerte se transforma en vida, compromiso y entrega; en sus palabras encontramos al propio Jesús que nos invita y casi nos empuja a buscar el Reino y su justicia; a comprometernos con los oprimidos y a cargar con nuestra propia cruz en medio de un mundo herido.
El verdadero y único problema de Pagola es que se hace entender y convierte en fácil e inteligible lo que en otros es un galimatías de referencias, citas y expresiones casi crípticas para no parecer decir lo que quieren decir. Esta claridad le ha reportado algún inconveniente por parte de algunos que no han sabido aplicarse aquello de Mateo sobre la necesidad de extirpar los miembros gangrenados, sean los ojos, las manos o cualquier otra parte. Personalmente no he visto ningún problema ni dogmático ni científico en la obra de Pagola… bueno, miento, sí hay un problema y es que tras el libro sobre Jesús poco queda ya por decir o hacer, a no ser que lo haga el propio Pagola. A los demás nos ha dejado la tarea de plagiadores o copistas.
Sobre todo estamos agradecidos a su verbo fácil y fluido, verbo que se convierte en agua pura y cristalina que riega los campos resecos de nuestras comunidades al paso que responde a la más prístina tradición sobre Jesús. Sus palabras están enraizadas en la más profunda tradición de los profetas que cristaliza como el rocío huertano en las mañanas de otoño sobre nuestros corazones, abriendo ríos en las dunas y plantando cedros en el desierto. Esas palabras nos llevan al Verbo que se ha hecho carne, al que es la Palabra de Dios viva. Jesús es la Palabra, el miércoles Pagola tendrá la palabra.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Otra vez... Pittsburgh

Otra vez se vuelven a reunir los dirigentes mundiales con la excusa de resolver la crisis. Esta vez nos cuentan la milonga de que van a poner freno a las bonificaciones abusivas que cobran los directivos de los bancos. Imagino que algún ingenuo morderá el anzuelo, sobre todo si pertenece a los medios de desinformación globales, y medirá los resultados de este summit con el criterio de la cantidad de reducción de los emolumentos de los responsables de la quiebra financiera mundial. Eso ha sido la carnaza que han lanzado al agua para poder pescar en el proceloso mar de nuestras lastradas conciencias autosatisfechas. Al final nos dirán que sí, que van a controlar el dinero que se embolsan los banqueros con la mano derecha, mientras dejan que rapiñen lo que les venga en gana con la izquierda, ya se sabe aquello de que una no sepa lo que hace la otra. Así, seguirán funcionando los paraísos fiscales como lugar seguro donde las riquezas injustas siguen amasando amigos para el día del juicio. Allí están en amor y compaña los caudales de los banqueros junto a los peculios de los mafiosos y los capitales de los terroristas. El problema es poner la etiqueta y saber quién es quién, pero estando allí los patrimonios lo mismo da cómo se llame quien lo tenga. Muchas veces me he preguntado cómo es posible que nadie decida invadir un territorio tan expuesto a la codicia como las Islas Caimán, donde el dinero que allí hay multiplica por muchos ceros sus metros cuadrados de extensión sin ningún ejército que los proteja, a no ser que haya un pacto tácito de no agresión o que no tener ejército suponga el tener cualquier ejército. Al fin y al cabo cada cual defenderá sus posesiones.

¿Hasta cuando seguiréis reuniéndoos en fortalezas doradas para restregarnos vuestro poder? ¿Hasta cuando habremos de soportar vuestras brabuconadas? ¿Cuándo se cumplirán las palabras de Isaías que invocaban el fuego del cielo sobre las injusticias de este mundo? Espero que recibáis algún tipo de iluminación para hacer lo que deberías, pero si un poco de luz no es posible, que lo sea al menos un rayo, porque todo lo que vais a decidir provocará más dolor y sufrimiento en los países donde la pobreza resulta ya obscena. Mil millones de seres humanos padeciendo la falta de lo esencial y mil millones más que están al borde de cruzar la frontera de no retorno de la inanición, justifican más que sobradamente nuestros deseos de la llegada del meteoro ígneo, sea sobre vuestras conciencias o sobre vuestras cabezas.

La crisis, palabra desgastada por el abuso que ha perdido su fuerza jurídica y su valor redentor, golpeará con fuerza sobre los pobres de la tierra. Serán ellos los que sufran las consecuencias de esta situación porque ya os ocuparéis vosotros de que los occidentales opulentos sigan viviendo su burbuja en un cuento de hadas ficticio y perverso. El 15% de la población seguirá como hasta ahora, incluso mejor porque el precio del trabajo se reducirá y por tanto se abaratarán los costes de producción, pudiendo adquirir aún más productos de consumo y destruyendo más aceleradamente el medio ambiente. Por otro lado, el 85% de la población empeorará sus circunstancias debido sobre todo a que lo único que tienen para vender en este mercado global es su trabajo, es decir, sus cuerpos. Los cuerpos de los pobres se desgastarán en jornadas laborales extenuantes para no conseguir un sueldo que llegue al mínimo vital; serán minados por las enfermedades de la miseria; aportarán órganos para cubrir las necesidades de la cínica medicina de la opulencia occidental; servirán a menor coste para experimentos de vacunas y otros productos que resultan muy caros en occidente; calentarán camas de otros mientras sus catres soportan la mortal rigidez; serán triturados por esta máquina inmensa de muerte que llevamos padeciendo varios siglos. Pero su voz, un hilo casi imperceptible, se abrirá paso hacia los atentos oídos de Dios y éste bajará a liberarlos, siendo crucificado otra vez con los suyos, como un malhechor, entre bandidos y terroristas. Lo que aún no me explico es cómo los cristianos no hemos sido ya crucificados como lo fue el galileo otra vez.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La mala religión

Una muestra bastante significativa de lo que puede entenderse como "mala religión" nos la brinda Hume en un pasaje de su obra que casi pone los pelos de punta. Resulta que en Escocia, patria de Hume, los servicios religiosos dominicales eran el lugar desde el que se irradiaba la doctrina calvinista durante no menos de tres horas. El tono de la predicación era severo y sombrío con un tema predominante en el hit parade de los predicadores: el diablo y el infierno con los tormentos sufridos por los pecadores. Se ponía especial énfasis en la descripción de las penas del infierno, llegando incluso al morbo, lo cual excitaba sobremanera la imaginación de los feligreses. Pero parece que el efecto que surtían estas descripciones –tremendamente realistas en la materialidad de la exposición– era contrario al deseado. Los fieles temían más al infierno –atrición– que deseaban el cielo –contrición–, a menos que este fuese el efecto realmente pretendido. Lo vemos en el siguiente texto de Hume:

«Mi madre era extremadamente piadosa. Me inspiró con devoción. Pero desgraciadamente me enseñó calvinismo. Mi catecismo contenía las doctrinas más sombrías de este sistema. La eternidad del castigo fue la primera gran idea que me formé. ¡Cómo me hizo estremecerme! Puesto que el fuego era una sustancia material, tenía una idea de él. No pensaba sino raramente en la felicidad del cielo porque no tenía una idea de ella. Había oído que uno pasaba allí el tiempo en una alabanza sin fin de Dios, e imaginaba que eso significaba cantar salmos como en la iglesia; y el cantar salmos no me atraía. No hubiera deseado ir al cielo si hubiera habido alguna otra forma de no ir al infierno. Imaginaba que los santos pasaban toda la eternidad en el estado mental de la gente recién salvada de una catástrofe, que se congratula de estar a salvo mientras escuchan los tristes lamentos de los condenados».

Es difícil encontrar en un solo texto tanta claridad de los terrores que propagaba aquella religión entre las conciencias. Las referencias al evangelio, si las hay, son de aquellos pasajes más oscuros y leídos con un sesgo punitivo. Lo que prima es la imaginería demoníaca y angeleológica propia de regímenes opresores y de religiones legitimadoras. Por supuesto que el cristianismo es otra cosa, pero no es esa otra cosa lo que se mostraba a los fieles. por eso creo que las religiones son las principales culpables de su degradación y del proceso secularizador moderno. No han sabido llevar el mensaje y esto es especialmente doloroso en la religión cristiana que tantas veces ha traicionado su origen. La "mala religión" es la forma más habitual de religión, por desgracia.

martes, 22 de septiembre de 2009

La verdadera religión

El otoño es la estación del año que más disfruto; ya se han marchado los calores estivales y aún nos ilumina un sol potente que permite el trabajo y el solaz, sin el frío que en ocasiones puede helar el alma. Por eso es para mí doble alegría que en estas fechas salga a la luz, luz que vendrá plena en Navidad, mi libro La verdadera religión. El intento de Hume de naturalizar la fe, en la editorial Espigas, formando parte de las Publicaciones del Instituto Teológico, el número 51 de la Serie Maior. Es un libro que tiene un largo periplo y forma parte de mi reflexión más temprana sobre la relación de la filosofía y la teología en David Hume. Esta reflexión partía de un interés personal, de hecho yo no sé hacer otra cosa que lo que me interesa, por comprender mi propia fe en un mundo plural donde nadie puede erigirse con el cetro de la verdad. Gracias a Savater llegué al conocimiento del mejor Hume, el de los Diálogos de la Religión Natural y ahí encontré un filón de pensamiento que he explotado hasta donde he podido. Creo que el libro puede aportar algo positivo en las circunstancias del mundo en que vivimos y ayudarnos a encontrar qué hace verdadera a una religión.
Si alguien lo tiene a bien, podemos debatir sobre el libro en este blog, porque iré publicando post con ideas contenidas en él. Lo único que pido al amable lector es esa simpatía, término tan humeano, que el actual pontífice solicitaba a los lectores de su libro sobre Jesús.


De la solapa:

"Ha sido costumbre acercarse a la filosofía de Hume desde los pagos teológicos con enorme precaución, si es que se hacía tal intento. Es necesario afirmar la necesidad de volver la vista al filósofo ilustrado menos conforme con aquella época. Se trata de un pensador completamente inmerso en un momento histórico en el que se fraguan las tendencias laicistas modernas y donde se sientan las bases para la ruptura entre la cultura y la fe cristiana. Pero Hume no asume el pensamiento ilustrado sino que le da un giro por el que la propia ilustración puede ponerse al lado de la fe cristiana. La crítica de Hume al concepto ilustrado de «razón» y su sometimiento a la parte afectivo-emocional, lo convierten en una extraño aliado de la crítica creyente a la endiosada razón ilustrada.
Por otra parte, su naturalización de la fe religiosa, convirtiéndola en creencia humana, puede tener una lectura positiva desde la perspectiva cristiana. Si tradicionalmente se ha leído esto como una reducción de la fe trascendente, hoy podemos entenderlo de modo bien diferente. Precisamente la creencia humana es la base imprescindible para cualquier concepto cristiano de «fe». Sin creencia, sin la disposición natural humana a aceptar la realidad sin mediar la razón, no sería posible aceptar la fe como síntesis del sentido de la existencia de los seres humanos. Este concepto secular o laico de fe, la creencia, es lo más cerca que la ciencia y la filosofía puede estar del concepto cristiano de fe, sin por ello negar nada esencial de la reflexión científico-filosófica y sin separar ni confundir los términos teológicos y los filosóficos.
Para Hume, las religiones positivas son manifestaciones de un proceso progresivo de búsqueda de la verdadera religión que ninguna de ellas ha conseguido ser y que no conseguirán de ninguna manera. Únicamente una religión «elaborada» desde la nueva ciencia de la naturaleza humana y supeditada al poder civil podrá acercarse a lo que debería ser: el resguardo de la paz y la concordia social."

lunes, 21 de septiembre de 2009

Teodramática: las tres kénosis divinas.


El gran teólogo Hans Ur Von Balthassar, escribió una obra inmensa que denominó Teodramática, quiero recoger el título mas no el contenido para explicar lo que entiendo que es la expresión de Dios en la creación como kénosis (abajamiento o nihilización), kénosis que abarca a todo lo creado.Para empezar considero el acto creador es el primer episodio de la teodramática: Dios ha querido devenir y eso es el tiempo, pero para devenir había de renunciar a la aseidad para abrazar la r(el)atio. He aquí la primera kénosis divina: el engendramiento del logos (ratio) como abandono de la aseidad y el nacimiento del tiempo. Esta relación fundante se expresa como aliento vital que insufla vida en el corazón mismo del devenir. El Espíritu expresa la relación esencial de la divinidad, pero también se expresa ad extra la vida en el universo. Las cuatro fuerzas que rigen el universo: gravedad, electromagnetismo, interacción débil y fuerte, son la expresión física de esta vitalidad desbordante. Los átomos se mantienen unidos por la fuerza que atrae electrones y protones; las galaxias giran por el amor que se profesan los astros; los animales procrean debido al espíritu vital que anida en ellos; los hombres construyen el Reino por la fuerza abrasadora del Espíritu Santo que les empuja a la comunión en el ágape del Hijo.


La segunda kénosis es la renuncia a la omnisciencia, sólo si Dios renuncia a ella es posible la existencia de la libertad en el universo. Las leyes físicas están regidas por el azar y la necesidad, ese azar es el ámbito físico de la libertad en el universo, sin el azar aún estarían las moléculas combinando proteínas sin dar con nada nuevo, pero por su causa la materia pudo llegar a la consciencia y ésta alcanzó el espíritu, pero una conciencia libre puede negar su origen en la comunión amorosa de todo lo existente y querer vivir para sí mismo, de aquí nace el mal en todos sus niveles, hasta llegar a las estructuras de pecado que son los reinos de este mundo, donde los hombres son masacrados en virtud de una razón instrumental que lo reduce todo a conseguir el máximo beneficio para unos cuantos en el planeta. Esta era la consecuencia negativa de la segunda kénosis, pero era necesario asumirla como condición para poder devenir, ser en relación. Sólo hay amor si este es libre y sólo hay conciencia espiritual si nace del hombre, luego la libertad es condición imprescindible para la comunión, y ésta es el camino para la divinización plena y definitiva de todo lo existente, cuando Dios sea todo en todas las cosas existentes, cuando Dios sea definitivamente.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Ya llegó lo que temíamos

Ha ocurrido por fin. Muchos andan celebrándolo champagne en ristre, otros lo venimos lamentando desde hace mucho tiempo. Dos barcos han cruzado el paso del noroeste, es decir, han atravesado el Océano Exglacial Ártico por primera vez en la historia. Partiendo de Seul, arribaron a costas americanas y bordeando el estrecho de Bering se dispusieron a intentar el paso por el anteriormente siempre helado océano del Gran Norte. Ya están llegando a Rotterdam con un valioso cargamento y entre ambos barcos han ahorrado 92.000 dólares en combustible. Algunos ya se han apresurado a afirmar que esto es una buena noticia para el clima porque el ahorro de combustible supondrá una disminución de la contaminación. Es evidente que no piensan como las petroleras que se frotan los ojos ante la enorme pila de riqueza que se extiende ante ellos. Si el año pasado, como dijimos aquí mismo, se preveía que en 2015 estuviera ese paso expedito para el transporte internacional, suponiendo esto una verdadera constatación de la catástrofe climática, con esta noticia se le acaban a uno los calificativos. No se trata de asustar, sino de concienciar, pero es que no nos estamos dando cuenta de lo que esto significa. Y en primer lugar significa que en muy poco tiempo estaremos extrayendo nuevo petróleo para seguir alimentando la máquina infernal que hace de nuestro planeta un verdadero horno de cocción.
Cada vez nos quedamos más impactados por lo rápidamente que las previsiones sobre el cambio climático se quedan obsoletas, de seguir así el futuro muy próximo se parecerá más al Día de mañana, film donde se produce una catástrofe climática en cuestión de días y no de años, como las previsiones nos decían. Podría ser que sucediera con la crisis climática lo mismo que con la económica, que la viéramos de la noche a la mañana, literalmente.

Algunos piensan que los que alentamos el debate en torno al cambio climático nos alegramos con estas noticias y que en el fondo queremos que esto suceda. Esta forma de pensar, además de vil y mezquina, no para mientes en los mismos datos que los científicos, tan serios y poco sospechosos como la misma NASA, nos aportan no dejan lugar a dudas: el hielo en verano se pierde a pasos agigantados y el que se recupera en invierno es cada vez más fino y menos resistente al calor, por ello han podido pasar estos barcos, porque la capa de hielo es poca y resquebradiza; en invierno se recuperará, pero volverá a ser muy débil y se fundirá en cuanto llegue el calor otra vez. ¡Ojalá todo esto fueran locuras de ecologistas trasnochados!, pero no lo son y eso es lo grave, que hemos terminado la época de las tomas de conciencia y hemos entrado en una época de consecuencias, sean estas las que sean y sin poder poner casi remedio, siquiera algún paliativo pero poco más.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Somos lo que comemos... los que tenemos

La peor de las crisis, con diferencia, a la que nos enfrentamos no es la económica, sino otra que está justo en la base de esta y que tiene que ver con las causas profundas que hemos dicho antes de la crisis en que vivimos. Se trata del problema de la alimentación. Sí, ya sé que nos sabemos los datos hasta la saciedad y que no necesitamos que nos restrieguen por las narices machaconamente las imágenes lacerantes de niños hambrientos mientras que aquí tiramos a la basura la comida que a aquellos les salvaría, por eso no lo voy a hacer. Pero sería bueno que nos preguntáramos qué pasa para que eso sea así, porque lo de las imágenes de las que se abusa está muy bien, pero lo que importa es la reflexión sobre, otra vez, las causas y los causantes. Las imágenes obscenas sólo buscan la arcada mental, el hastío existencial y la dejadez moral; pretenden, también ciertas ONGs, que nos sintamos culpables porque saben que la culpabilidad paraliza. No quieren, ni esas instituciones tan bien financiadas, ni los gobiernos, ni mucho menos las multinacionales, que podamos abrir los ojos y ver, entender y, si llega el caso, actuar sobre las causas reales.

Es cierto que hay una conexión entre el exceso o ausencia de alimento en unos lugares y otros, pero no lo es que tú o yo personalmente seamos culpables de ello, a lo sumo cómplices, pero en la mayoría de los casos, meros aprovechados del modelo. No, la verdadera razón de esta iniquidad reside en el modelo industrial y financiero de producción alimentario a nivel mundial. Es suficiente con ver las estadísticas de producción y consumo. En los países donde se consume de forma desaforada no es en los que se encuentran las materias primas sino las industrias procesadoras y las instituciones financieras. El resultado es que los que producen carecen de lo básico porque todo lo que se produce se exporta para conseguir divisas con las que saldar la deuda externa. De esta manera encontramos grandes extensiones de terrenos dedicados a la producción de aceite de palma, de soja, de algodón, de tabaco o de forraje para animales, mientras la población de esos lugares carece de la alimentación necesaria debido al cultivo exportable. Por otro lado nos encontramos que en los países desarrollados el consumo de carne ha llegado a 84 Kgrs. de media por persona y año, carne que ha sido producida por el forraje y la soja de aquellos otros países.

El problema central es que mientras aquellos no pueden vivir, nosotros acabaremos muriendo de esa forma de comer y producir. Recientemente se ha descubierto que los procesos industriales de los productos que contienen almidón generan en estos acrilamida, un potente cancerígeno demostrado en ratas y a falta de comprobar con humanos. Esos procesos industriales no pueden modificarse porque son los que permiten que los productos sean duraderos, sabrosos y de fácil comercialización. Lo que es muy curioso de este caso es que tras las pruebas de esto aportadas por la Swedish National Food Administration, especialmente sobre las patatas chips y los cereales del desayuno, la OMS, que tan rápido ha actuado respecto a la leve gripe A, ha recomendado que las familias no frían las patatas a más de 180º que es a la temperatura que producen acrilamida. Nada ha dicho sobre los procesos industriales que alcanzan temperaturas de 300º y producen 500 veces más acrilamida en una ración de patatas chips que la recomendada como dosis máxima diaria por la OMS. Como se ve hay dos varas de medir en la agencia encargada de la salud. Cuando se trata de multinacionales todo son precauciones, pero si esas mismas empresas necesitan justificar ventas de fármacos o vacunas todo son prisas.

Somos lo que comemos, para vivir y para morir, y esta sociedad llegará al ocaso precisamente por el modus vivendi que provoca una enorme merma de la salud, una considerable destrucción medioambiental y un insostenible sistema económico. A unos les mata la falta y a otros el exceso, pero a todos el mismo sistema de producción.

martes, 15 de septiembre de 2009

De zombis y vampiros... lo de las causas.

Claro que nombrar la soga en casa del ahorcado puede resultar un tanto irritante, principalmente porque fue un suicidio. Vayamos por partes como dijera el famoso londinense nocturno aficionado a la disección. Existen tres tipos de causas si queremos resultar pedagógicos: próximas, remotas y profundas. Las causas próximas hay que buscarlas en la forma en que se quiso salir de la última crisis, la producida por la burbuja de las empresas de internet (.com se llamó a esta burbuja). Si recuerdan corría el año 2000, aquel del famoso efecto que no tuvo otro que un aumento considerable del miedo. Bien, las empresas de internet se había forrado, perdón sus directivos se forraron, mediante las stock options, un sistema muy ingenioso para ganar en el casino sin arriesgar nada y conociendo el resultado; esas mismas empresas subieron como la espuma y de la misma manera se desinflaron, dejando a su caída una enorme deuda que había que pagar. Para resolver el problema había que intentar primero borrar las huellas del desfalco y segundo inflar otra burbuja que supliera la anterior para que el capital siguiera en su línea de beneficio ascendente indefinido. Y mira tú por donde, dos aviones de los más sofisticados del mercado para los que se necesita una experiencia de 2.000 horas de vuelo, son estrellados por diecinueve mindundis que habían practicado con avionetas y ni siquiera aprobaron el examen, contra las dos torres más altas de NY. Ahí se vio que sabían volar porque conseguir eso es como acertar con un arco a 70 metros en la diana. Lo mejor de todo fue que en el derrumbe de las torres se perdió la información que permitía saber mucho del asunto de las .com (por cierto que el WTC7, un edificio que no recibió impacto alguno, también se hundió, dejando libres de cargos a muchos que tenían allí reveladores documentos), y de paso se justificaba una bajada de tipos durante tres años que permitió inflar el globo otra vez, acompañada de guerras y pandemias varias que siempre ayudan a paliar las crisis de algunos. Todo ese dinero, una cantidad que no puede ni imaginarse, entró en el mercado hipotecario americano de manera brutal hasta el punto que se necesitó de una ingeniería financiera muy alambicada para conseguir pasar por buenas hipotecas prestadas a gente que no tenía ni trabajo, ni ingresos ni posesiones (los Ninjas). Esas hipotecas, debidamente empaquetadas, se distribuyeron por todo el mundo y la codicia hizo el resto: todos los bancos compraron aquel dinero falso del imperio y adoraron a la Bestia. Pero el gigante se vino abajo en el momento en que flaqueó lo que no esperaban: el combustible. Sin petróleo abundante y barato el capitalismo no funciona. Necesita que la burbuja se hinche un 10% al año para que no pinche el globo, y lo hizo ocho años seguidos, pero el pico del petróleo, diagnosticado en Julio de 2008, dejó las cosas en su sitio. La verdad se apoderó de los financieros y se acordaron que los estados estaban allí para eso, para el momento en que ya no pudieran seguir con el baile.

Fin del baile y fin de las causas próximas. Las remotas nos llevan al final de los 30 gloriosos, aquellos tres decenio posteriores a la 2ª Guerra Mundial que supusieron el despegue de la economía (suya) capitalista. Fueron verdaderamente buenos: aumentaba la rentabilidad del capital, no había riesgo de guerra global a la vista por el miedo a la destrucción mutua, los trabajadores se llevaban sus migajas y no protestaban... en fin, que lo bueno no puede durar siempre. El petróleo de nuevo dio el aviso y Nixon soltó lastre. El dólar ya no se regía por el patrón oro, con lo que USA podía imprimir tantos billetes como los imbéciles quisieran comprar, y compraron muchos, hasta el punto que la economía financiera se hizo la dueña y Wall Street empezó su verdadera fiesta de la espuma. Sólo había que inflar burbujas y ganar dinero que la FED se encargaría de regar más billetes. Primero fueron los países en vías (muertas) de desarrollo. Volcker subió los tipos del 5 al 20% en un año y todos en deuda y a bailar al son del barras y estrellas; luego vino el plan de ajuste de los excomunistas: todo un un mundo a precio de saldo; el resto es muy próximo.


Pero lo verdaderamente importante son las causas profundas de esta crisis que se nos dijo que era sistémica pero que se ha quedado en aguas de borrajas (Bernanke ha dado por finalizada la "recesión" esta mañana, espero que Dios le guarde la vista porque lo que es la inteligencia ya no es posible). Ahí precisamente está la causa. Dentro del modelo económico y social imperante no se puede ver que el mismo modelo es el que está enfermo, el que necesita para vivir absorber los recursos del planeta y humanos de forma desaforada y constante, como un zombie ontológico el capitalismo necesita para chupar la esencia del ser de otros. No parará hasta reducir todo a beneficio mensurable en materia inerte. Esa es la causa profunda de esta crisis y su consecuencia es la destrucción del planeta en que vivimos, a no ser que acabemos con él. Pero a ver quién es el guapo que abre la caja y le clava la estaca a Drácula.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Un año ya...de cemento armado

... y parece que fue ayer cuando el sistema financiero internacional se tambaleaba a punto de caer en el abismo más absoluto, o al menos eso es lo que nos quieren hacer creer la mayoría de medios de comunicación cuando se cumple un año de la debacle de Lehman Brothers, el más antiguo y mayor banco inversor mundial. Los lectores de este blog están sobre aviso y no pueden ser engañados, pero por si acaso alguno se ha dejado engatusar y arrastrar a las procelosas aguas de las lisonjas capitalistas, le ruego por su bien que lea el post donde explicamos la jugada maestra que los directivos de las finanzas estadounidenses urdieron en aquellas fechas. Y digo que no deben dejarse halagar los oídos con los cantos de estas sirenas porque acabarán como los marineros de la Odisea, triturados en sus fauces. No, por supuesto de manera material, pero sí quedarán trituradas sus conciencias para poder pensar con serenidad en estos momentos. Veamos cómo es la moto que nos están vendiendo.

La cantinela últimamente es que ya hemos tocado fondo en la mal llamada recesión y que pronto aparecerá un campo florido y hermoso ante nuestros ojos en cuanto escampe un poquito. Se nos dice esto, claro está, para que sigamos tragando la amarga medicina de ver cómo las entidades financieras siguen llevándose la pana sin poner nada de su parte y las arcas públicas están cada vez más menguadas dentro de la cárcel dorada de la imposibilidad de subir los impuestos a las rentas altas y del capital y la urgencia de atender a los que se están quedando en la más absoluta miseria. De esta manera nos encontramos como aquel al que están extrayendo una muela sin anestesia y cada minuto se le jura que es el último, de modo que ajo y agua para todos que la cosa está muy fea. Ahora bien, para todos no está igual porque los bancos siguen presentando, como por arte de magia, balances positivos (con pólvora de rey no hay problema) y la productividad laboral, esa que mide la relación entre el salario y el producto, ha aumentado un 9%, por la sencilla razón de que somos menos los que trabajamos por la misma masa salarial con lo que uno no necesita un máster en matemáticas avanzadas para sumar y restas y añadir el beneficio donde corresponde, o sea, a las rentas mixtas, que dicen los gurús de la economía (más bien econosuya), a los bolsillos de los señores empresarios, en román.

Pero la pregunta sigue siendo pertinente: ¿salimos o no de la crisis? Claro que la respuesta puede ser más bien impertinente: sí y no. Sí, si por crisis se entiende que los bancos blanqueen (como los famosos sepulcros del Evangelio) sus balances restando los déficits de sus cuentas y sumándolos a las cuentas públicas en el mayor robo(bo) de la historia conocida; pero no si con ello queremos decir que han desaparecido las causas que nos han traído hasta donde estamos. Y esto sí que es pertinente preguntarlo ¿cuáles son las causas?, porque si no sabemos las causas difícilmente podremos resolver los problemas. En este mismo sentido, si es que esto lo tiene, el ínclito señor Greenspan, sí aquel que se rió de todos los que le avisaron de la burbuja inmobiliaria descalificándolos como ignorantes económicos; sí, sí, ese que bajó los tipos de interés hasta el 0% real durante tres años consecutivos inyectando una liquidez brutal en los mercados financieros con la que se infló la burbuja que el no veía por ningún lado hasta que le estalló en sus mismísimas defecaderas; ese señor, decía, ha dicho con el rostro de cemento armado que esta crisis volverá a repetirse porque, agárrense, "la naturaleza humana es así". Y yo me pregunto ¿cómo es la naturaleza humana del señor cemento armado? Muy inteligente no puede ser, pero sinvergüenza hasta la náusea, porque en primero de economía se enseña que si el flujo de dinero aumenta las consecuencias pueden ser dos: inflación o burbuja, si lo primero no se daba, blanco y en botella.



En fin, que lo de las causas lo dejamos para otro día que me quede gana, porque con el señor este ya he tenido bastante por hoy.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El hombre parásito

Me ha producido un enorme impacto que alguien que está en los antípodas de mi pensamiento coincida con el mío de una forma tan perfecta. El análisis de Carlos Castrodeza en "La darwinización del mundo" (Barcelona 2009) es inquietante por la propuesta, decidídamente nihilista, que nos ofrece en su extenso pero intenso texto que me ha tenido embargado unos días sin poder dejar de sorprenderme a cada párrafo. Es insuperable la justificación darwiniana de una metafísica centrada en la "accidentalidad", así le llama, de la existencia humana. No olvida en su argumentación a ninguno de los filósofos o científicos que han tenido y siguen teniendo algo que decir en el momento "evolutivo" actual de la humanidad. Por no dejar, no deja títere con cabeza ni en la ciencia, ni en la teología, ni en la filosofía, ni tan siquiera en la política. Secillamente brutal. No tengo otra descripción para su lectura.

La "accidentalidad" se opone a la metafísica esencialista al uso que podría rastrearse desde los presocráticos hasta el mismo Heidegger, quiéralo él o no. Que el ser humano es un mero accidente evolutivo es algo que hasta los más decididos teístas comparten, sólo que estos últimos le llaman a eso providencia, teleología o, simplemente, progreso; pero el hombre, quiérase o no es un accidente, un ser no adaptado evolutivamente al medio con lo cual rompe la supuesta máxima de la selección natural. La susodicha selección no sería otra cosa que un eufemismo de la divinidad con el que el propio Darwin habría querido salvaguardar a Dios de los males que la propia naturaleza comete con sus hijos. Tan despiadada con los seres vivos como es la naturaleza, no puede serlo el Dios benevolente en el que Darwin aún quería creer, al menos antes de publicar su obra definitiva sobre el Origen del hombre.


Según Castrodeza, tomarnos en serio la "accidentalidad" implicaría dejar de creer, no ya en Dios, sino en cualquier tipo de privilegio epistémico, aleteico, ontológico y moral, de modo que ya no quedarían ningún tipo de referentes, a lo sumo un mero estar en el mundo como medio de satisfacer la única necesidad de los seres vivos: permanecer. De aquí se deriva una posición nihilista de corte cínico que dejaría al hombre riéndose de sí mismo y de todo aquello que pueda algún día llegar a hacer, una posición que el autor expone no sin cierta ironía, ironía que nos suena un tanto a sarcasmo autodestructivo que el que suscribe no podría nunca aceptar. Ahora bien, coincido con el autor, y aquí viene el impacto antes nombrado, en que el hombre postilustrado, dígase postmoderno, de las sociedades occidentales y occidentalizadas, ha devenido un parásito de el resto de seres humanos que deben trabajar y apenas subsistir para que él pueda gozar de todos los caprichos de este mundo que se ha creado a imagen y semejanza de tal garrapata humana. El grave problema que acarrea este parásito es que no deja que el huésped viva sino que chupa su ser hasta que muere de pura inanición o infectado completamente por los residuos de su propia existencia. Este ser humano, pulgón inextinguible que diría Nietzsche, es el hombre opulento que ha creado el mundo capitalista en descomposición, pero esto no puede decirlo el señor Castrodeza, quizá porque está demasiado inmiscuido en su reproducción o en la trasmisión genética de la que tanto gustan los darwinianos como criterio epistémico para explicar lo que no es sino puro egoísmo y avaricia.


Comparto la idea del hombre postmoderno como un parásito, pero no puedo aceptar que eso deba ser el resultado de un proceso evolutivo que es intocable en sus consecuencias. No soy optimista respecto a la naturaleza humana, aunque sí creo con Hume que esa misma naturaleza nos empuja a ser mejores, llegando incluso a un modelo de ser social que, más allá del altruismo recíproco (egoísmo calculado llaman los darwinistas puros) es capaz de llagar a la misericordia, el don gratuito y la entrega heroica. El hombre es un producto de la naturaleza, pero no es la consecuencia de una mera lucha atroz de todos contra todos, es el resultado de una interacción comunional con el medio en el que vive, debiendo llamarse a este medio "mundo" y siendo su ser un ser-en-el-mundo para plenificarlo. Soy decididamente pesimista, pero no por lo natural sino por lo social, por las consecuencias históricas de nuestros actos; pero a la vez estoy cargado de esperanza, por lo natural no por lo social, porque cuando veo la sonrisa cargada de futuro de mis hijos comprendo que sí hay esperanza para el hombre en el mundo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Caro Vito

Con motivo de la aparición del libro de Vito Mancuso "El alma y su destino" realicé un nota crítica que en breve se publicará en Iglesia Viva, pero también envíe al autor un misiva de agradecimiento a la que éste, amablemente, ha contestado. He aquí el epistolario:

Caro Vito:

Me atrevo a dirigirme a ti con esta cercanía porque en la lectura de tu libro me he sentido como ante un hermano en la fe y en el quehacer teológico. Te agradezco el esfuerzo de honestidad que has realizado y la profunda reformulación de nuestra fe tan necesitada de ella. Bien sabemos los que nos llamamos cristianos que nos es imposible seguir así en la Iglesia; no podemos pensar una cosa y decir otra, sentir algo y no poderlo expresar, vivir de apariencias manteniendo una hipocresía dañina. Hay que tomarse en serio nuestra fe y vivirla como adultos en un mundo adulto y eso puede costar ciertas pérdidas, pero la alternativa es aún más grave porque corremos el riesgo de perder la propia fe. Me siento muy cerca de tus postulados, sobre todo del modo en que los expresas, sin acritud y con contundencia, pero me he reafirmado en mis posiciones más radicales en torno a la necesidad de una salvación universal y puntual de todo lo existente como una comunión eucarística grandiosa. Las imágenes que más me ayudan a vivir en este mundo de injusticia lacerante son las de los profetas, esos apasionados del espíritu que fueron capaces de dar un testimonio eterno. No creo en la inmortalidad porque para mí es sinónimo de inmoralidad: la inmortalidad nace como necesidad de las clases pudientes para intentar asegurar la rapiña de sus hermanos, por eso lo llamo inmor(t)alidad, fundiendo ambos términos. Sólo la muerte, como tú bien dices, nos asegura una vida adulta que asume sus errores y su destino. Sólo si todo tiene un final, la vida tiene un sentido y se asegura la libertad, pero si dividimos al hombre y hacemos sobrevivir a una parte llamándole inmortalidad, no salimos del dualismo, ni damos respuesta desde la ciencia, ni fundamos nuestra fe en el Reino de Justicia. Creo que debemos romper el platonismo dañino del cristianismo y la gnosis elitista que pretende la salvación de aquellos que puedan llegar a ella y no de todos los que aman la vida, el mundo y al hombre. Sólo salva el amor, el conocimiento nos libera de la ignorancia y nos puede encaminar hacia la salvación. Espero, querido hermano, que sigas ayudándome a reflexionar mi fe y que sigamos en el surco del compromiso existencial por un mundo de amor en una Iglesia comprometida con la comunión divina.


Fraternalmente.


Bernardo Pérez Andreo

.....................................................
Grazie, caro Bernardo, speriamo un giorno di conoscerci!
Vito Mancuso.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Se ha escrito un crimen

Muchas veces la culpabilidad no está únicamente en el autor material, también hay culpa en aquel que pudiendo evitar un crimen no lo hace, algo parecido a la omisión de auxilio. Si conduzco tranquilamente por la carretera y veo un accidentado y no me paro a ayudar, la justicia puede perseguirme por denegar mi ayuda a quien está allí tirado, porque quizá esa acción suponga la vida o la muerte del infortunado. De la misma manera, cuando un organismo internacional como el Banco Mundial puede implementar políticas que eviten con pasmosa facilidad la muerte de seres humanos y no lo hacen, deben ser acusados por el crimen de, al menos, denegación de auxilio. Es el caso del presidente actual de esa entidad financiera, Robert B. Zoellick, del que hemos de recordar que tiene un pasado no precisamente limpio. Ha pertenecido, entre otros, a los consejos de administración de Fannie Mae, Goldman Sachs, Vivendi y Enron. Perteneció a todos ellos tras perder las elecciones Bush padre en 1992 y salir de la administración americana, por tanto ha estado al cabo de la calle de lo que se cocía en la economía mundial, siendo corresponsable de las sonadas quiebras y de los métodos financieros que tanto daño han causado en el mundo. Ahora, como director del BM, expresa sus inquietudes porque "una mujer muere cada minuto dando a luz, y 500.000 mujeres mueren en el parto cada año", a esto añade que el problema se resolvería con 2.700 millones de dólares. Lo que no dice es que ese crimen se comete con la aquiescencia de los que manejan el dinero en el mundo, porque esa misma cantidad es el beneficio trimestral de un banco medio en España y no es ni el 0,01% (!) de lo que se ha regalado a los bancos para que salgan de su crisis sin ningún tipo de contraprestación. Resulta cuanto menos bochornoso que los responsables de la política financiera global hagan ese tipo de manifestaciones sin que se les caiga la cara de vergüenza. Pero más grave aún es que no haya ningún tipo de autoridad que pueda juzgar esta culpa tan grave.

Si el BM puede inyectar dinero en las economías y reorientar políticas económicas, ¿por qué no puede elaborar planes que eviten esas muertes y redirigir los medios financieros de modo que nadie muera por causas perfectamente evitables? Si se ha regalado a los bancos varios billones de euros para que no sucumba el sistema financiero ¿dónde está el problema para que se organicen los planes necesarios para que 30 millones de personas no mueran de hambre, 500 mil mujeres no mueran en el parto y ciertas enfermedades no acaben con vidas de forma anticipada? Sabemos que con 30.000 millones de dólares al año sería suficiente (cifra que es similar a la que el gobierno español espera recaudar del aumento de impuestos a las rentas altas en España), entonces ¿de quién es la culpa de que no se haga y quién debe cargar con todas esas muertes en su conciencia? La respuesta es bien fácil: el modelo económico, social y político en que vivimos que permite que 100 veces esa cantidad se regale a los bancos mientras no puede hacerse nada para evitar la muerte de tantos seres humanos; que sostiene a una clase gozante que ostenta su riqueza ante la miseria del mundo (véanse las imágenes obscenas de un programa de televisión donde se les ve arrojándose el contenido de cientos de botellas de champagne de 100 euros en una fiesta privada); que gestiona la riqueza de unos pocos y la pobreza de una mayoría. En fin, vivimos en un sistema mundial en el que la culpa se diluye por falta de una autoridad que la haga efectiva, un sistema donde cada día se escribe un crimen pero donde no pagan los culpables, siempre pagan las víctimas.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Animales y humanos

Hay una línea fronteriza entre ciencia, filosofía y teología que en los últimos años se está convirtiendo casi en una línea de batalla: la antropología (bioantropología, sociobiología o psico-sociobiología, dependiendo de la tendencia científica a la que hagamos caso). Cada una de las ramas del saber ha instalado sus mejores baterías defensivas y casi hemos llegado a una especie de guerra de trincheras donde las posiciones no avanzan nada en absoluto, pues lo que uno cree haber avanzado en las posiciones enemigas es rápidamente recuperado en una veloz contraofensiva que consigue volver a dejar la cosa en tablas. Ni la ciencia, ni la filosofía y su a veces asociada y amiga teología, pueden terminar de llevarse el gato al agua. Es una guerra, eso sí, incruenta y a lo más que se llega es a algún tipo de calificativo “cariñoso” del tipo de “metafísicos” referidos tanto a filósofos y teólogos por parte de ciertos científicos que son acusados a su vez de “cientifistas” o, en el colmo de la mala educación “materialistas”. Ahora bien, tampoco estos se quedan atrás y entran con el peyorativo “espiritualistas” contra sus enemigos. En fin, que el partido está entretenido, a pesar del invariable empate en el marcador.

Últimamente asistimos al intento de algunos filósofos, con ayuda de teólogos, de volver a poner el empate en el marcador. La ciencia biológica asociada con la sociología y cierta psicología, habían tomado una ventaja que se antojaba excesiva al proponer una naturalización absoluta de lo que es el hombre, naturalización que va de suyo según ellos y que no puede ser de ninguna manera refutada por los filósofos. La ciencia, dicen, muestra a las claras la nítida procedencia del hombre a partir de la naturaleza y su reducción a este ámbito, evitando cualquier ínfula sobrenaturalista que no podría ser justificada en todo caso desde los estudios científicos, lo que es lo mismo que decir que no podría ser justificada en absoluto, ni siquiera con algún pseudocientífico metido a filósofo como el ínclito Lakatos, el hijo ilegítimo de Popper y Khun. Es decir, que los filósofos se metan en sus filosofías y los teólogos en las sacristías y dejen trabajar a los hombres, sin enredar con metafísicas que nada pueden aportar a la ciencia seria que nos dice muy a las claras que el hombre es un animal y que como tal no ostenta ninguna prioridad ontológica, menos aún axiológica. Como mucho podría intentar alcanzar el nivel del animalismo al que Singer sí reconoce ciertos valores y derechos que niega, no sabemos el motivo, a los seres humanos, sean no nacidos o casi moribundos.

El intento de estos “filosofoteólogos” es claro: en primer lugar dejar constancia de cierta inquietud que está removiendo las conciencias de lo que significa ser humano. Parecería que entre la consideración del hombre como mono desnudo (Morris) y el proyecto gran simio (Singer) se hubiera producido una especie de “pinza dialéctica” que tendría atrapado al hombre entre la pura y nuda animalidad y cierta inanidad de su ser más íntimo, deviniendo un animal de segunda categoría, desde el momento en que se aplican a los animales más derechos que al propio ser humano. La cuesta, ciertamente inclinada hacia abajo, nos empuja hacia la eugenesia más crasa y eso debe ser denunciado y rechazado. Ahora bien, otra cosa distinta es hacer de esto una categoría de los tiempos que corren; no creo que la mayoría de los científicos sean singerianos devotos, pero el riesgo está ahí.

Por otra parte los susodichos han de vérselas con la biología, que es precisamente la rama del saber científico más combativa contra ciertas derivas metafísicas. Uexküll y Portmann son los referentes, referentes que nos sitúan en un ámbito del conocimiento biológico respecto al hombre que puede resultar suficiente para acercarnos al problema. El uno y el otro declaran mediante su silencio la insuficiencia de la biología para explicar al ser humano y la demanda de otro orden de realidad que, éste sí, pueda dar razón cabal de lo que el hombre es en sí. Según Uexküll la pregunta clave es en dónde radica la especificidad humana frente a los animales: radica en el mundo circundante, en su consideración objetiva y su comprensión intelectual. Por su parte Portmann dice con absoluta claridad que el hombre es un ser prematuro biológicamente y que su cuerpo pide casi a gritos un espíritu que dé cuenta cabal de su ser en el mundo: el hombre es un ser destinado también físicamente al espíritu.

Pero también se trata de un acercamiento a la antropología filosófica propiamente hablando. Plessner, Gehlen, Bolk, Scheler, Heidegger y Zubiri, son los referentes evidentes y necesarios para llevar este barco a puerto metafísico seguro. Los temas son los archiconocidos: excentricidad, inespecialización y apertura, neotenia, autoconciencia, libertad, moral, en definitiva, lo que la antropología filosófica nos ha legado los últimos 75 años. Pero los susodichos no se conforman con esto y dan una vuelta de tuerca en su posición neoaristotélica al establecer la absoluta reciprocidad e interacción entre el cuerpo orgánico y el alma racional. El hombre sería el lugar metafísico donde acaece la admirable conjunción de la materia y el espíritu, dando otra vuelta de tuerca, quizá la última antes de que se pase, al dualismo metafísico. De aquí nos lanzamos a una reorientación de la antropología, en sentido aristotélico-tomista que considera la racionalidad humana en una doble vertiente: primero como la facultad de realizar actos inmateriales, y segundo como al función de conformación de un cuerpo, al que se predispone para la razón.

Ahora bien, entiendo que los susodichos caen en un fatal olvido que se torna una ausencia en sus referencias, a nuestro modo de entender clamorosa si se quiere dialogar con los científicos que están en la trinchera, diría yo que en la tierra de nadie entre las trincheras. Se trata de Frans De Waal, Antonio Damasio y Marco Iacoboni. Digo que están en tierra de nadie porque siendo científicos pueden llegar a luchar en el bando de ciertos filósofos. Las investigaciones de los tres me parecen vitales a la hora de establecer ciertas dudas en las posiciones netamente filosóficas. Por ejemplo, De Waal ha dejado claro que la moral nos viene por evolución de nuestros parientes simios (relata un caso precioso de una chimpancé que fingió un gran malestar para conseguir que el cuidador novato entrara en la jaula y así poder abrazarlo, lo cual indicaría no sólo inteligencia y empatía, sino también la previsión de las acciones del otro por medio de las propias y sus consecuencias, lo que viene entendiéndose por moral). Por su parte, Antonio Damasio establece la base neuronal para las estructuras espirituales y su vínculo íntimo con la corporalidad, mientras Iacoboni nos ha mostrado con las neuronas espejo dónde está la base fisiológica para la autoconciencia, por tanto la racionalidad, la espiritualidad y las actividades propiamente humanas que, curiosamente coinciden con los otros dos científicos en que están en otros animales como los primates más avanzados, los delfines, los elefantes y, algunas de ellas, en animales societarios. Esto nos lleva a pensar que hay que dejar espacio para la duda a la hora de afirmar la posición especial del hombre en la naturaleza y no ser tan tajantes cuando entendemos que las diferencias son esenciales y no de grado. La esencia y el grado están en recónditos nichos del pensamiento que no podrían trazarse en un diálogo abierto.

domingo, 6 de septiembre de 2009

¡Effetah!

Con esto de la crisis parece que los gobiernos se olvidan de los problemas del calentamiento global. Ahora nada puede interponerse en el camino de la supuesta recuperación económica, recuperación imposible dadas las condiciones de partida de esta situación como hemos explicado en este blog. Pero el calentamiento sigue, a pesar de lo que algunos medios quieran que crean los crédulos que les siguen. El Ártico va a llegar al mínimo histórico de volumen de hielo, como ya vaticinan los mismos medios de comunicación de masas, pero lo peor no será esta noticia, con ser mala, lo peor es lo que tendrán que soportar los países más pobres. Resulta paradójico, pero es la realidad: los pobres son los que menos contribuyen al cambio climático y son los que peores consecuencias van a sufrir. El ejemplo que hemos conocido recientemente tras un informe de Oxfam es que Nepal, con un tercio de su población bajo el umbral de la pobreza, puede verse en muy pocos años asolada por dos circunstancias mortales para ese país: el aumento del nivel del mar y el deshielo del Himalaya.
El aumento del nivel del mar ya está dejando notar sus efectos. Los monzones cada vez son más dañinos porque un leve aumento del mar multiplica los efectos devastadores del monzón y deja grandes terrenos inservibles posteriormente para la agricultura y la ganadería. Además, la población tiene que refugiarse en las tierras más elevadas, concentrando el número de habitantes, ya de por sí muy elevado, en un territorio cada vez más exiguo. Pero si grave es eso, más grave aún para ese país resulta el deshielo del Himalaya. Es una evidencia que los más viejos del lugar parecen corroborar. Hace 50 años, el las alturas no había lagos, hoy casi todo lo que eran glaciares son lagos y no se sabe cómo se comportará el terreno. Se prevé que las tierras pueden ceder y habrá grandes corrimientos que pueden afectar a un número elevado de poblaciones. De otra parte, el deshielo rápido provocará una disminución a medio plazo del agua dulce disponible, con lo que la sequía es una amenaza en una zona tradicionalmente rica en agua. Y, por si fuera poco, la gran máquina de generar divisas: el turismo de alta montaña, puede verse muy afectado. El resultado de todo esto es una gran posibilidad de hambrunas y migraciones a gran escala en unos escasos 10 años.

La cosa no es broma y este ejemplo puede multiplicarse en muchos otros lugares del planeta. ¿Por qué no ven los grandes líderes mundiales que acabar con estos problemas sería la única manera posible de acabar con una crisis que no es principalmente económica sino moral y política? Pues no lo ven porque no pueden verlo, como dice hoy el Evangelio, están sordos y ciegos y mudos. Será necesario decirles aquello de "¡Effetah!" (¡ábrete!) para que esas conciencias obtusas quedan abiertas a la realidad de un mundo que muere por no tomar las medidas necesarias que hoy la ciencia y la técnica hacen posible, pero que la incapacidad de los dirigentes para comprender posponen de manera irremediable para los pobres de este mundo. Quizá necesitemos de algún Isaías que nos recuerde que el sentido de este mundo está en la comunión con los oprimidos y con los que sufren las consecuencias perversas de orden criminal que arrebata la vida a tantos seres humanos. A esos responsables de este mundo les decimos: ¡Ay de vosotros los ricos que habéis cebado vuestros cuerpos para el día de la matanza! (Sant 5, 5)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Un ataque de lucidez

Parece como si hace unos meses nadie hubiera dicho nada ni se hubiera dedicado a infundir miedo entre la opinión pública. Da la impresión de que aquí nadie se ha dedicado a incendiar los medios con noticias sesgadas e interesadas en torno a la ya famosa gripe A. Empezando por la ministra de sanidad, que hace bien poco aún insistía en que se vacunaría al 40% de la población, incluyendo a las embarazadas y a los niños menores de 14 años; siguiendo por los propios padres agrupadas en las distintas asociaciones que casi exigían la vacunación de todos los niños menores de edad; continuando por los propios medios de comunicación que han realizado un alarde de amarillismo fácil dando excesiva cobertura a noticias que no pasaban de ser meras lucubraciones (por no decir verdaderas diarreas mentales) de los (i)rresponsables de salud pública y de empresas farmacéuticas. Casi se nos había convencido de que moriríamos como chinches si no llegaba la vacuna antes de noviembre.

Y ahora qué ha pasado. Según las declaraciones de los representantes de las asociaciones de padres, la ministra les ha convencido para no vacunar a ningún niño, sí sí, a ninguno. Lo que no nos dicen es qué ha podido tener tan poderoso efecto. ¿No será que la señora ministra ha puesto sobre la mesa las dudas más que razonables que pesan sobre una vacuna que no se ha probado todavía en nadie y que sólo Dios sabe los efectos que podría tener sobre niños sanos? ¿Acaso no ha sido eso lo que algunos no hemos dejado de decir desde hace más de seis meses y nunca se ha atendido a razones? ¿Puede ser que a las autoridades políticas, empezando por las del principal partido de la oposición que hasta hace dos días pedía una vacunación masiva, les haya entrado el miedo escénico de tener cientos de miles de niños con reacciones inesperadas? Si es así, bendito sea el miedo, ahora sí, de los (i)rresponsables políticos.

Todavía queda una cosa que no cuadra en todo este embrollo y es el absoluto silencio de los grupos farmacéuticos que están detrás de la vacuna. ¿Es que ya no existe el peligro del que nos han estado amenazando desde hace meses? ¿O han decidido ir más despacio no vaya a ser que la cosa no sea para tanto? ¿Acaso han entrado ellos también en cordura en una especie de ataque de lucidez? No, es más prosaico que todo eso. Los dueños de las farmacéuticas se portan ahora como los lechoncillos que han obtenido el nutricio alimento de su madre: callan porque están saciados. El reino de España ha contratado 330 millones de euros en vacunas; Francia el doble e Inglaterra no se sabe, porque reservaron 80 millones de dosis.

O mucho me equivoco o en breve volveremos a padecer los ruidos ensordecedores de los lechones de nuevo hambrientos. Saben que es imposible que un gobierno se niegue a hacer el gasto que sea necesario con tal de tranquilizar a la opinión pública. Si se consigue generar el suficiente estado de miedo social, los gobiernos aflojarán la billetera para soltar otra barbaridad de dinero de todos con el fin de dejar de oír a los hambrientos insaciables que andan sueltos por el mundo. Desconozco si la próxima vez será una cuestión de salud o será de seguridad o tal vez una combinación de ambas, pero lo que es seguro es que esto se repetirá de nuevo, de la misma manera que el tiburón que ha probado bocado vuelve a por su parte completa.

martes, 1 de septiembre de 2009

El "efecto Nazaret"

Que la bondad o la maldad sean "naturales" en el hombre es algo que a algunos les puede causar malestar porque piensan que la maldad sí es natural, no así la bondad, y ello se debe a lo que De Waal denomina el "efecto Beethoven". Según él, el músico austríaco fue capaz de componer la mejor música en medio de una situación personal lamentable: falta de aseo, malhumor e incluso odio a sus semejantes. Las teorías en voga sobre la evolución nos dicen que el hombre es algo así como una rosa en medio de un estercolero, que la evolución supone la lucha a muerte de todos contra todos y que si hay algo de bondad es por una especie de milagro, sea este por causas externas a la humanidad o por una especie de contrato que nos impide volver a nuestro natural estado de bestialidad. Es decir, que fideístas extremos y evolucionistas radicales estarían en la misma posición: el hombre es malo por naturaleza, es la socialización la que lo vuelve bueno.

Pues bien, los que opinan esto están en un error. En primer lugar porque la teoría evolutiva nada dice de la necesidad de la violencia y el egoísmo, antes bien, los individuos que mejor se adaptan a las condiciones son aquellos que cooperan y muestran cierto nivel de empatía con los otros. La naturaleza no es un amo severo que nos empuja a una lucha sin cuartel de unos contra otros, como nos quiere vender el darwinismo social del dogma neoliberal al uso. La naturaleza tiene sus reglas y si queremos vivir hemos de respetarlas, pero no decide quién sobrevive y quién muere. Esa decisión depende de multitud de factores, siendo la cooperación entre los individuos uno de los más importantes.

Se han dado multitud de casos donde el grupo cuida a uno de sus miembros con algún tipo de dificiencia que le impediría vivir por sus propios medios. También podemos apuntar uno de los casos más hermosos de la etología, se trata de la constatación de que en la naturaleza también hay compasión, misericordia y entrega. Son varios los casos de chimpancés que han dado su vida por salvar a otros. Como el de uno que se tiró al agua (los chimpancés no saben nadar) para rescatar a la cría de un hembra que se le había caído de los brazos. No calculó que podía morir, como así sucedió, sino que se dejó llegar por la compasión hacia el dolor manifestado por la madre. Otro caso interesante nos viene de un experimento un tanto macabro: se proporciona comida a un chimpancé mediante un dosificador que a su vez proporciona una descarga eléctrica a uno de sus compañeros, el chimpancé deja de comer en cuanto ve la relación entre su comida y el dolor del compañero. Estuvo más de una semana sin comer.

Cuántas veces hemos dicho aquello de "sólo le falta hablar", cuando nos hemos quedado sorprendidos de la capacidad de algún animal. Somos animales evolucionados que hemos desarrollado todas las potencialidades que están en la naturaleza. Somos la cima del proceso evolutivo, para lo bueno y para lo malo. Nuestro ser no es una leve capa de moralidad que recubriera una gruesa capa animal, es un ser animal por completo, pero que ha dado lo máximo de sí. Creo que aún hemos de dar un salto evolutivo definitivo, un salto al que quiero llamar el "efecto Nazaret". Sería algo así como el nacimiento de lo mejor de la humanidad a partir de un ambiente de amor, respeto, misericordia y justicia en medio de un mundo donde reina la opresión, la guerra y la prevaricación. Espero que este efecto cunda en el mundo, sé que así es pero quiero verlo, especialmente en el ambiente donde más se le predica.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...